Cuando se contrata a un hombre en vez de una mujer, cuando se les da preferencia en las candidaturas a los caballeros o cuando se destina más dinero a las campañas de los contendientes varones, los tomadores de tales decisiones son impulsados por un sesgo derivado del marco conceptual, valorativo o ideológico que cada uno tiene como acervo personal.

La economía del comportamiento se centra en comprender cómo somos en realidad, cómo tomamos decisiones, cómo podemos tomar mejores decisiones y cómo podemos diseñar estrategias para influenciar esas decisiones. Lo anterior lo comentó en entrevista para #RedForbes Kelly Peters, CEO y Co Fundadora de Be Works, compañía dedicada a aplicar la ciencia del comportamiento a estrategias de marketing, operaciones y políticas públicas.

Los errores en el diseño, implementación y operación de las políticas de género se cometen porque estamos sesgados, pero incluso ese comportamiento irracional puede ser modelado y predicho. Es decir, si comprendemos cuán sesgados somos realmente, también podemos esforzarnos por diseñar una arquitectura de elección diferente.

El tema de equidad no ha sido ajeno a esta ciencia, desde hace tiempo se ha buscado la forma de desarrollar evidencia para demostrar el impacto de las políticas antes de que sean implementadas, lo anterior ayudará a que, sin importar la orientación política de la administración en turno, se pueda dar espacio a políticas públicas aceptadas por la población, lo que a su vez las hará sostenibles a largo plazo.

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Muchos políticos y ejecutivos prestan cierta atención a la importancia de la igualdad de género, que ahora se presenta en gran medida como un imperativo moral, pero muchas de las políticas tradicionales implementadas para promover la diversidad y la igualdad han demostrado tener poco impacto. A veces incluso han fracasado. Y, sin embargo, se puede lograr mucho si se comprende el sesgo que impide la igualdad de género.

Cuando se trata de ver a hombres y mujeres de una manera neutral en cuanto al género nadie está exento de prejuicios, pero ya que los modelos de conducta influyen en el comportamiento, es necesario promoverlos para atraer a más mujeres. Kelly menciona el caso de las contrataciones en puestos directivos para los cuales hacer una evaluación basada en evidencia y no en métodos como entrevistas, asegura tener a las mejores personas en los cargos de alta dirección, otro ejemplo es el caso de la contratación de músicos los cuales son seleccionados por su desempeño en audiciones a ciegas, en dónde sólo los escuchan sin saber el género del ejecutante, lo que ayuda a mejorar el equilibrio entre hombres y mujeres en estas compañías de música.

La mayoría de nosotros nos declaramos por la igualdad de género, y casi todos los empleadores y tomadores de decisiones aseguran que su deseo e intención es contratar, candidatear, postular e impulsar a las personas más talentosas. La economía conductual ha demostrado que puede hacerse de forma científica y sin sesgos de ningún tipo. Falta saber si los gobiernos, empresas e instituciones utilizarán esta herramienta para el diseño de políticas de género que garanticen que las mejores personas de acuerdo con sus habilidades y competencias ocuparán los espacios que merecen y no los que les da una cuota.

 

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