“La lectura hace al hombre completo. La conversación lo hace ágil. La escritura lo hace preciso.”

Francis Bacon

 

Pese a los avances tecnológicos y las discusiones sobre la desaparición del papel, una realidad es evidente: nos siguen gustando los libros. Como objeto, sortilegio o símbolo de un momento trascendente en nuestras vidas.

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Nos encanta leer libros impresos, nos fascina el contacto con el papel y la tinta, gustamos de coleccionarlos, subrayarlos y releerlos hasta quedar dormidos. Hacerse de una biblioteca personal y buscar aquellos libros difíciles es una tarea aún recurrente en estos tiempos de facilidades mercantiles en los que, con una tarjeta y los suficientes pesos, uno puede hacerse de la mayoría de sus anhelados libros.

Sin embargo, hay textos y editoriales que saben escoger los libros que van a publicar, que se esmeran en cada detalle de un ejemplar, saben del gusto casi neurótico de un lector apasionado y lo suficientemente avezado. Caja Negra es una editorial argentina que tiene entre sus títulos algunas joyas de quien es seguidor de la música, la filosofía o la cultura subterránea y transgresora. Encargar un libro de la editorial implicaba un desembolso considerable debido a los costos por transporte e impuestos.

Al saber que Caja Negra llegaría a distribuirse en forma en México por primera vez, lo primero que me llamó mucho la atención fueron los autores y sus respectivos textos. Es una sorpresa saber que se están traduciendo al español libros atípicos de Mekas, Reynolds, Waters, Feldman y Burroughs, entre muchos otros.

Platicamos con Ezequiel Fanego y Diego Esteras, los editores de Caja Negra, quienes recientemente ganaron el galardón a Editores del Año en el marco del Premio a los Profesionales del Libros, para que nos contaran los pormenores de la llegada de esta editorial a nuestro país.

 

Ricardo Pineda: ¿Cuál es el objetivo de Caja Negra con este tipo de empresa editorial?

Ezequiel Fanego: Siempre consideramos que nuestra tarea como editores era volver visibles y viralizar cierto tipo de información, cierta escritura y tradiciones relegadas por los flujos de información mayoritarios. También nos interesa especialmente la idea de ir construyendo una red conceptual entre los textos que vamos publicando, una suerte de discurso o relato editorial, en que cada nuevo libro y autor retoma donde dejó alguno anterior, expandiendo sus búsquedas e interrogantes.

 

RP: ¿Cuál es el criterio editorial de Caja Negra? ¿Qué aspectos se evalúan para considerar la publicación de un libro?

EF: El criterio de selección con el que elegimos los libros es, en un primer momento, bastante elemental: el reflejo de  nuestras lecturas e intereses. Y este sesgo subjetivo le otorga a nuestro proyecto una de sus principales características: la de ser algo así como la galería de nuestras propias obsesiones y, por lo tanto, tener la lógica de una biblioteca personal, la sintaxis del coleccionismo de objetos, con libros que se agrupan de una manera aparentemente caprichosa, pero que esconde conexiones internas, más esquivas o sutiles que las clasificaciones de género, regionales, epocales o idiomáticas, que por lo general suelen organizar las librerías o los catálogos editoriales.

“También nos preguntamos sobre la manera en que ese libro integra nuestro catálogo, si puede formar parte de un discurso comprensible, si articula una sintaxis editorial razonable.”

 

RP: Uno de los aspectos por los que algunos lectores mexicanos nos lamentamos es el costo de importación. Eso parece haber cambiado con una distribución vía Sexto Piso. ¿Se editarán ediciones mexicanas? ¿Disminuirá el precio?

EF: Por el momento no haremos ediciones mexicanas, pero ya hemos probado ese sistema en España con buenos resultados, así que no descartamos hacer lo propio en México en el futuro. Estamos trabajando muy cuidadosamente con la asesoría de Sexto Piso para llegar a unos precios que sean competitivos en el mercado mexicano.

 

RP: ¿Cuándo surge Caja Negra y cómo les ha ido como empresa en Argentina?

EF: Caja Negra Editora surgió a fines de 2005, con la publicación de El arte y la muerte de Antonin Artaud, y Acephale, un libro que reunía los cinco números de una revista que dirigía George Bataille, pero surgió como proyecto varios años antes, producto del encuentro entre dos personas con un pasar muy errático e incierto en la academia, y con la necesidad vital de generarse un espacio de trabajo estimulante.

“Estamos muy conformes con cómo nos ha ido en Argentina. Sentimos que logramos construir de a poco, título a título, un tipo de discurso editorial, un discurso legible, que conquistó ciertos espacios de visibilidad a partir de los que encuentra día a día a sus lectores, y que con muchos de ellos hemos logrado generar una relación sostenida en el tiempo, un vínculo que se basa más en la línea editorial que venimos siguiendo que en un solo libro en particular.

“También a partir de autogestionar nuestra distribución y difusión hemos logrado establecer una red muy efectiva que incluye librerías, actividades, trabajo de prensa y promoción, y que nos ha permitido conquistar un espacio interesante en el mercado editorial.”

 

RP: Sería genial tener todos los títulos y comenzar a tener novedades de este lado.

EF: Ya hemos hecho un primer desembarco con todos nuestros títulos disponibles del catálogo, y la idea es, a partir del trabajo conjunto con Sexto Piso, ir poco a poco estableciendo una presencia constante de nuestras novedades en librerías y lo más simultáneamente posible respecto de su salida en Argentina.

 

RP: ¿Qué aporta Caja Negra en este famoso y recurrente panorama de descargables, escasas ventas, vida cara y desinterés cultural?

Diego Estera: Esperemos que algo de imaginación de larga duración. ¡Ojalá que así sea! –contesta Diego Esteras.

 

RP: Si pudiéramos hablar de un texto emblemático que sintetice mejor lo que Caja Negra ofrece al lector, ¿cuál sería?

DE: En un sentido general, el texto que mejor sintetiza el espíritu de nuestra propuesta es el  catálogo en su conjunto. En un sentido más concreto, y a fuerza de tener que elegir alguno, podríamos decir que es Después del rock, de Simon Reynolds. Y sobre todo por dos motivos: primero, porque ahí Reynolds formula y trabaja sobre una idea que perseguimos con convicción: que la literatura es un tónico que multiplica los estímulos e intensifica nuestro vínculo con el mundo, y luego, porque con ese libro abrimos toda una línea de trabajo con aspectos novedosos, si consideramos la disponibilidad previa que había en español de libros sobre crítica musical, con lo cual ejercíamos lo que, entendemos, es una de las mejores cosas que podemos hacer como editores: trabajar por la promoción de valores no consensuados por los cánones de la cultura.

 

RP: ¿Cuál es el libro que más dificultades ha tenido para salir?

DE: Recuerdo cómo sufríamos cuando los primeros libros que hacíamos no salían de la imprenta tal y como los habíamos imaginado. En aquellos primeros años de la editorial teníamos bastante ignorancia industrial, y eso nos ocasionó más de un dolor de cabeza. Pero sin dudas los libros más difíciles fueron los dos primeros (Acéphale y El arte y la muerte, que salieron juntos). Desde que decidimos embarcarnos en la creación de un sello editorial hasta que publicamos los primeros libros pasaron dos años de mucha investigación, estimulantes, pero también de dudas e incertidumbre porque era la primera vez para un montón de decisiones que teníamos que tomar. El punto cúlmine de las dificultades: la imprenta se equivocó en el color de la tapa de El arte y la muerte y en el papel de interiores, así que los primeros mil ejemplares de uno de nuestros dos primeros títulos los tuvimos que romper. En el inicio de Caja Negra hay un crimen.

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RP: ¿Qué hay en la congeladora? ¿Qué libros vienen en camino?

DE: En lo que resta del año publicaremos cuatro libros más. Dos de ellos, en una continuidad muy clara con lo que venimos haciendo hasta ahora:

“Generación Hip-Hop. De la guerra de pandillas y el grafiti al gangota rap, de Jeff Chang, uno de los libros más emblemáticos sobre el origen del hip-hop y la trayectoria que lo disparó del ghetto del Bronx al centro de la cultura de masas.

“Carsick, de John Waters, quien a los 65 años decidió hacer un experimento hermoso: cruzar Estados Unidos de aventón, de Baltimore a San Francisco. El resultado de esa aventura es este road book que nos permite continuar con otro libro del autor, luego de la publicación de Mis modelos de conducta.

“Los otros dos libros de 2014 forman parte de una nueva colección que inauguraremos este año, Futuros Próximos, con la idea de hacer un tête à tête (frente a frente) crítico con nuestro tiempo presente, y proponer una serie de libros que nos ayuden a leer el mundo que nos rodea y, sobre todo, a sobrevivir en él.  Es una colección de ensayos, de un tipo de crítica cultural expandida que abarca por igual los fenómenos estéticos, políticos, tecnológicos y las patologías anímicas del presente. Con esta colección pretendemos promover también un estilo de escritura, un tipo de intervención fragmentaria y veloz del tipo guerrilla que caracteriza al ensayo breve. Los dos libros que tenemos definidos para este año son Los condenados de la pantalla, de una discípula de Harun Farocki, Hito Steyerl, y una colección de ensayos sobre arte, política y medios, del crítico Boris Groys.”

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Contacto:

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