Por Barbara Wesel

DW.- El presidente del Parlamento británico califica el acto del primer ministro como una monstruosidad. Un término liviano para la abolición de los derechos parlamentarios, planeada por Boris Johnson. Este es el lado débil del sistema británico, que confía demasiado en la tradición. En Gran Bretaña falta una Constitución moderna y escrita que pueda detener ese tipo de arbitrariedades.

Un acto como en una dictadura militar

Take Back Control fue uno de los principales lemas de la campaña del Brexit hace tres años. Sin embargo, los votantes probablemente no pensaron en entregarle el poder absoluto a Boris Johnson. Por el contrario, se hablaba mucho de reclamar la primacía del Parlamento británico. Nadie, por otro lado, se había propuesto tener un primer ministro no elegido por voto popular, que probablemente ni siquiera tiene una mayoría parlamentaria. Uno que ahora puede decidir solo sobre el destino del Brexit y, por lo tanto, de todo el país.

El ex primer ministro John Major, y otros, tratan ahora de alertar a los tribunales contra el golpe de Estado de Johnson. Está aún por verse si las salvaguardas institucionales en el Reino Unido siguen funcionando. La oposición quiere usar un debate de emergencia la próxima semana para tratar de evitar -a último momento- la toma de poder de Boris Johnson. Pero solo quedan unos pocos días, porque a partir del 10 de septiembre, el Parlamento será enviado a casa nuevamente, para regresar poco antes del 31 de octubre, la fecha del Brexit. Los plazos tan ajustados hacen imposible hacer cumplir la voluntad mayoritaria de los diputados.

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Pero la oposición, especialmente el Partido Laborista, lleva parte de la culpa de esta insoportable situación. Sus acciones estuvieron llenas de ambigüedad e indecisión durante tres años; no entendió realmente lo que el Brexit significaba y perdió la oportunidad de detener el tren.

Lo que Boris Johnson está haciendo aquí es una farsa digna de una dictadura militar latinoamericana. Es antidemocrático, y muestra el espíritu de los nuevos rufianes del poder como los Trumps y Bolsonaros. Solo les interesa el poder para ellos y sus financiadores de las élites de megamillonarios. Los procesos democráticos y controles institucionales les molestan.

La UE no debe convertirse en cómplice

En los últimos días circularon rumores de que con pequeños cambios se podría encontrar una solución alternativa al problema de la frontera irlandesa. Pero incluso si la UE estuviera dispuesta a aceptar tales cosas poco antes de la fecha del Brexit, sin una negociación y revisión exhaustivas, no debe convertirse en cómplice de la arbitrariedad de Johnson.

Bruselas no puede tolerar que un país miembro desvirtúe sus procedimientos democráticos para abandonar la UE. Recordemos: el Brexit se basa en un referéndum no vinculante y ganado por una estrecha mayoría.

Gran Bretaña debe resistir

Ya es hora de que los demócratas restantes entre los conservadores británicos, toda la oposición, los académicos, intelectuales y todos los ciudadanos que se consideren maduros se levanten. Durante años, uno tenía la sensación de que muchos británicos vivían en un estado irreal. Uno esperaba que algún día se despertaran de la pesadilla del Brexit, y todo volvería a ser como antes.

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Boris Johnson es el político más peligroso que se ha mudado a Downing Street en las últimas décadas. Tiene hambre de poder, es oportunista y completamente irresponsable. Acusa sin fundamento, como lo hizo recientemente en el G7, amenaza a los socios de la UE, adula a Trump y tiene un solo objetivo: sacar por todos los medios a Gran Bretaña de la UE. Johnson está incluso dispuesto a derrocar el Parlamento y a anular la Constitución democrática de su país. Esta jugada es como una de Vladimir Putin. A quien en el Reino Unido no despierte ahora y se defienda, ya será imposible ayudarle.

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