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Industrias Cavalier le cuenta a Forbes México sus planes para entrar al mercado de la ropa casual que domina el gigante español Inditex.

 

Video y fotografías: Julio César Hernández

 

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La empresa mexicana Industrias Cavalier vivía una época dorada a inicios de la década de los noventa del siglo pasado. La confección de trajes pertenecientes a reconocidas marcas mundiales como Christian Dior la hacían prosperar en el mercado nacional. Sin embargo, la firma francesa decidió cancelar sus licencias en todo el mundo durante 1995, y México no fue la excepción.

El estallido de la crisis económica que culminó con la devaluación del peso mexicano y el cambio en las políticas comerciales de Dior conformaron la tormenta perfecta que terminó con la racha ganadora de Cavalier. La compañía estaba en problemas.

“Fuimos licenciatarios a partir de 1973 de la marca Christian Dior, la cual es una de las más importantes en el mundo. Cuando Dior decidió retirar la licencias a nivel mundial varias marcas quebraron”, relata en entrevista con Forbes México Miguel Levy Amselle, director general de Industrias Cavalier y nieto del fundador de la empresa mexicana.

A pesar de lo difícil que resultó remar contra la corriente, Cavalier logró sobreponerse a la adversidad de esa época. La adquisición de nuevas licencias internacionales y el lanzamiento de una marca propia constituyeron un modelo que los ha llevado a prosperar.

Hoy, la compañía centenaria genera ventas anuales por 50 millones de dólares (mdd), mientras que la marca Cavalier representa la tercera parte de las ventas de tiendas departamentales como Liverpool, Palacio de Hierro y Sears.

El reto actual es llegar al mercado de la ropa casual con su nueva marca  C Cavalier. Un terreno que es dominado por Zara, la joya de la corona de la española Inditex.

“Con ese tipo de diseños, con ese tipo de atrevimiento y avance en la moda, pero con mucho mejor calidad, queremos darle una opción al mercado joven que busca una marca mexicana, pero con mucho más moda y mucho más accesible”, explica Eric Levy Witemberg, director comercial de Industrias Cavalier.

El diseño del negocio

La búsqueda de oportunidades laborales llevó a un joven francés a emigrar a México en la primera década del siglo XX. Su nombre era León Levy, abuelo del actual director de Industrias Cavalier.

Un pequeño local de un piso en la esquina de Madero y Gante, en el centro de la Ciudad de México, se convirtió en la primera tienda de lo que más tarde sería la firma.

“Originalmente era una empresa de retail”, dice Miguel Levy.

La buena estrella del negocio no tardó en brillar para el migrante galo. La alta demanda de su producto hizo que, en 1917, el pequeño local se convirtiera en un edificio de 6 pisos.

Los trajes en aquél momento eran un trabajo que requería paciencia  en su elaboración por parte de los sastres. Hasta cuatro integrantes de una familia  tardaban alrededor de 17 horas seguidas en confeccionar la vestimenta formal.

Para 1949, la segunda generación de la familia Levy decidió construir su primera fábrica en el Distrito Federal y seis años después construyó la segunda en Coyoacán.

“La sastrería industrial estaba apenas en sus inicios en México y quizá la nuestra fue una de las primeras que hubo de este tipo”, comenta Levy Amselle.

En el otoño de 1969, nació la marca Cavalier y  de ese modo se inauguraba el inicio de la segunda etapa más importante de la empresa como distribuidora de prendas, ya que produciría con su propio sello.

Actualmente, la empresa cuenta con una planta productora de sacos y una dedicada a los cortes de tela, ambas instalaciones ubicadas en la capital del país, mientras que una fábrica de pantalones opera en Aguascalientes.

La época en que los trajes se fabricaban en 17 horas llegó a su fin y hoy la sastrería industrial de Cavalier maquila miles de trajes diarios, con ventas que han mantenido crecimientos constantes en los últimos años.

“Hoy en día hay mucho mayor competencia: primero la hubo a nivel de la producción, después a nivel de distribución y, cuando se abrieron las fronteras, la competencia a nivel de la prenda ya terminada”, dice Miguel.

Para la familia fundadora del negocio ha llegado la hora de asumir mayores retos con la diversificación de su mercado tradicional de ropa formal y su llegada al vestido casual.

 

Consolidación del imperio

La producción de suéteres, chamarras, pantalones chinos y chamarras de piel de C Cavalier iniciarán esta temporada otoño-invierno.

“La consolidación como un distribuidor de ropa se basa en la creación de una marca, es el paso que se da al pasar de una empresa maquiladora a una empresa distribuidora que presenta colecciones”, argumenta el director general de la empresa textil.

Uno de los pasos para lograr este objetivo es desarrollar equipos de diseñadores nacionales como los que tienen las empresas que vienen del extranjero, reto que no sólo tiene Cavalier, sino la industria mexicana.

Un ejército de 250 personas que trabajan en el área de comercialización y promotores que están en el piso de venta son quienes enfrentarán una batalla de marcas en las tiendas con la bandera de la empresa mexicana.

Y el terreno parece estar preparado para Cavalier. Las ventas anticipadas que han realizado a las tiendas departamentales muestran un saldo positivo, por lo que los directivos de la compañía proyectan un crecimiento en las ventas de entre 15 y 20% durante 2015.

Eric Levy descarta por ahora la ampliación de las plantas con las que cuenta la empresa familiar, aunque acepta que la nueva producción será apoyada a través de la contratación de maquila externa.

Además, asegura que seguirán en la búsqueda de nuevas licencias de marcas provenientes del extranjero.

Actualmente, Industrias Cavalier manufactura las marcas Theo Frazier, Givenchy, Tommy Hilfiger, Austin Reed, Cremieux y Strellson, las cuales se exportan a Estados Unidos y Canadá.

Levy Witemberg tiene una certeza y una esperanza para la nueva generación que encabeza en el corporativo fundado hace cuatro generaciones: “Los trajes se usan para toda la vida, y estoy convencido de que seguirán quintas y sextas generaciones en el negocio, porque es una industria muy noble”.

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Foto: Julio César Hernández.

 

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