DW.- Copenhague 2009: allí se intentó dar vida a un nuevo acuerdo sobre el clima, que fracasó estrepitosamente, tanto a causa de EU, gobernado por Barack Obama, como de la Rusia de Putin y de los chinos. Pero al menos en Europa, con Alemania a la cabeza, se luchó hasta último momento por llegar a un acuerdo ambicioso. La canciller alemana, Angela Merkel, dio a conocer ante la prensa que hubiera deseado más, y Alemania logró así el reconocimiento de ecologistas y activistas por el medio ambiente.

¿Política climática con Hungría y Bulgaria?

Casi nueve años después, en octubre de 2018, en Bruselas, los miembros de la Unión Europea se esforzaron por lograr un compromiso en cuanto a la cantidad de nuevos automóviles que deberán estar preparados para contribuir a la protección del clima hasta 2030. Pero Alemania está pisando el freno. Casi todos los participantes quieren conseguir más, empezando por el Parlamento Europeo y por países como España, Gran Bretaña, Países Bajos. Alemania, por el contrario, defiende una posición conjunta con Hungría y Bulgaria, que nunca han sido primeros en cuestiones de protección del clima. Finalmente, se logró un consenso que satisface en cierto modo a los países más ambiciosos. Alemania consintió, pero más bien por obligación, empujada por los otros países.

Alemania ya no es pionera en la defensa del clima

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Disputa abierta dentro del gobierno alemán

La ministra alemana de Medio Ambiente, Svenja Schulze, del Partido Socialdemócrata (SPD), dejó en claro lo que lastimosamente caracteriza a Alemania: este país reconoce públicamente que quiere lograr objetivos más altos, pero en el gobierno alemán no se impuso una posición de ese estilo. Desde hace semanas, representantes de la industria automotriz alemana se reúnen con las autoridades para impedir que se concrete un acuerdo respetuoso con el medio ambiente, y lo hacen con éxito. Esto no sorprende si se tiene en cuenta lo poderosos que son los comités empresariales de los grandes grupos de esa industria, y cuán estrechamente ligados están a la política. Además, tienen que negociar con un gobierno que alguna vez, en los últimos años, dijo “basta” al desarrollo de la protección del clima del planeta y se durmió en sus laureles. Y que parece haber perdido fuerza en todo sentido.

El diésel también contamina

Desde hace años, los expertos advierten que, si bien la exigencia alemana de impulsar las energías renovables es positiva, una de las debilidades de la política alemana sobre el clima es la emisión de gases tóxicos de los automóviles. Durante años, el gobierno anunció que hasta 2020 circularía un millón de automóviles eléctricos por las calles alemanas, hasta que esa promesa se tornó tan ridícula, que el gobierno optó por guardarla en el cajón sin que nadie se diera cuenta. El número real de autos impulsados a electricidad en Alemania a principios de 2018 era de alrededor de 53.000. Y para reducir las emisiones, los fabricantes de los grandes automóviles alemanes, de muchos caballos de fuerza, prefirieron apostar al diésel, hasta que notaron que este produce emisiones de partículas tóxicas que permanecen suspendidas en el aire, así como óxidos de nitrógeno, ambos perjudiciales para los pulmones. Ahí fue donde se decidieron a engañar a los consumidores en lugar de equiparlos con tecnología avanzada.

Alemania hace demasiado poco

Una verdadera política climática con objetivos ambiciosos debería ahora obligar a los grandes fabricantes alemanes de automóviles a enfrentarse por fin a los desafíos que plantea el futuro. Pero la confianza en que el gobierno aún quiera hacer el esfuerzo necesario para eso es mínima. Para este gobierno alemán, la protección del clima significa desarrollar las energías renovables, como la energía solar y la eólica. No está dispuesto a exigir más que eso. Y eso es demasiado poco.

Por Jens Thurau

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