Después de semanas de especulación, finalmente se dieron a conocer los nominados a los premios de la Academia, la condecoración más importante de la industria fílmica, que año con año suma tanto fervientes seguidores como aguerridos detractores con sus inevitablemente objetables candidaturas y premios.

Este año, que marca el inicio de una era radicalmente distinta en Estados Unidos, deja ver en las nominaciones de este año, quizá las más satisfactorias en bastante tiempo, ciertas tendencias que, así como dan indicios esperanzadores (diversidad, las candidaturas de Isabelle Huppert y La Langosta), reafirman ciertas tendencias en el panorama de la industria hollywoodense contemporánea. Aquí comentamos cinco de ellas:

  • La efectividad del hashtag #OscarsSoWhite

El año pasado se armó una fuerte controversia al conocer la lista de candidatos a los premios de la Academia y ver que había una representación nula de minorías étnicas en el grupo de nominados, cosa que se percibió como una fuerte disonancia con la realidad de una industria ampliamente incluyente y multicultural, uno de los logros implícitos de la administración de Barack Obama, así como de los esfuerzos de la Academia por diversificar su industria. Para tal efecto se creó el hashtag #OscarsSoWhite que rápidamente encontró eco en las redes sociales y llevó a que en las candidaturas de este año hubiera una saludable cantidad de minorías étnicas representadas en distintas categorías, situación que benefició a películas como Fences, Talentos Ocultos, Luz de Luna y Lion.

  • El regreso de Mel Gibson

La última década fue particularmente dura contra el actor y cineasta australiano Mel Gibson, quien tras una serie de desafortunados comentarios antisemitas se convertiría en el paria de más alto perfil en Hollywood, lo que le dificulto levantar proyectos propios. Fue apenas el año pasado que Gibson, un cineasta de profundas e híper viriles convicciones personales y religiosas, regresaría a la silla de director con Hasta el último hombre, la historia de Desmond Doss (Andrew Garfield), el primer objetador de conciencia del ejército estadunidense que salvó a decenas de hombres en una cruenta batalla en Okinawa. La dura voz y línea de cineastas como Gibson, bien podría verse altamente favorecida en la era del vociferante Trump.

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  • La invencible La La Land

Con 14 candidaturas, La La Land, el tercer largometraje del cineasta Demian Chazelle empata lo conseguido por La malvada (1950) y Titanic (1997) y se coloca como invencible en la entrega que habrá de tener lugar a finales de febrero. El musical de Chazelle, así como ha conquistado nuevos adeptos, ha generado agudos ataques en respuesta a la expectativa que se ha generado recientemente alrededor de la misma. La historia habrá de darle el lugar que le corresponde a este hábil y comprehensivo homenaje al género musical, no la cantidad de estatuillas cosechadas.

  • Hollywood se viste con ojos mexicanos

Después de que el ahora legendario cinefotógrafo mexicano Emmanuel Lubezki logrará la proeza de ganar tres años consecutivos el Óscar a mejor cinematografía por sus trabajos con Alfonso Cuarón (Gravedad, 2013) y Alejandro González Iñárritu (Birdman, 2014; El renacido, 2015), quedo patente el nivel del talento que México, a falta de una industria sólida, debe importar al extranjero para destacar, no solo en Hollywood, sino en el mundo (ahí esta el gran trabajo de Diego García con el tailandés Apitchapong Weerasethakul). Ahora el turno le corresponde al cinefotógrafo Rodrigo Prieto, quien consigue su segunda nominación por el portentoso trabajo en Silencio de Martin Scorsese, única candidatura conseguida por la película. La mirada más exquisita de la industria seguirá siendo mexicana.

  • Esa religión llamada Meryl Streep

Después de que en la última entrega de los Globos de Oro la prestigiosa actriz Meryl Streep se lanzará abierta y discretamente contra el actual mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, en un discurso tan inspirado como problemático, aumentó la fuerza de su ya potente voz en la industria de Hollywood, quienes se han idealizado a sí mismos como parte de una especie de resistencia cultural. La Academia le otorgó a Meryl su candidatura número 20, haciéndola la actriz más nominada en la historia por su trabajo, encantador si menor en Florence Foster Jenkins, recompensa que la pone a la cabeza simbólica de una industria que debe aprender y cambiar mucho de sí misma, antes de ser realmente antagónica a las estructuras del poder que tanto critica.

 

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