Por Bernd Riegert

DW.- Si el Brexit fuera una serie de televisión, el melodrama, con todos sus inesperados giros y puntos políticos habría, sin duda, arrasado con los premios en festivales internacionales. Con el comediante Boris Johnson en el papel principal y la Cámara de los Comunes como un espectacular escenario, el episodio del sábado habría tenido índices de audiencia récord.

El problema para los británicos y la UE es que el Brexit no es una telenovela y que en la vida real no hay un control remoto capaz de cambiar el canal. Y cuanto más dura el programa, más insoportable se vuelve verlo. El primer ministro Johnson llevó su acuerdo del Brexit, el segundo que la UE ya ha negociado con un líder británico, a la Cámara de los Comunes y vio cómo un exmiembro de su propio partido lo demolió.

La votación se retrasó ya que los legisladores sospechaban que el primer ministro trataría de encontrar una puerta trasera que le permitiera sacar a Reino Unido de la UE el 31 de octubre en un “Brexit duro”. Los parlamentarios querían ver toda la legislación sobre el divorcio de la UE en su lugar antes de votar sobre el acuerdo. Hacer eso antes de la fecha de salida establecida parece casi imposible.

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Eso significa que el show del Brexit se extenderá por otra temporada y las negociaciones continuarán para que se puedan cumplir las demandas de la Cámara de los Comunes. La UE soportará algunas quejas de Francia, pero al final ofrecerá otra extensión más. Londres, en teoría, tiene que ofrecer una explicación plausible para la demora, pero no es ningún secreto que la UE hará todo lo posible para evitar tener la culpa de un Brexit sin acuerdo. Si se llega a un Brexit sin acuerdo, la regla general de la UE ha sido entonces hacer que los británicos se hagan responsables de ello.

Es entendible que Johnson tenga dificultades en solicitar una extensión. Incluso dijo una vez que preferiría estar “muerto en una zanja” que retrasar el Brexit. En Bruselas, el primer ministro, que incluso esta semana no parecía entender realmente las potenciales consecuencias del Brexit, ha perdido toda credibilidad con los otros 27 jefes de Estado y de Gobierno. El jueves, dijo a otros líderes de la UE que obtendría el recién negociado acuerdo a través de la Cámara de los Comunes con una amplia mayoría. Demasiado para esa idea.

La UE no necesita apresurarse cuando se trata de revisar la solicitud de extensión. Una cumbre especial de líderes de unos días, o incluso de unas horas, antes de la fecha de salida de Reino Unido la medianoche del 31 de octubre sería suficiente. Incluso si el Parlamento británico aprueba el acuerdo de retirada, la legislación también debe ser ratificada por el Parlamento Europeo.

Para el público y empresas obligadas a vivir con el drama del Brexit, el espectáculo ya no es divertido ni entretenido. Miles manifestaron el sábado frente al Parlamento para que Reino Unido siga siendo parte de la UE o para celebrar un segundo referéndum sobre su permanencia en el bloque. Estas son las personas que los políticos en la Cámara de los Comunes deben escuchar. El Brexit no es un show, a pesar de que cada vez más se parece a uno.

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