Cuando Carengo empezó a operar, Raphaël Menu, cofundador de la empresa, ocupaba sus horas montado en su bicicleta cargado con una mochila llena de contratos de alquiler, dinero en efectivo y un dispositivo para aceptar pagos con tarjeta en su celular.

Visitaba en persona a cada arrendatario, luego de llamadas que podían durar hasta 15 minutos para convencerle de que todo saldría bien; verificaba que el vehículo arrendado cumpliera los requisitos; gestionaba los pagos y monitoreaba la devolución del coche.

Todo este proceso se activaba con un clic, cuando los usuarios de su plataforma en línea solicitaban arrendar un vehículo de un particular, que previamente lo había anunciado en la web.

La startup que Raphaël y sus socios, Thibault Picard y Saúl Martínez, fundaron es la primera plataforma de alquiler de vehículos entre particulares en México. Por eso, Carengo inaugura la economía colaborativa de este sector en el país.

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Raphaël Menu dejó su empleo en L’Oréal para fundar su propia startup junto con un excompañero de universidad, Thibault Picard. Más tarde se uniría Saúl Martínez.

Carengo en el mapa de la economía colaborativa

Esta modalidad de intercambio nació en 2007 con la fundación de Airbnb, diez años antes de que Carengo empezara sus primeras operaciones en la Ciudad de México, en mayo de 2017.

Estas empresas del llamado “platform capitalism” adoptan distintos modelos de operatividad, pero comparten el uso de las tecnologías de la información y el desarrollo de una plataforma en línea que funciona de mercado-nicho. Allí, los usuarios intercambian los bienes o servicios específicos que determina la web, pero que ellos ofrecen y demandan.

En el caso de Carengo, Menu y su equipo conectan a particulares que ponen a disposición sus vehículos cuando no los utilizan para que otros los alquilen por el tiempo contratado.

Es el modelo C2C, de cliente a cliente, también presente en Blablacar, Uber o Airnbnb. Para el fundador de esta última, Brian Chesky, este modelo es una vuelta a nuestros orígenes, a cómo la gente interactuaba antes de la era de las grandes corporaciones.

Economía colaborativa en el mapa de América Latina

Carengo nació de la necesidad y de la casualidad. En verano de 2016, Thibault visitó a Raphaël en México y decidieron alquilar un coche a una agencia para ir a San Miguel de Allende.

“Buscando por Internet vimos que el mercado era muy confuso y con precios caros. Después de investigar, pensamos que había un gran vacío en el sector de renta de autos entre particulares”, cuenta Menu.

A este emprendedor francés afincado en la Ciudad de México no le duele el ego reconocer que utilizaron la idea de negocio de otras empresas de este tipo que ya están operando en otros lugares, como Drivy en Barcelona o Turo en Estados Unidos.

No encontraron inspiración en América Latina porque en esta región la también llamada economía a pedido (economy on demand) es aún terreno fértil por explotar, pues el nombre de usuarios que se suman a este nuevo paradigma ha aumentado en los últimos años. Lidera el ranking Brazil, seguido por México y lo completan Argentina y Perú.

Según el estudio “Plataformas de economía colaborativa: una mirada global”, de la escuela de turismo española Ostelea, 7 de cada 10 latinoamericanos están dispuestos a intercambiar sus bienes con extraños. Sólo le supera la región Asia Pacífico (entre el 78% y el 81%).

En México, hay una penetración de usuario del 36.1% actualmente y se espera que para 2022 llegue al 52.7%, con 15.7 millones de usuarios, según el portal web Statista.

Esto se debe, en parte, a la abundancia de población joven en el país, más proclive al uso de nuevas formas de intercambio mediante dispositivos. En México, tres de cada diez usuarios de las plataformas de economía compartida tienen entre 24 y 34 años, seguido por el bloque de entre 18 y 24.

“De las diez primeras operaciones que tuvimos, ocho fueron amigos míos que alquilaron un coche o rentaron el suyo”, afirma Menu.

 

 

 

Primera marcha y rumbo a un negocio escalable

Carengo hoy funciona con un equipo de siete personas que se encargan de la gestión de los alquileres, del márketing y de desarrollar la tecnología necesaria para automatizar las operaciones.

Esto último es clave para escalar el negocio. De hecho, entrar a formar parte del fondo de capital semilla 500 Startups sirvió para que los cofundadores de Carengo aprendieran una lección básica para este fin: tomar consciencia de cuánto cuesta cada operación.

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“Nos dimos cuenta que con una operativa tan manual y con tanta presencia física estábamos perdiendo dinero en cada alquiler, porque yo no podía atender a más de una cita al día con el propietario y el conductor”, explica Menu.

Ahora, ya cuentan con un método de gestión de alquileres más eficiente que ha hecho que pasaran de 40 operaciones en noviembre de 2017, cuando entraron en el programa de aceleración de 500 Startup, a alcanzar los 130 en marzo de este año.

Los socios de Carengo ya no participan físicamente en la operación, pero siguen estando ocupados en el manejo de los alquileres. La plataforma se encarga de poner en contacto a propietarios y conductores, proporciona un seguro de daños para el vehículo y facilita el sistema de pago.

“No es el proceso mas escalable pero decidimos hacerlo poco a poco porque hay algo muy importante: generar confianza a los usuarios, muy crítico en México”, comenta Menu, quien reconoce que las reseñas en Facebook han jugado un papel de aval en este aspecto.

El objetivo ahora es reclutar a más ingenieros para desarrollar tecnología que les permita automatizar todo este proceso. Para ello, están trabajando en un segundo levantamiento de capital con la intención de recaudar 200,000 dólares, adicionales a los 65,000 dólares de capital originario.

Por qué la ‘sharing economy’ es un modelo de intercambio diferente

La estructura interna y funciones que realiza el equipo de Carengo ilustran el elemento disruptivo de las empresas de economía colaborativa.

“La novedad es que utilizamos los recursos de otras personas, en vez de comprar nosotros los vehículos y que la empresa tenga el poder centralizado. Y la base de eso es la tecnología”, explica Menu.

Esto significa que el activo de Carengo es la información de quién tiene un auto, dónde y por cuánto está dispuesto a rentarlo. Y el bien a intercambiar no es la propiedad, sino el uso del coche.

Por esto, estas plataformas colaborativas se han convertido en un mercado en el que sus administradores y programadores actúan de mano invisible poniendo las reglas del intercambio.

Este es precisamente el valor agregado de las  “sharing” empresas: determinar cuál es el bien que se intercambia en la plataforma, ya sean vehículos o cuartos; filtrar a los usuarios, para cumplan unos mínimos por de seguridad, y darles las herramientas para que realicen la transacción, como los contratos de seguro y datos de contacto de los clientes.

“El whatsapp es nuestra principal herramienta. Cuando se confirma un reserva de un vehículo en la plataforma, creamos un grupo entre el arrendador, el arrendatario y el equipo para ponerles en contacto, resolver dudas y responder en caso de emergencia. Hoy tengo 80 grupos con los propietarios”, explica Menu.

Raphaël Menu en We Work Reforma Latino, donde Carengo tiene oficinas.

Renta de coches entre particulares: ¿una moda o el nuevo clásico?

Carengo tiene una treintena de vehículos en promedio disponibles en su plataforma y cobra por sus servicios una comisión de un 40% del monto total que recibe el propietario por alquilar su vehículo. Pero de momento esto no es suficiente para que la empresa arroje números verdes.

Aun así, Raphaël Menu se muestra optimista con el futuro la movilidad compartida en México y el resto de América Latina.

“Cuando comenzamos nos enfrentamos a muchas dudas porque nuestros amigos nos decían que este tipo de empresas sólo funcionan en Europa o Estados Unidos, porque en México hay mucha inseguridad. Pero estamos demostrando que hay mercado y gente que quiere ganarse dinero con su auto”, comenta este emprendedor.

Según él, un propietario puede ganar hasta 10,000 pesos alquilando su vehículo a través de Carengo. Estos se suman a los 489 millones de dólares que, según Statista, generaron en lo que va de año los negocios de transportes compartidos en México, como myTaxi, Uber o BlaBlaCar.

Carengo quiere consolidarse en la Ciudad de México, donde opera en zona centro y poniente de la ciudad, así como abrir negocios en otras ciudades, como Cancún.

Menu confiesa que hasta ahora lo que más le ha sorprendido es la buena acogida del proyecto por parte del público. “Empezamos con cuatro vehículos de amigos y familiares, y hoy la mitad de los clientes semanales son recurrentes”, explica.

Para este emprendedor, la evolución del alquiler de vehículos C2C dependerá del desarrollo tecnológico que aporten estas plataformas. Pero él lo tiene claro: el futuro es compartido.

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