De un tiempo para acá, hemos recorrido un amplio arco de opciones que los empleadores ofrecen a los colaboradores que nos llenan de sorpresa. De repente, nos enteramos de que Eddie Bauer ofrece comida para llevar a sus colaboradores, e-Bay tiene en sus instalaciones de San José, California espacios para meditación y oración, Procter and Gamble brinda masajes antiestrés para mejorar la concentración, los empleados de Ben and Jerry tienen un espacio para ir a dormir una siesta. Todos estos esfuerzos se hacen con la genuina intención de atraer talento y propiciar un balance adecuado entre el trabajo y la vida. De repente, nos preguntamos si esos beneficios son apreciados por la gente o si son extravagancias que tienen las empresas sin que realmente sean utilizadas por alguien. Muchos de estos pseudo-beneficios son subutilizados o totalmente ignorados.

Escucho a muchos directores de empresas, altos ejecutivos y a emprendedores quejarse con amargura por la falta de agradecimiento de la gente que no aprecia los esfuerzos que se llevan a cabo para hacerles mejor la vida y hacer que ellos se sientan a gusto. Se mesan los cabellos ante la ingratitud sin entender qué estuvo mal. No es tan difícil: hay beneficios que la gente desea más que otros. Sucede con mucha frecuencia que lo que la empresa ofrece le es transparente a los colaboradores. Hay ejemplos de buenas intenciones que se quedan como parte de la decoración del espacio de trabajo sin que jamás se utilicen: bicicletas de spinning que se sitúan en medio del espacio laboral por si alguien se siente muy ansioso y quiere desahogarse dando unos cuantos pedaleos. Por supuesto, las bicis terminan como percheros para las bolsas y los portafolios. Nadie las usa y nadie las va a usar.

Sucede a menudo, la empresa hace un esfuerzo grande por tratar de consentir a su personal y los resultados son poco apreciados. Cuando esto ocurre, generalmente son buenas ideas que se tuvieron en una oficina y que brincaron del escritorio a la realidad sin consultar a los usuarios finales. Nadie pregunta si acaso eso que les van a dar, es algo que se desea. Pero, no es lo único. También pasa que se le ofrece un ascenso a una persona que no se siente entusiasmada ante la posibilidad. ¿Quién en su sano juicio se siente mal de recibir una propuesta para ocupar un mejor puesto? Muchos: por ejemplo, una pareja de recién casados que está pagando el crédito hipotecario de su casa y le dicen que tiene que cambiar de ciudad, o una mamá que está de regreso de su incapacidad por maternidad, o una persona que tiene una situación complicada y no puede -en ese momento- con una dificultad más, alguien que no está capacitado para esa posición y la lista puede seguirse hasta el infinito.

Tendemos a ver los beneficios desde los lentes de quienes otorgan y no de quienes los van a disfrutar, generando un efecto contrario al buscado. Se genera un gasto y cero satisfacciones. Los principales objetivos que se persiguen al dar a los colaboradores incentivos es incentivar la buena predisposición a la empresa, generar lealtad, compromiso, lazos a largo plazo, retención de talento, en síntesis, se persigue el amor de la gente a su empleador. Para alcanzar tan apreciado cariño es buena idea acercarse a preguntar qué consideran que sería un buen paquete que los dejaría contentos.

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Pero, para que estos esfuerzos se vean coronados, es preciso que las evaluaciones y las opiniones sobre los beneficios sean eminentemente confidenciales para conseguir un diagnóstico fiel sobre el sentir de las personas respecto a los estímulos que les otorga su lugar de trabajo. Se busca saber el nivel de satisfacción que se genera. Curiosamente, las prestaciones que más se valoran no son necesariamente aquellas que suman pesos al ingreso, muchas tienen que ver con calidad de vida, con planes de capacitación, con planes de carrera y capacidad de movilidad a distintas áreas de oportunidad, buen ambiente laboral, estabilidad, opciones para crecer, claridad estratégica.

A los colaboradores cada vez les interesa más trabajar en un ambiente amable y cordial, en el que las bromas pesadas no sean parte del paquete, que se tenga la posibilidad de tener un horario flexible y se propicie un ambiente positivo entre los compañeros y el staff directivo. También, a la gente le interesa más y más encontrarse trabajando en condiciones incluyentes y que exista política de puertas abiertas. Las empresas en las que la gente prefiere trabajar son aquellas en las que el talento se aprecia sin importar la edad, la condición física, el género. A las personas les gusta estar en un lugar profesional en el que valgan más la competencia y los méritos que otros rubros.

En general, hoy en día los equipos de trabajo quieren ser tomados en cuenta y buscan un balance entre el goce y disfrute con el planteamiento de retos claros. Se valora más la posibilidad de hacer home office que una bicicleta de spinning en la oficina. ¿Quién en su sano juicio se pondría a pedalear en medio de la presión del cierre de mes? En cambio, políticas como horarios corridos, o facilidades para trabajar a distancia suelen ser muy agradables.

Claro, los beneficios no funcionan en general, deben de planearse en forma particular. Lo que a Google le funciona a una Startup tal vez le pueda chocar, lo que a Facebook le resulte una maravilla a un despacho de abogados le puede generar grandes conflictos. Lo mejor es tocar base con aquellos a los que queremos beneficiar. Porque, mucha gente prefiere echarse una siestecita en casa que, en la oficina; prefiere descansar con los suyos que quedarse a meditar en la oficina.

Una vez que entendemos qué es aquello que nuestra gente valora, entonces empatamos sus gustos y necesidades con los objetivos que pretendemos conseguir. No es un menú a la carta, es escuchar a los que tenemos con nosotros para generar un buen desempeño. La valoración siempre tiene que propiciar el balance entre la vida, el trabajo y los beneficios. Esa es la mejor fórmula para alejarnos de los disparates y las ocurrencias y lograr un verdadero incentivo.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

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