Hay un sinfín de investigaciones que se han planteado la pregunta sobre qué es lo que predispone a las personas a ser emprendedores y a constituir su propia empresa. Para abordar el fenómeno de creación de empresas es preciso tomar distancia, no es suficiente centrarse en las características y comportamientos de emprendedores en lo individual ya que no existe un conjunto único y universal de razones aplicable a cualquier caso.

Cada quien tiene sus propios motivos, que -para agregar complejidad- pueden cambiar a lo largo de la vida de cada individuo. Es importante reflexionar sobre el paradigma que se forja en torno a la creación de empresas.

Las circunstancias de la actualidad hacen que cada día el emprendimiento se constituya como una alternativa tanto para recién egresados de una carrera universitaria o de personas que ya tienen experiencia y no quieren entrar al laberíntico mundo de la recontratación. Asimismo, escuchamos discursos oficiales que hablan de programas de apoyo al emprendedor, de planes que abarcan todos los niveles de gobierno que buscan fomentar el interés para que jóvenes, mujeres, comunidades concreten sus ideas y se lancen al mundo empresarial. Hay programas que integran semanas enteras dedicadas a hablar sobre el tema, a ofrecer condiciones y planes especiales y específicos acerca de él. El entusiasmo en torno a la creación de nuevos negocios contrasta con las alternativas que presentan las bolsas de trabajo que están muy competidas.

Emprender, sin duda, es una opción. No obstante, es necesario decir que no lo es para todo el mundo. En el entusiasmo que hay para que la chispa prenda y se convierta en una flama brillante, hay gente que se enfrenta con verdades amargas que no se advirtieron con oportunidad. Incursionar en un proyecto es un camino luminoso para quienes cuentan con ciertas características de espíritu que les hace disfrutar los pasos. Hay que ir muy preparados, improvisar no es una buena idea.

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Índice de capitulación

Los datos sobre el emprendimiento marcan una alerta para quien la quiera escuchar. Más del 80% de los negocios que iniciaron operaciones en enero no llegarán a diciembre. El índice de capitulación es muy alto y, aunque el fracaso es, sin lugar a dudas, una forma más de cómo no hacer las cosas y una oportunidad para aprender una forma para sí hacerlas, también implica pérdidas reales, contantes y sonantes. Evidentemente, cada emprendedor según su circunstancia tendrá la fuerza y la capacidad para iniciar de nuevo mientras para otros, será imposible levantarse a iniciar de nuevo.

Por las bondades que genera el emprendimiento, se ha llegado a la exaltación y se ha dejado de lado hacer consciencia de que la alternativa, no solamente tiene aspectos positivos, también tiene lados oscuros, rincones negativos, riesgos que deben ser medidos y amenazas que es necesario contemplar. La verdad lapidaria sobre el porcentaje de éxito de los proyectos de emprendimiento es para tomarse en cuenta. Además, es preciso recapacitar sobre un prerrequisito fundamental: emprender es una vocación. Es decir, es un llamado que hay que saber atender y más que otra cosa, entender.

Antes de lanzarse a emprender, aquí están algunas consideraciones que se deben tomar en cuenta:

  1. El emprendimiento es una opción de tiempo completo.
  2. Al emprender la responsabilidad se conjuga en primera persona.
  3. Un emprendedor debe entender el concepto de sacrificio, empezando por su salario.
  4. Una característica indispensable para emprender es la proactividad.
  5. El componente tecnológico es muy importante para aquel que quiera emprender.
  6. El gran amor de un emprendedor no debe ser hacia su idea sino hacia su cliente.
  7. Si un emprendedor no sabe explicar adecuadamente su idea, es que ni el mismo la entiende y tendrá pocas posibilidades de éxito.
  8. El principal objetivo de un proyecto de emprendimiento es generar utilidades y en esa condición debe ser abordado.

El emprendimiento, según Steve Jobs, requiere de ideas que hagan mejor al mundo. Por lo tanto, la visión es muy importante. Incursionar en nuevos terrenos no se trata nada más de tener una buena idea, sino de las formas para implementarlas. Jobs decía que si una nueva idea no era capaz de transformar al mundo, entonces no era una buena idea. Osterwalder lo aterriza con el concepto de “Propuesta de Valor”, es decir, cómo es que mí proyecto le va a aportar algo que sea de interés a alguien más. Porter lo llamó “Ventaja Competitiva”.

En este sentido, una de las verdades más contundentes que debemos clarificar antes de emprender es cuál es la propuesta de valor con la que vamos a llegar al mercado, en otras palabras, tenemos que ser capaces de explicar qué es lo que queremos hacer, cómo lo vamos a hacer, para qué sirve, cómo mejora eso la vida del cliente potencial, cuánto nos va a costar hacerlo y a qué precio se lo queremos vender.

Si no lo sabemos, si no tenemos una respuesta contundente, si pensar en ello más que ilusión causa desasosiego, la verdad es que el camino del emprendimiento no es una alternativa. No se trata de desanimar, pero incursionar en un proyecto es arduo y el riesgo y la incertidumbre son compañeros fieles que van dando pasos al lado del emprendedor. La forma de alejarlos es clarificando la propuesta de valor, otra verdad es que jamás los podremos aniquilar por completo.

Entonces, si esto es así ¿por qué tanto ha causado tanto entusiasmo el emprendimiento, por qué tiene tantos apoyos oficiales y por qué tantos se sienten seducidos por esta opción? Porque dar vida a nuevos proyectos hace girar la rueda de la economía y es una manera de generar prosperidad.

La consideración más relevante que debe hacer un emprendedor es reflexionar sobre cuál es la necesidad que su proyecto está satisfaciendo, mientras más claro lo tenga, mayores serán las posibilidades de que su negocio alcance a brincar la barrera del corto plazo y pueda durar más allá de un año. Los nuevos negocios que han sido capaces de sobrevivir los dos primeros años de operación, sobrevivirán más de cinco.

El emprendimiento es una alternativa que debe de justipreciarse en su verdadero valor. La fantasía no debe obnubilar la razón, la ilusión no debe hacernos perder el piso, y aunque no hay certeza en el porvenir, en lo que sí debe haberla es en la definición del presente, de lo que se propone hoy y ahora. Si eso está listo, el camino para emprender luce como una elección real.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

 

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