Por Andrés Arell-Báez*

“Si Chávez no hubiera sido político, hubiera sido un gran hombre del espectáculo, un tipo de la talla de Don Francisco. Se hubiera convertido en un fenómeno imparable de esta industria. El reto con él era interpretar a alguien que puede llegar a ser mejor actor que uno: que cantaba, que bailaba, declamaba, echaba chistes. Eso en un político no es normal. Esa naturalidad, esa cosa tan humana. Era un deleite”. Así, con un respeto absoluto hacía su personaje, responde Andrés Parra al por qué se interesó por interpretar a Hugo Chávez en la serie El Comandante. Ese halo sobre la vida a retratar, que se extiende a otros papeles como el del Padre Gabriel en La Pasión de Gabriel (por el que ganó el premio a Mejor Actor en el Festival de Cine de Guadalajara) y a Pablo Escobar en El Patrón del Mal, nos recuerda a cómo abordó Frank Langella al expresidente Richard Nixon (“sin juzgarlo”, según dijo a Charlie Rose) en el filme Frost Vs Nixon.

Se puede ir dilucidando, en lo postulado acá, el por qué en los últimos años Andrés Parra se ha convertido en un rostro familiar para muchos en todo el continente. El éxito en su carrera, sobre todo desde que interpretó al famoso narcotraficante, ha sido exponencial. Pero esa situación, como bien dice él, crea ilusiones sobre la situación de sus colegas. “Hay una tremenda ignorancia alrededor de nuestra realidad. La gente está convencida de que somos como de Hollywood. Que tenemos mansiones, choferes, de que somos ricos y famosos… y no hay nada más alejado de la verdad”. La coyuntura, crítica desde la perspectiva de nuestro entrevistado, tiene que ver con un cambio profundo en la industria. “La televisión -explica Andrés Parra- está pasando por una transición donde se hacían seis novelas en la parrilla y ahora hay cinco realities y una novela”. Por eso, como bien dice él, “es que al actor le ha tocado volver al teatro”. En breve, dice Parra: “la industria está muy lejos de ser una industria”.

Todo esto ha llevado a Andrés Parra a participar activamente en la fundación del sindicato de actores colombiano, institución a la que referenciamos con el Screen Actors Guild de Hollywood, buscando como él dice, que “se les dé nada extraordinario, tan sólo unas condiciones dignas de trabajo, las que tienen en países como México, Chile, Argentina, Ecuador”, pero que en el nuestro son inexistentes, puesto que al día de hoy se les sigue considerando como “artesanos”. En sus palabras, se ven ellos enfrentados a pésimas condiciones laborales: trabajos los fines de semana, festivos, jornadas de 16 horas; algo que, irónicamente, no ha afectado la entrega de productos de gran factura. “Colombia apuesta por buena calidad a menor costo. Nos hemos convertido en un mercado atractivo porque un productor puede hacer algo en el país en calidad Netflix, pero a un costo cinco veces menor”.

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Incluso frente a la llegada como productores de cadenas mundiales con grandes presupuestos y a la competencia que da la tecnología hoy, con la que cada persona puede acceder al mejor contenido, Andrés Parra guarda una perspectiva de calma sobre el futuro. “Yo fui de los que pensó que ese nivel de competencia iba a implicar una mejoría en la producción y no es así. Es que hay una mezcla explosiva, una especie de harakiri. En Colombia, en serio, hay un talento humano muy, pero muy bueno; pero muy barato, por esas condiciones en donde el trabajador debe tener jornadas extensas con bajos salarios. Entonces hay que ver si ellos vienen a producir o a producir más barato”.

Más aún, como decíamos en estas mismas páginas, la imprevisibilidad de esta industria es total. “No todo lo que hace Warner, hace HBO, o que hace Universal es un éxito. Hay series mediocres, pobres, mal actuadas, mal dirigidas, que pueden ser un exitazo. Y series impecables que no las ven sino quienes las realizaron”. Aunque, es claro, sí hay un resultado positivo en hacer un esfuerzo. “No le quepa la menor duda de que una serie bien producida, donde los actores tienen tiempo para ensayar, termina en una mejor serie. Tal vez no en un mayor éxito; pero sí una mejor serie. Por eso es que es tan importante el apoyo del Estado al medio”. Para poder correr más riesgos, nos atrevemos a complementar.

 

¿En qué casa no hay un televisor?

Rafael Correa, presidente de Ecuador, comentaba que las verdaderas intenciones de un gobierno se demuestran en el presupuesto público y, hace un tiempo, en este mismo espacio argumentábamos por qué los Estados deberían invertir, abrir un espacio de ese presupuesto, en su producción audiovisual. Nuestro invitado tiene una visión compartida: “¿En qué casa no hay un televisor? La influencia, la presencia que tenemos en la vida de la gente, es inmensa. Para muchas cosas: diversión sana, no tan sana, entretenimiento básico, historias contundentes, denuncias. Desde el entretenimiento usted puede hacer muchísimo. Somos información. El papel del audiovisual es poderosísimo. Se puede convertir en memoria histórica, en el reflejo de un país, pueden ser las respuestas a muchas preguntas”. Podemos compaginar lo dicho por Andrés Parra con una frase de Bryan May, compositor de Queen, quien dijo que: “cada vez que hacemos una obra, cambiamos el mundo de manera microscópica”.

Sin olvidar el necesario aspecto romántico del audiovisual, es cierto que es un negocio y uno que, tal vez, es el más importante. “Los millones que mueve el entretenimiento -nos cuenta el actor-, entendiendo entretenimiento como la totalidad: televisión, cine, museos, teatro, youtube… es una cantidad inmensa”. Lo postulado por el actor se sustenta con lo dicho por Tom Rothman en una entrevista, cuando aún era el mandamás de 20Th Century Fox: “sin contar la armamentística, el entretenimiento es la industria con mayor valor de exportación de los Estados Unidos”.

Eso, tiene mucho que ver con una especie de mezcla de dos mundos que América Latina no ha podido superar. “El rating se acabó. Lo que hoy (a Netflix, HBO) les interesa es el número de suscriptores. Al suscriptor le dan un catálogo de seis mil series y lo que les interesa es que usted vea una. Acá seguimos enfrascados en hacer novelas, 60 capítulos; pero ahora con óptica cinematográfica, muchas escenas al día y sin la inversión necesaria”. Exactamente lo mismo dijo David Fincher, en la época que estrenaba House of Cards. Podríamos decir que estamos frente a un público que exige alta calidad en los productos, pero que no paga por ellos, por lo que los productores deben hacer programas bajo su antiguo modelo de negocio (con ingresos basados en publicidad), pero asumiendo los costos necesarios para alcanzar los estándares de calidad hoy demandados. A futuro, Andrés Parra dice: “yo creo que esto no va a cambiar. El productor debe ahorrar. Es su trabajo. Y el ahorro se da siempre en el factor humano”.

La situación parece clara: las productoras no invierten, como dice nuestro invitado, “lo que realmente cuesta una serie”, por miedo a que las audiencias no respondan. No obstante, es claro que el audiovisual es un medio de alto riesgo y deben ser ellos quienes den el primer paso, colocándose a la altura de lo exigido, con un apoyo de la sociedad desde el Estado. Andrés Parra, por su parte, considera que la situación responde a una lógica del mercado y, por lo tanto, “si queremos hacer series, producidas como serie, debemos pensar irnos a otra plaza”. Parra, al que no podríamos calificar de pesimista, es alguien que busca desenvolverse de forma positiva en un medio con muchas complicaciones. “Yo creo que América Latina tiene historias maravillosas para contar. Y esto que describo acá de la industria no es generalizado. En el cine, todavía hay productoras que se preocupan por tener un equipo bien cuidado. Mi plan no está en irme a Los Ángeles a golpear las puertas. Yo prefiero quedarme acá, haciendo buenas series. La industria latinoamericana está pasando por un momento muy chévere. La televisión que estamos haciendo hoy es mejor que la que hacíamos hace cinco años. Se hacen más coproducciones y ahora se trabaja en set con actores de todo el continente y el público acepta eso. Estamos mejorando”.

 

Volver al cine

Para Parra, que tiene planes de volver al cine, la complejidad del séptimo arte es aún mayor. “Tengo entendido que Colombia es de los pocos países donde todavía se construyen multiplex y cada vez va más gente a cine; pero cada vez menos al cine local”. También, pasa algo con la calidad en el audiovisual de la pantalla grande. “Usted hace un sondeo entre las personas de todos los estratos, y la gente prefiere ir a morirse de la risa que a ver un drama de los desplazados. No sé si eso está bien o mal; pero es así. Se escucha más música popular que a Verdi. No sé si será en Francia; pero aquí es así. Aquí usted tiene que pensar que el costo de ir a cine es inmenso y la gente quiere es pasar un buen rato. Las películas de autor, inteligentes, no sé qué rotulo ponerle sin sonar pretencioso; están pérdidas frente a las películas comerciales, pero debe haber espacio para todo tipo de cine local”.

Propusimos acá, hace un tiempo ya, la exhibición regional como una salida a la crisis que actualmente se vive en la industria del cine local. Parra tiene una perspectiva diferente: “Colombia aprobó una ley de cine que permitió que la producción se incrementara de tres películas al año a más de cincuenta. Y el problema entonces es que deben distribuirse y exhibirse todas, pero no hay espacio. Por eso duran tan poco tiempo en cartelera. Y yo creo que el cine de cada nación está en lo mismo, y si a la oferta nacional le agregamos la de países de la región, pues se complica.” Para esto, nuestro entrevistado tiene una propuesta sobre cómo podemos defender nuestro audiovisual en la gran pantalla. “Yo soy de la teoría que el cine local lo mueve es el voz a voz; pero para eso se necesita tiempo exhibido. Hoy dependemos de un fin de semana y de competir con los presupuestos de publicidad de los gigantes de Hollywood. Por eso, necesitamos una cuota de pantalla que permita que las películas duren más tiempo. Aunque sé que eso es muy difícil, que a los exhibidores no les resultaría rentable, hay que encontrar un medio para dejar las películas más tiempo en las pantallas.”

Y, todo esto, parece necesario, puesto concordamos con él en que “el cine es una industria necesaria. Su papel es el de ser un documento histórico. Es el reflejo de una sociedad. Pero las películas que reflejan eso son las que están condenadas y las debemos proteger”. Lo propuesto por el famoso artista no es una idea alejada de la realidad, ni siquiera fracasada en el exterior: China, por dar el ejemplo más reciente, lleva décadas protegiendo su industria de cine, prohibiendo la entrada de películas extranjeras y, como resultado de esto, se está convirtiendo hoy en el mercado de producción y exhibición más grande del mundo. Más aún, la filtración de correos de Sony demuestra que Hollywood recibe un inmenso apoyo del gobierno de Estados Unidos y, en este espacio comentábamos que algo muy similar es lo que ha venido haciendo Corea del Sur. Así que, si las industrias más poderosas del mundo requieren apoyo de su gobierno, las nuestras lo necesitan urgente.

Hoy, para Andrés Parra, “el cine se ha convertido en el placer de hacer la película. Muchas empresas también hacen cine por el goodwill, como una estrategia de valorización frente a futuros inversionistas, o algo ligado a los beneficios tributarios, así como la posibilidad de llegar al Festival de Cine de Toronto, de Sundance, de Cannes”. El cine local, claramente, debe y puede ser mucho más.

 

El cine sigue siendo cine

Frente a la realidad de los medios, Andrés tiene una conclusión tajante: “La televisión no alcanzó a entrar en una crisis. Llegó un nuevo medio y lo solucionó. Pero el cine no; el cine sigue siendo cine. La gente sigue yendo, pero las películas que nos gustan están cada vez más amenazadas”. El objetivo de la propuesta de nuestro invitado es, en breve, “no parar las películas exitosas, sino impulsar a las que necesitan un empujón”. Salomónica e inteligente posición.

Dustin Hoffman dijo alguna vez que su estrellato se debía a haber tenido suerte con una película; pero si no hubiera pasado ella en su vida, él seguiría actuando en algún teatro. Andrés Parra, quien tiene claro que su papel es de actor, no de productor o director, sabe que seguirá en su oficio sin importar lo que se avecine: “yo vivo enamorado de mi profesión. Yo no voy a dejar de actuar por la situación de la industria. Confieso que yo nunca he dejado de invertir el tiempo necesario en mi trabajo, en mi personaje, pensando si va a ser exitosa o no la producción en la que participo. La única vez que he sido irresponsable con mi trabajo es cuando las condiciones laborales de la producción son terribles. Cuando el profesionalismo de los productores es palpable. Yo luchó por el papel y el proyecto, hasta que la situación me desconecta y comienzo a trabajar solo por la plata, sin interés, obligado porque hay contrato de por medio. He estado en producciones multimillonarias en las que me he querido pegar un tiro y en producciones pobres, de bajo presupuesto, en el que las condiciones son las mejores”.

Eso demuestra, como dice Andrés Parra, que “las buenas condiciones crearán mejores series y que esa manía de no querer invertir hasta el último centavo” debe cambiar. Hay un mercado inmenso por explotar y un talento inmenso capaz de conquistarlo. La invitación a los productores está abierta.

Andrés Arell-Báez es escritor, productor y director de cine. CEO de GOW Filmes.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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