Para Andrea Vega

En plena Semana del Emprendedor, cuando todo son porras y voces entusiasmadas, me parece que debemos recomendar prudencia. Todos lo entendemos y, tristemente, también sabemos que muchos de los negocios que con gran ilusión abrieron sus puertas en enero a estas alturas del año ya han cerrado, algunos más no alcanzarán a llegar con vida a diciembre. La tasa de sobrevivencia de los nuevos negocios es muy baja. Pareciera que estamos viviendo momentos de gran incongruencia, por un lado, entusiasmamos a la gente al camino del emprendimiento y por otro sabemos de esa mala fuerza que ataca a los negocios nacientes. La tasa de proyectos que mueren en el intento es muy alta. Según el Instituto Nacional del Emprendedor cerca de ocho de cada 10 pequeñas y medianas empresas -Pymes- cierran durante su primer año de operación. La cifra más que servir de desaliento nos llama a la precaución.

Así como los cruzados de la Edad Media fueron a la búsqueda del Santo Grial, los emprendedores intentan descifrar el misterio que les permita traspasar el umbral de la fecha fatal, sobrevivir y tener éxito. Tienen el impulso que los llevó a emprender. No obstante, sabemos que ni las buenas ideas ni el entusiasmo son suficientes. Los emprendedores necesitan más que un golpe de suerte para asumir el reto de concretar un proyecto, necesitan entender qué es aquello que el mercado necesita y está dispuesto a pagar por ello.

Reflexionar en la dinámica del emprendimiento nos lleva a pensar en la sinergia que debe existir entre la creatividad y la administración estratégica; el diálogo que debe haber entre la oportunidad y la sensibilidad; la tolerancia a la frustración y la perseverancia; la concordancia entre la vocación y la técnica. Un emprendedor debe contar con las herramientas que lo lleven a entender el mundo al que está entrando y desarrollar las competencias necesarias para establecer un negocio que le retribuya el esfuerzo, la ilusión y el riesgo corrido. De esta reflexión debe surgir un modelo de negocios sustentable.

Saltar la brecha que separa al dicho del hecho es tan sencillo como querer brincar el Cañón del Sumidero. Por eso, la precaución siempre debe moderar al entusiasmo. No hay proyecto que sobreviva a base de buenos sentimientos.

Es cierto, cada negocio tiene sus particularidades, pero, la sustentabilidad de los negocios se puede construir sobre los siguientes cimientos:

Comprensión del alcance del negocio. – En el contexto de las organizaciones, un emprendedor debe tener claro el papel de su proyecto, entender su ciclo de vida y analizar su tipología.

Operación y entorno de la empresa. – La estructura organizacional del proyecto juega un papel primordial. Generar una urdimbre dinámica que reconozca la importancia de sus vínculos y procesos de comunicación, tanto dentro como fuera del negocio permite diferenciar las tareas y asignar las responsabilidades. Le da flexibilidad y movilidad.

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Innovación. – El grado más alto de mejora continua y diferenciación es la innovación. Es el catalizador de desarrollo y el mejor antídoto contra el estancamiento, actúa como la vacuna más pertinente contra el fracaso.

Plan de Negocios. – Es el preámbulo hacia la concreción de una idea de negocios. Es el documento que le permite al emprendedor llevar a cabo un análisis organizado y sistematizado. Es la forma de plasmar en blanco y negro el reto que planea enfrentar y la manera en que ha decidido hacerlo.

Un buen consejo para los emprendedores viene de boca de Napoleón Bonaparte: “Vísteme despacio que voy de prisa”. La búsqueda de la sustentabilidad de un negocio invita a la serenidad y a la prudencia. Las prisas no son buenas consejeras y más bien han probado ser madrinas de muchos desaguisados. El reto del emprendimiento invita a avanzar paso a paso para construir sobre terrenos firmes.

La sustentabilidad de un modelo de negocio puede resumirse en las palabras de Henry Ford: “Un negocio que únicamente es capaz de generar valor económico, es un negocio pobre”.  En esta condición, un modelo de negocio que busque traspasar el umbral y conquistar el largo plazo deberá de basarse en elementos como los mencionados y, también, deberá generar dos cosas más: utilidades y una gran pasión.

Si el proyecto sólo genera una pasión arrebatado y no da dinero, cerrará tarde o temprano. Si el plan es empalagoso y no atrae ni a su propio creador, será complicado encantar clientes. Un emprendedor que entienda estos elementos tendrá las herramientas iniciales para arrancar un negocio en el que tiene mayores posibilidades de satisfacer a sus consumidores sin importar su tamaño, giro o valor económico.

La cifra tan reducida de casos de éxito de largo plazo para las pequeñas y medianas empresas, más que servir de desaliento, nos llama a la precaución. Triunfar es lo que todo emprendedor busca al aterrizar sus proyectos. No hay fórmulas infalibles, pero… Una buena forma de empezar es atendiendo estas consideraciones.

No hay duda, emprender es para valientes. Por eso hay que aplaudir aquellos proyectos que, teniendo en cuenta las precauciones aconsejadas, han tenido el arrojo de emprender. Me llena de orgullo dar a conocer un proyecto de emprendimiento que con cautela y mucho valor. Hiix Kaan es un yogur búlgaro fermentado con bacterias y levaduras de la región del Cáucaso. Es un proyecto joven, implementado por jóvenes que van caminando a paso firme por el mundo del emprendimiento. Este grupo de emprendedores han optado por el camino difícil y en esa condición toman la buena idea que tienen y la arropan con números y un buen plan de trabajo. Aclaro, yo no formo parte de este emprendimiento ni tengo otro interés más que usarlo como un buen modelo.

Sí, hay muchos ejemplos de emprendedores que no lo lograron. Es fácil caer en la tentación de compararnos con Bill Gates o con Marc Zuckerberg. Por eso nos desanimamos. Pero cuando nos enteramos de casos de éxito que vienen de gente que ha caminado con precaución y sigue dando batalla, entonces y sólo entonces, sabemos que podemos estar aterrizando modelos sustentables de negocios.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

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