Por Cristián Jara B.*

Panamá, en el corazón del continente americano, y la región de América Central en general, ofrecen atractivas condiciones para hacer negocios y aumentar la Inversión Extranjera Directa (IED).

La Subregión, busca en lo comercial terminar con la preponderancia de las remesas en sus economías y consolidar condiciones de crecimiento interno. Por otro lado, atraer inversiones de países como México, Colombia, Perú o Chile; en definitiva, de las economías de la Alianza del Pacífico.

Revisemos algunos números, de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el crecimiento mundial se afianzó en 2017 hasta alcanzar 3.8%, con un repunte notable del comercio internacional. Por su parte, América Central creció un 3.7% en su PIB real, con alrededor de 43 millones habitantes, y hacia los cuales Chile en exportaciones FOB alcanzó los 497 millones de dólares.

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Así, por ejemplo, Chile tiene un destacado intercambio comercial con Centroamérica, con un TLC suscrito en el año 1999 y con la entrada en vigor de los distintos Protocolos Bilaterales: Costa Rica y El Salvador en el año 2002; Honduras en 2008; Guatemala en 2010; y Nicaragua el año 2012. Por otro lado, Centroamérica proyecta un incremento del 4% su crecimiento en 2018, con Panamá al frente de la expansión subregional, de acuerdo con el informe “Perspectivas Económicas Globales” de abril de 2018 del FMI. Por cierto, Panamá, se presenta como un caso aparte a destacar para Chile, con un TLC que cumplió 10 años de vigencia en marzo pasado y con un aumento el año 2017 del 64% con respecto al 2016 de sus exportaciones FOB de bienes, excluyendo cobre y servicios, al pasar de 150 millones dólares a 246 millones de dólares y siendo además el principal receptor de IED en la Subregión.

Por cierto, existen una serie de desafíos sociopolíticos que influyen en el desarrollo del comercio, incentivando a elevar los estándares de gobernabilidad; las reformas hacia la modernización de la regulación empresarial; aumentado la productividad y reduciendo el mercado informal. Pero, qué duda cabe, se pueden potenciar nichos que van más allá de los servicios tradicionales y así, por ejemplo, la oferta energética de países como Trinidad y Tobago con el Gas Natural Licuado (GNL) hoy tiene una nueva ruta y más corta para los mercados de la costa oeste del continente y los mercados del Asia-Pacífico, por las nuevas esclusas del Canal de Panamá Ampliado.

Reflexionemos, que si los gigantes asiáticos, India y China, tienen su mirada en la zona, ya esto es un antecedente por considerar. Recientemente el vicepresidente de India, Muppavarapu Venkaiah Naidu, incluyó a Panamá y a Guatemala en su gira por Latinoamérica, ofreciendo a este último país apoyo en proyectos de energía solar. Para qué hablar de China, cada vez más presente con inversiones y en una nueva etapa de relacionamiento con Panamá, con cuyo Estado estableció relaciones diplomáticas en junio de 2017. Es decir, India, cuya injerencia en la fuerza laboral proyecta que “uno de cuatro trabajadores provendrá de ese país al año 2020” (Heine, 2013) o el “boom chino” y su preponderancia que lo empina como el principal socio comercial de varias economías de América Latina, por ejemplo, Chile. Hacen que económica y políticamente se deba refrescar la mirada hacia lo que representa Centroamérica, sus oportunidades y proyecciones.

En suma, si el FMI, en el precitado informe, y que contempló a: Belice; Costa Rica; El Salvador; Guatemala; Honduras; Nicaragua; y Panamá, estimó un crecimiento del PIB real de Centroamérica para el 2018, con proyecciones superiores a las de América Latina y el Caribe, parece razonable entonces explorar nuevos mercados en una zona pujante y que tiene una infinidad de oportunidades para el comercio marítimo y sus servicios auxiliares, para la instalación y desarrollo de nuevas industrias y para ser destino final de las exportaciones de las economías del Sur.

*Abogado y LLM Business Law, Universidad Adolfo Ibáñez (UAI)

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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