No podemos negar que López Obrador como candidato pasó los últimos 18 años golpeando a todo lo que tenía enfrente, al sistema político, a las instituciones, a los políticos y por supuesto a los empresarios. Parte de su campaña de tantos años se enfocó en crear dos grandes enemigos públicos, con el fin de colectar los votos de la mayoría de la población y que a la larga lo podría dar la mayoría para ganar la Presidencia, estos enemigos fueron: la mafia del poder y los empresarios, el planteamiento siempre fue la eterna disputa entre ricos y pobres.

El resultado de la pasada elección guste o no, fue contundente, la clara participación ciudadana y el resultado mayoritario, deja atrás el concepto que hemos venido manejando sobre que nuestra democracia es “joven”, y es igual como cuando los padres tenemos que reconocer que un día los hijos ya crecieron, así México dio un gran paso y no hay vuelta atrás, nuestra democracia ya creció y esa noticia no tiene que ver nada con los políticos, es un hecho que todos, ciudadanos, jóvenes, gente mayor, hombres y mujeres, los votantes y lo que no votaron, lo vimos todos, ya que  todos sufrimos las campañas, presenciamos  los ríos de gente votando y participamos de alguna manera, además vimos la efectividad del INE y la limpieza del proceso, ahí es en donde como sociedad mostramos nuestra madurez democrática, el resultado es el resultado y en este juego como sectores también dos sectores dieron cuenta de este gran cambio, los empresarios representados por las cúpulas y los políticos, ganadores y perdedores, en este caso el presidente electo.

Con la contundencia de los resultados y las correctas acciones de los candidatos en pugna, a todo el país nos cayó el veinte, de que solo hay un camino que seguir, la concordia y el que todos debemos de hacer la parte que nos corresponde para que nuestro sistema democrático y económico camine por la autopista correcta, para no perder el camino, si alguien quiere poner piedritas en el camino, todos nos vamos al barranco. Antes del anuncio oficial del INE sobre los resultados, los empresarios salieron a dar un discurso mesurado y poniendo sus límites, pocas horas después López Obrador sale públicamente a dar su primer mensaje en donde manda mensajes conciliadores a todo el sector financiero nacional e internacional, como respuesta para firmar una paz en bien del país.

Veremos a un eterno candidato, convertirse en un presidente plecto y después en un presidente constitucional. Poco a poco matizará sus dichos de campaña tomando en cuenta que la autopista del poder está delimitada por las instituciones, y por el momento a nadie le conviene dinamitarlas ya que complicaría la llegada al poder.

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¿Hasta cuándo durará esta pública Luna de Miel?, es sencillo, hasta que empiecen los trabajos en el Legislativo con el presupuesto, hasta que empiecen los cambios de leyes, impuestos y adecuaciones en dónde a los empresarios no se les cumplan las promesas o se afecten los intereses, y es seguro que pase.

Con la mayoría que se conformó con los candidatos de Morena en el Congreso, no llegaron los candidatos representantes de las cúpulas empresariales que estaban incluidos por tradición en las listas del PRI y del PAN, en algunos casos hasta del Partido Verde, por lo que los empresarios ahora no tienen a ningún representante directo, lo que los obliga a tener que negociar de afuera hacia adentro, no tienen a nadie adentro. ¿Será ese un gran factor que los obligue a esta amorosa Luna de Miel?

Va a ser muy interesante ver cuando se empiece a trabajar el presupuesto, el paquete fiscal y las futuros cambios constitucionales, como serán las negociaciones entre los empresarios y el gobierno sin interlocutores en las Cámaras, en ese momento, cuando los empresarios vean posibles riesgos a sus intereses se podrá terminar la Luna de Miel.

En la historia de México, las mayorías partidistas tienen una relación directa con los pleitos entre los empresarios y el gobierno. No podemos olvidar los enfrentamientos directos del presidente Echeverría con el Grupo Monterrey; la Nacionalización de la Banca que llevo a cabo López Portillo, así como algunas de las discrepancias al final del sexenio de Salinas como resultados de la apertura comercial.

Ojalá exista cordura perdurable y diálogo abierto entre el gobierno y los empresarios, en el entendido de que todos en este país nos estaremos estrenando, en breve, ante la primer alternancia de izquierda de México.

 

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