Es curioso, pero al platicar con directores, altos ejecutivos, dueños de empresas —con independencia de la edad, género, ramo industrial—, la mayoría se plantean con seriedad cómo afrontar el reto de dirigir para generar utilidades en un mundo que parece avanzar más rápido que nuestra capacidad para comprenderlo. En general, se plantean cómo llevar a cabo la transformación digital del negocio, en dónde se puede encontrar a los trabajadores más calificados y que a la vez sean leales y entusiastas, qué hacer para reducir costos y aumentar márgenes de rentabilidad. Claro, también se preguntan cómo mantener el equilibrio entre el trabajo y la vida fuera de él, sin dejarse engullir por la tentación de forjar identidad a partir de una nomenclatura o sin descuidar las responsabilidades. En fin, todos buscan herramientas que los ayuden a enfrentar los desafíos que tendrán en los próximos años.

Dentro de sus preocupaciones, está el poder anticiparse a los requerimientos del mercado, el correr al mismo nivel que la innovación tecnológica. Quisieran definir la capacidad, real y demostrada, para realizar con éxito su labor. Para ello, es necesario contar con competencias que nos ayuden a saber, es decir ciertos conocimientos específicos; a saber hacer a partir ciertas habilidades y saber estar, o sea, contar con las actitudes que aplicados en el desempeño de una determinada responsabilidad o aportación profesional, aseguran su buen logro.

En términos generales, cuando nos proponemos dirigir un proyecto y a un grupo de personas, debemos tener claro:

1.  ¿Qué es? Es preciso tener la capacidad de definir con mucha sencillez de qué se trata aquello que vamos a perseguir. Está capacidad de enunciación es la piedra fundacional sobre la cual se construye un propósito. El propósito es el elemento que aglutina, da cohesión y motivación al equipo de trabajo. Es el puente mismo que se debe cruzar para lograr la armonía necesaria entre los integrantes de un proyecto y es el principal fertilizante de la creatividad y el compromiso.

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El propósito es muy importante en el mundo laboral de hoy ya que los pertenecientes a la Generación X y los Millennials manifiestan sentirse más a gusto cuando su líder es una persona que va sujetando el timón del barco sabiendo cuál es el rumbo que se debe seguir y dándolo a conocer a su tripulación.

2. Capacidad para delegar y desarrollar talento. Los empleos hoy en día son cada vez menos cuadrados y en el futuro requerirán más habilidades de pensamiento crítico y será preciso un proceso de capacitación constante. El reto será, por tanto, alimentar ese talento para que germine. Saber delegar en los integrantes del equipo de trabajo tareas de responsabilidad, que lleven a un propósito particular que se sume al general. Mayor que el de los propios resultados, será una de las mejores formas de motivación, así como invertir en el desarrollo profesional, como aspectos claves para su retención.

3. Gestionar Talento. Una vez que hemos hecho que el talento florezca, ahora hay que cuidarlo. Los directores, ejecutivos y emprendedores tienen que aprender a contratar y gestionar el talento. Para ello, hay que cambiar el punto de vista. En lugar de centrarse exclusivamente en el salario o los beneficios, deben hacer de su organización la mejor plataforma de impulso posible. Propiciar una alianza donde, unos y otros, se apoyen para crecer y aumentar creatividad para construir poder innovador.

4. Voluntad para aprender cosas nuevas. Es verdad, los ejecutivos y los emprendedores quisieran encontrar la forma de estirar el tiempo para enfocarse más en sus responsabilidades. Pero, una forma de seguir vigente es seguir aprendiendo, abrir la puerta a nuevas maneras de hacer las cosas. Lo mismo da si es un nuevo programa, un idioma, un deporte, algo que no esté relacionado con el negocio. Se trata de generar apertura de mente que siempre trae grandes beneficios.

5. Uso activo y responsable de las redes sociales. La presencia activa en redes va a más allá del ámbito de la empresa. Los líderes deben ser visibles y deberán inspirar a ese nuevo talento que accede a estos medios. Sin embargo, tal y como expone Ryan Holmes, CEO de HootSuite, el 61% de los directores ejecutivos comete el error de no estar presente en estos canales. Se desaprovecha un canal de comunicación al que asienten empleados, proveedores, competidores, inversionistas, socios y probables interesados. Un líder tiene que ser visto para generar tendencia y debe estar ahí para enterarse de lo que sucede en el mundo virtual. Estar en las redes sociales ayuda a los líderes a dar a conocer su propósito y a dar a conocer cómo la organización trabaja para alcanzar sus objetivos. “Aspectos fundamentales para la creación, refuerzo y potenciación de la marca que como empleadores se quiere y debe impulsar, de cara a atraer el mejor talento “, según lo expresa Holmes.

Claro, las redes sociales son un cuchillo de doble filo si no se usan en forma adecuada. Para ello, el perfil debe ser eminentemente profesional. Sin compartir temas personales ni ventilar problemas o exhibir sentimientos. Para ello, hay que crearse un perfil personal y privado. No se deben de mezclar.

Por supuesto, una competencia indispensable para un CEO que quiera permanecer vigente es la reflexión y autodiagnóstico. Es decir, tener una mirada clara y profunda que sea capaz de identificar sus fortalezas y sus áreas de desarrollo, conocer sus capacidades y limitaciones en los roles que le tocan. Esa mirada debe ser objetiva para no caer en la autocomplacencia ni en el flagelo excesivo. Verse a sí mismo, a su proyecto y a su equipo significa conocer y estar atento. Sólo así, podremos estar preparados para aprovechar todas aquellas competencias que le permitan transitar exitosamente estos tiempos donde los cambios son rápidos y pendulares.

Estar vigente es mucho más que estar a la moda. Es ir a la vanguardia y generar tendencias, es tomar la batuta en las manos y marcar el ritmo. Pero, para ello, necesitamos saber qué melodía vamos a interpretar. Así transmitiremos el propósito a los demás y lograremos una exégesis virtuosa.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

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