Con 50 historias del deporte mexicano, Ricardo Otero rompe paradigmas al poner este libro en preventa incluso antes de escribirlo.

 

 

Hacer un libro en México no es fácil. A lo primero que se enfrenta un autor que nunca ha publicado es a eso, al simple hecho de ser un desconocido al que no hay razón para darle el voto de confianza. Después aparece la segunda pared, y ésta es la famosa frase: “es que en México nadie lee”, una frase que las grandes editoriales, en lugar de concebir como una oportunidad, la entienden como un segundo freno.

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Afortunadamente, hay casos en que las ganas son mucho más fuertes que estas barreras, y así fue como Ricardo Otero decidió arrancar con el proyecto 50 historias del deporte mexicano, un libro para cuya creación utilizó un método que en otros países quizá ya es casi una costumbre, pero que en México sin duda rompe paradigmas, y ése fue el de poner el libro en preventa incluso antes de su creación. Así, a través de una campaña entre amigos, conocidos y redes sociales, Otero logró enamorar con el concepto de 50 historias del deporte mexicano a una gran cantidad de entusiastas que le dieron el voto de confianza para financiar el libro aun cuando ninguna página estaba escrita.

¿Cuál es la intención de un proyecto así? Para Ricardo, quien es un periodista especializado en deportes, que ha cubierto los principales eventos deportivos contemporáneos, el objetivo de este libro es romper con la idea de que somos un país en que el deporte es una asignatura pendiente, y contar, en palabras de sus protagonistas, cómo es una vida dedicada al deporte.

“Evité poner cualquier tipo de adjetivo en el título; no estoy hablando de los mejores o peores deportistas en la historia de nuestro país. La intención es presentar una entrevista cara a cara con aquellos que, gracias a su constancia, han hecho y siguen haciendo historia”, compartió Otero.

Nombres como Juan Villoro aparecen en este recuento, y Alberto Lati también se suma al proyecto. Deportistas como Paola Longoria, Carlos Mercenario, Ernesto Canto, Fernando Platas, Laura Sánchez, Marco Fabián, Víctor Estrada y el desaparecido Noé Hernández son algunos de los nombres que accedieron a participar en un proyecto que además de su valor editorial y del documento que significará para una nueva generación que cada vez se acostumbra más a ganar, será de los primeros que logró ver la luz tomando una ruta alterna, sin seguir las instrucciones que hacen que muchas historias valiosas se queden en el camino y que nunca lleguen a consolidarse como un libro.

“Directores de editoriales me decían que han llegado a sus manos grandes libros que simplemente no pasan el análisis de mercado, y por eso no llegan a publicarse. Yo no tenía la intención de renunciar a mi sueño, y por eso plantee esta forma para financiar todo lo que conlleva hacer este proyecto. Desde el momento en que la primera persona me dio el voto de confianza y pagó el precio del libro, aun sabiendo que no existía, me di cuenta de que ya no había vuelta atrás y tenía que seguir hacia adelante”, compartió Ricardo.

Viajes a Oaxaca para seguir a los niños triquis, vuelos a Monterrey para realizar entrevistas, un ir y venir interminable de correos electrónicos para fijar citas y poder realizar las entrevistas cara a cara, y la sensación de que el reloj corre y que son muchos los que ya pagaron un libro que sigue gestándose y que probablemente verá la luz en noviembre, son sólo algunas cosas con las que un escritor independiente tiene que lidiar en este país. Quizá Ricardo logre marcar un precedente, y si todo sale como está planeado, para suerte de los lectores, quien quiera publicar un libro ya no tendrá pretexto para no hacerlo. Mientras tanto sólo queda esperar para saber cuál será el destino de 50 historias del deporte mexicano y de su autor, Ricardo Otero.

 

 

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