Hoy, Jan Martí no sabe si fue un brote de locura o un gesto poético: cuando tenía 27 años renunció a su trabajo y decidió montar su propia editorial. Fundó Blackie Books. Y que conste: lo platico tal como él me lo contó una tarde calurosa de octubre.

 

Era 2009, y en la vida de Jan Martí todo parecía ir tomando forma. Tan sólo en el transcurso de ese año había sido contratado, en la plantilla de la editorial RBA —en su natal Barcelona—, como editor adjunto de las guías de viaje de National Geographic, tras varios meses de prácticas universitarias en la oficina de prensa, primero, y luego en el departamento de marketing.

Pero entre 2008 y 2009 algo pasó, algo cambió en él, una inquietud nació en su interior.

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Hoy no sabe si fue un brote de locura, si fue un gesto poético, o fue una decisión imprudente —producto de su juventud—. Lo que sí sabe, y de lo que está orgulloso y convencido, es que no se equivocó en seguir sus impulsos, en dar ese salto al vacío (y sin paracaídas) para modificar radicalmente su vida.

Cinco

Cinco

En efecto: Jan no sólo renunció a su trabajo, sino que decidió montar su propia editorial. Tenía 27 años, y, con esa edad, fundó Blackie Books.

Conste: se lo platico tal como él me lo contó una tarde calurosa de octubre.

—Para muchos de mi entorno fue una locura lo que hice —me dijo Jan, y soltó una carcajada—. Otros me dijeron que fue valentía. Yo le llamo inconciencia o, en todo caso, inocencia —añadió, y volvió a reír.

Jan intuyó una cosa: que había más gente como él, personas que querían otro tipo de libros, como los que precisamente le gustaban.

—No se malentienda —me explicó Jan, recordando sus inicios—. Cuando trabajé en RBA, me gustó mucho el medio, me gustó el oficio; sin embargo, me di cuenta que había libros que conocía o que había descubierto, muchos autores que a mí me gustaban, que no habían llegado a buen puerto o que no habían tenido la oportunidad de estar bien publicados o explicados de un modo diferente. Intuí también que frente a la rueda comercial tan potente de las grandes empresas, y frente a la burbuja económica (que se daba en la industria editorial en ese momento), había un trabajo que se podía hacer completamente de otro modo, poniendo énfasis en la calidad, en la lentitud, y en un criterio editorial diferente.

Jan no se equivocó: en 2009, dos de los cuatro primeros libros publicados se convirtieron en los mayores best sellers del sello, y estuvieron entre los más vendidos de ese año.

—A mí me parece que se creó, desde un inicio, una confianza que jamás hubiera soñado —me dijo Jan—. La confianza provino de las librerías independientes, de libreros, de periodistas y, sobre todo, de lectores.

Las reacciones y respuestas, de hecho, tomaron por sorpresa a todos, empezando por el propio Jan:

—De pronto —recordó— me vi recibiendo premios como emprendedor del año… ¡Una locura! Yo no tenía un plan empresarial, por ejemplo, ni cosas de ese tipo… No teníamos estrategia ni nada de eso. Supongo que lo que nos ayudó fue contar con unas redes sociales muy potentes, con las que ya trabajábamos antes de que surgiera la editorial. Muchos podrán pensar: “¡Ah!, es que tú eres muy bueno en marketing”; ¡no! Jamás estudié marketing; estudié filosofía…

Con lo único que contaba, en todo caso, era con la ilusión de saber que estaba haciendo lo que le gustaba, y con su intuición a prueba de fuego. Jan fue claro:

—Nada más eso: ilusión e intuición. Y mi gusto por los libros. Tenía un pequeño presupuesto que me iba a jugar, que era para editar cuatro libros. Era una gran apuesta, ya que si no funcionaban, me vería obligado a trabajar en otra cosa para devolver el préstamo —Jan sonrió—. ¿Sabes?, yo no soy rico, ni mi familia lo es. Así que tenía que funcionar… Además, me quería pagar un pequeño sueldo con todo esto.

Conquista

Conquista

Le pregunté si le había costado trabajo que lo tomaran en serio; después de todo —le dije—, suele provocar mucha suspicacia, en el mundo editorial, la juventud.

Jan soltó una risita. Luego dijo:

—En cierto sentido, sí me costó un poco. Tenía mucho miedo al principio, pues la gente más instalada en el engranaje de los libros no entendía nada de lo que yo les llevaba… Los distribuidores, en un inicio, me decían: “¿Qué es esto de los Simpson y la filosofía? Tráeme cien y ya veremos si los colocamos.” Para fortuna nuestra, se han vendido hasta este año unos 30,000 ejemplares de ese libro. Por supuesto, los libreros al principio también tenían dudas sobre nosotros. Tuvimos suerte de que se enamoraron del formato, es decir, del libro como objeto, porque a partir de eso me cuidaron…

Quise saber si, de algún modo, le sorprendió esta respuesta del gremio y de los lectores.

—Para ser sinceros, sí —me dijo—. Para mí fue algo impensable, como un sueño. Jamás imaginé que pasara eso, que en tan poco tiempo la gente (que ya conoce nuestros libros) confiara en nuestro criterio, en nuestro extraño criterio; pero, además, que coincidiera en nuestro gusto por el libro como objeto. Eso es lo que nos apasiona en Blackie. La gente los valora y los trata como nosotros queríamos que los trataran: como objetos valiosos.

—¿Desde un principio, Blackie nació con la idea de libro-objeto, o fue algo que se dio poco a poco? —le pregunté.

—Nació en seguida, nació con esa línea. Era el año en que la amenaza del e-book flotaba en el aire, así que a mí me invitaron a congresos que abordaban temas como la muerte del papel y esas cosas. A mí me parecía, y me sigue pareciendo, una falta de respeto hacia el libro: ¡es un objeto que lleva siglos existiendo! Para mí, el libro es inseparable en su formato y en su experiencia como objeto… Su lectura, la manera en la que uno lo comparte, lo presta, lo roba, lo colecciona… También en cómo lo vive a nivel de páginas, de duración, de recuerdos asociados a ese objeto. Pero, además, nuestros libros luchan contra la tendencia de hoy. Es decir, frente a la estructura actual de la industria, que está hecha para favorecer el impacto, el libro que funciona enseguida, que destaca, mientras deja a su paso un montón de cadáveres, un reguero de libros que son sustituidos lo más rápido posible; nuestros libros caminan paso a pasito. Nuestros libros son lentos, y muchos libreros han aprendido a respetar nuestros tiempos. Saben que de pronto tardan en salir, pero que, a la postre, pueden convertirse en un best seller.

Crónicas

Crónicas

—Una característica de Blackie es que recuperan textos pasados, que uno creía olvidados, incluso prácticamente perdidos. ¿También desde un inicio se propusieron esto?

—Sí, en lo absoluto. De los cuatro libros que salieron al principio, uno era de 1968, y tenía que ver con lo vivido en el 68; otro era del siglo XIX, un anónimo súper gamberro que estuvo prohibido en su época y que anticipaba el surrealismo. Uno más que era sobre los Simpsons y la filosofía, y, por último, las memorias de un cantante de rock, que al final van más allá de unas simples memorias. Para mí, los cuatro eran nuevos; yo los había descubierto reciente, y me parecían muy actuales en su lectura. O sea, lo que se desprende de ellos es completamente aplicable a nuestra realidad. Por ejemplo, publicamos hace poco el Cándido de Voltaire, ilustrado; a mí me parece absolutamente adecuado para el momento que vivimos…

—En eso tiene razón: “El optimismo es la manía de sostener, cuando todo va mal, que todo va bien”, decía Voltaire. Muy aplicable a este país, por otra parte…

—Ja-ja. A mí me parece absolutamente adecuado y necesario para el momento que vivimos. Pensamos en él porque es una nueva época y hay nuevos lectores. De algún modo se convierte en un libro nuevo… Mira, sé que suena pretencioso, pero a veces siento que tengo un pequeño poder con el que puedo… modificar ciertos aspectos… ¡O eso quiero creer! ¿En qué sentido lo digo? Bueno, de pronto algo como Blackie se pone de moda, se vuelve cool, así que, ¿por qué no convertir a Voltaire en alguien cool, a través de la lectura de Cándido? Nos gusta poner de pronto ese tipo de trampas. Entonces, sí, algunos de estos libros fueron maltratados en su momento o desafortunados: salieron en el lugar y momento equivocados. Son libros que me trasmiten más que lo que se escribe ahora. Son más transgresores de lo que se da ahora… Uno aprende mucho de todo eso… Así que en Blackie nos gustan los libros que son, de cierto modo, transgresores.

§§§

Una cosa es cierta: seis años han pasado desde que la editorial publicó el primer libro, y Blackie Books ya se ha consolidado, no sin ciertas dificultades. Eso sí: en nuestro país desembarcaron en diciembre de 2014, así que están a unas semanas de cumplir su primer año.

—En efecto —me confirmó Jan Martí—, las cosas no han sido fáciles. Empezando por el dinero: somos una editorial independiente, y eso también significa que jamás pedimos dinero al Estado, ni subvenciones o cosas por el estilo. Eso por un lado; por el otro, nos sentimos responsables porque hay cada vez más gente que nos conoce, que nos sigue, de la que tenemos su confianza.  No me atrevería a traicionarlos.

La pesca

La pesca

—Eso es mucho peso, ¿no?

—Lo es. Pero, ¿qué quiere que te diga? Nos gusta lo que hacemos. Soy fan antes que editor. Todavía no me siento editor, ni emprendedor. Amo los libros, y me gusta compartirlos. Fíjate, cuando me preguntan qué tienen en común tus libros, yo les digo que tienen una actitud. Hay una actitud siempre de posicionamiento ante la vida, particular, activo, consciente, profundo, crítico. También hay humor, al menos en la mayoría. Para nosotros el humor es importante, es una cosa muy seria. Es la mejor manera para enfrentarse a muchísimas cosas, incluso para aprender.

—¿Ves el oficio de editor como algo romántico?

—No. Nunca lo vi como algo romántico, la verdad. Eso es una trampa porque significa que lo haces por el bien de la literatura, o porque quieres salvarla, ja-ja. La verdad es que también lo haces para pagarte un piso, o para poder tener algo de dinero para otros libros que quieres editar. Sé que así como lo digo suena peor de lo que es, pero yo siempre lo he dejado claro: también hay que querer ganar dinero. No para ser rico, pero sí para ser consciente de lo que cuesta, de lo difícil que resulta esto, y, sobre todo, para invertirlo en el siguiente libro.

—A seis años, ¿cómo se encuentra la editorial?

—A nivel de estructura no hemos crecimos mucho. Somos seis personas. Otra cosa es la gran aceptación que tienen nuestros libros. La confianza que recibes te da permiso para arriesgar cada vez más. Y no sólo eso: te da acceso a mucha gente brillante que está creando cosas nuevas, o gente que te elige a ti para proponerte lo que está escribiendo, pues quiere que uno lo publique. Al principio, a lo mejor Blackie pudo parecer una moda, pero han pasado seis años y se ha visto que no; de hecho, ahora es algo más sólido: hay críticos de prestigio y medios importantes que nos respetan y nos toman en cuenta. Tenemos mucho cuidado de no caer en la burbuja o la rueda de lo nuevo que viene de Estados Unidos, el novelista de moda. Por supuesto, tampoco puedo dejar de mencionar que también tenemos ya una línea infantil y de ciencia. A los chicos les encanta.

—Un año cumplen en México. ¿Qué te motivó a saltar el charco?

—Me gusta el país. Quería que esto sucediera con México porque lo conozco, tengo amigos aquí, noté que había movimiento, pensamiento, mercado también, y sé que pueden pasar cosas. El objetivo es que se hagan cosas desde aquí, que Blackie transmita su espíritu, que signifique algo diferente aquí, y que además sea un puente para llevar algo de literatura de aquí para Barcelona. Allá, y no sé por qué, muy poca gente lee a mexicanos… tienen que ser súper consagrados o famosos para que los lean. Hay como una barrera, a la que yo no le veo sentido.

—Supongo que lo sabes, pero te recuerdo que en México no se lee… O eso dicen las encuestas…

—Ja-ja. Sí, es lo que se dice…

—Aun así, decidiste traer Blackie.

—Mira, todo lo que he dicho anteriormente suena muy naïf, lo sé. Porque justo lo que vengo a comprobar es que va a ser muy difícil entrar al mercado editorial mexicano: la estructura editorial es compleja y diversa. Pero lo vamos a intentar. Lo veo como algo intuitivo; veo a gente moviéndose, hay un ambiente cultural muy potente. La gente que yo conocí, me pareció muy crítica y ávida de cultura y lectura. Hay movida. Y tiene que pasar más. Creo que a largo plazo podemos ser lo suficientemente viables, autosuficientes. De hecho, y te lo confieso, ha habido un muy buen interés por nuestros libros. Pero tenemos que convencer a mucha más gente, lo sabemos. ¿Por dónde empezar? Bueno, por tratar de abaratar costos. Si es posible, imprimir aquí para bajar los precios. Mira, no vengo a cambiar el mundo, pero se pueden hacer cosas. Eso sí lo tengo presente.


Nota bene: Usted puede encontrar los libros de Blackie Books en los puntos de venta tradicionales. Todos son altamente recomendables, empezando por los cuatro primeros que vieron la luz: Do it! Escenarios de la revolución, de Jerry Rubin; Los Simpson y la filosofía, una recopilación de trabajos sobre el tema por varios autores. También Cosas que los nietos deberían saber, autobiografía de Mark Oliver Everett, creador de la banda estadounidense Eels. Además de El tutú, firmado por una tal Princesa Safo en el siglo XIX (aunque la identidad real sigue siendo un enigma). Desde luego, tampoco puede dejar de leer La canción de amor de Jonny Valentine de Teddy Wayne, o Lolito, de Ben Brooks. Podría seguir uno, pero más información en su página web o su Facebook.


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