Por Viridiana Mendoza Escamilla

El gobierno espera que pronto se haga realidad la llegada al país de las primeras inversiones de una bolsa estimada en más de 7,000 millones de dólares (mdd) destinada a las Zonas Económicas Especiales (ZEE).

Una vez concluido el andamiaje jurídico y constitucional, las empresas mexicanas y extranjeras podrán empezar a construir plantas en estos sitios y hacer uso de estímulos tales como no pagar el Impuesto Sobre la Renta e impuestos locales (como el predial), además de estar exentos, durante los primeros cinco años de operaciones, de pagar aranceles en el caso de que importen temporalmente bienes para utilizar en sus actividades productivas.

Las ZEE tienen el sello de proyectos sociales para atraer inversión a los estados más pobres del país, generar empleos y ayudar a bajar los altos índices de pobreza. Así las define Gerardo Gutiérrez Candiani, designado por el gobierno federal como el responsable de desarrollar las ZEE.

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Las ZEE, creadas mediante decreto y definidas como áreas delimitadas geográficamente, ubicadas en sitios con ventajas naturales y logísticas para convertirse en regiones altamente productivas, se establecieron en Veracruz, Guerrero, Chiapas, Oaxaca, Michoacán, Campeche, Tabasco y Yucatán.

¿Ineficaz frente a la desigualdad?

“Las regiones han tomado las ZEE como un proyecto que les puede generar cambios importantes en sus condiciones de vida. El objetivo es abatir la pobreza a través de la inversión y la generación de empleos”, afirma el exdirigente empresarial Gutiérrez Candiani. “Ésa es la mayor fortaleza del programa y está muy blindado para que pueda seguir en las próximas décadas”.

Pero el proyecto dejó fuera candados para evitar que la llegada de inversión se traduzca en una mayor desigualdad y una brecha más amplia en materia de salarios, opina Carlos Brown Solá, consultor económico y político.

“En efecto, las ZEE se instaurarán en las entidades más pobres, pero, al crear empleos de baja especialización, la población local prefiere tener un ingreso que seguirse preparando. Como resultado, tienes gerentes que ganan mucho, pero vienen de fuera, y una mano de obra [local] con salarios precarios”, señala.

La declaratoria de las ZEE no prevé, para las empresas, la obligación de que contraten mano de obra local e incentiven a los jóvenes para que sigan estudiando y eviten la deserción, agrega Solá.

“Tienes a Cancún como un ejemplo claro de este tipo de esfuerzos: Se abre la puerta a la inversión; ésta llega, pero los empleos que se generan no son de alta calificación; entonces, décadas después, tienes un Cancún de ricos y un Cancún de pobres”, dice el consultor.

El reto de la infraestructura

Gutiérrez Candiani dice que el desarrollo social vendrá con una serie de convenios para tener mano de obra capacitada y certificada. “No hay mano de obra más cara que la que no hay. El sur sureste es nuestra reserva de mano de obra, hay que capacitarla y certificarla, pero existen connacionales que son del sur sureste y pueden volver de Estados Unidos”, expone. E insiste que hay cerca de 300 empresas interesadas en las ZEE, 70 de las cuales tienen ya una carta de intención.

Otro flanco débil es la infraestructura. Si bien algunas ZEE tienen una buena conectividad, también hay carencias, pues los centros de salud, escuelas de nivel medio superior y otros servicios básicos están a distancia considerable.

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El sur sureste es nuestra reserva de mano de obra; hay que capacitarla y certificarla. Pero existen connacionales que son del sur sureste y pueden volver de Estados Unidos: Gerardo Gutiérrez Candiani. Foto: Arturo Luna/Forbes México

“Uno de los grandes retos va a ser la infraestructura, pero el Estado mexicano, con los tres órdenes de gobierno y la iniciativa privada, pueden generar la infraestructura necesaria. Por eso también tenemos estudios que nos dicen qué proyectos de infraestructura podemos hacer, nos dicen cuánto dinero es del municipio, cuánto del estado y el gobierno federal y cuánto del sector privado”, acepta Gutiérrez Candiani.

Sólo que esa colaboración entre los gobiernos y la iniciativa privada depende de los buenos deseos; no está en la ley. “Se deja todo a la buena voluntad de los empresarios y sabemos que, cuando eso pasa, no hay certeza”, como sí la hay en las exenciones a las que tendrán derecho las empresas, señala Solá.

El consultor deja una pregunta abierta: “¿Hay manera de calcular cuánto deben de regresar las empresas, en bienestar, por cada peso que se les exenta de impuestos?”. Los estudios para determinarlo, lamenta, no se realizaron.

¿Productividad artificial?

Solá no es el único escéptico. Las ZEE incrementarán la productividad de manera artificial, considera Marcelo de la Jara, del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY). “Hay una exención de impuestos, pero no hay un estímulo real para que las empresas inviertan en mayor capacitación para el trabajador y que éste pueda tener un mejor salario.

Al no incluir en la ley medidas para el desarrollo social, puede producirse polarización. “Cuando esto sucede, no se materializan las tasas de crecimiento esperadas, porque la riqueza está concentrada en muy pocas personas”, sentencia De la Jara.

Pese a todo, Gutiérrez Candiani dice que no hay quien pueda frenar a las ZEE. Afirma que todos los candidatos a la Presidencia han solicitado y recibido la información sobre el proyecto y que éste es afín a sus plataformas políticas.

A mediados de abril, el presidente Enrique Peña Nieto anunció que habría una bolsa de 50,000 millones de pesos (mdp) para apoyar los proyectos en estas zonas.

“Este dinero se destinará a créditos en las ZEE y las áreas de influencia. Se otorgarán a través de ventanilla única, con plazos extendidos y tasas preferenciales, y estarán disponibles para toda la cadena: los inversionistas, proveedores de capital de trabajo y la inversión en áreas de influencia”, explica Gutiérrez Candiani.

El marco jurídico de las ZEE incluye cambios a leyes estatales, cartas de intención y convenios de coordinación de los municipios y estados involucrados. Y se hicieron estudios de pre factibilidad en materia de medio ambiente, tejido social, vocación de infraestructura, prospectiva de inversión y generación de impuestos, todo lo cual desembocó en un decreto presidencial para la creación de siete ZEE.

Pese a todo, hay quienes opinan que su arranque no es seguro. “El andamiaje puede estar listo, pero la llegada de inversión puede no ocurrir, pues hay incertidumbre política. Lo malo de tener un proyecto a medias en pleno proceso electoral es que todavía tenemos probabilidades de ver que no se cumplan”, indica Manuel Valencia Bastida, director de la licenciatura en Negocios Internacionales del Tec de Monterrey.

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Zonas económicas y vocación industrial

Lázaro cárdenas (Michoacán y Guerrero)

  • Industria metalmecánica
  • Industria acerera

Coatzacoalcos (Veracruz)

  • Química
  • Petroquímica
  • Derivados
  • Agroindustria

Salina Cruz (Oaxaca)

  • Acuicultura
  • Energía

Puerto Chiapas (Chiapas)

  • Agroindustria

Puerto Progreso (Yucatán)

  • innovación y desarrollo tecnológico

Ceiba Playa (Campeche) y Dos Bocas (Tabasco)

  • Industria energética
  • Desarrollo de proveeduría
  • Astilleros
  • Mantenimiento y valor agregado para las plataformas
  • Barcos

 

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