Hasta hace unos días lo ignoraba. Es más, nunca había oído hablar del tema. Dulce, de 28 años, no oculta su sorpresa al enterarse de por qué las flores de cempasúchil que cada año pone en su ofrenda no duran mucho más allá del Día de Muertos: están hechas para que no duren. Son flores cuya semilla ha sido mejorada en China, Estados Unidos, Japón o India para aumentar el número y tamaño de sus flores, para que tengan colores más intensos y ciclos de cultivo más cortos, para reducir los aceites que le dan el olor característico, pero que no dan semilla, y si la llegan a dar, pueden no ser viables.

La flor de cempasúchil es considerada como símbolo de identidad nacional. Es endémica del continente americano y se compone de 58 especies, de las que 35 habitan en México, por lo que nuestro país es considerado como centro nativo del cempoalxóchitl (su nombre en náhuatl). La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) refiere que hay “evidencias arqueológicas (que) indican que el cempasúchil se domesticó y era usado en Mesoamérica desde hace 3000 mil años”. Es una flor muy mexicana, pero que ha sido tomada por países como China, que hoy es potencia en su producción.

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Venta de cempasúchil en el mercado de plantas de Xochimilco, CDMX. 14 de octubre 2021. Foto: © Andrea Gama Del Valle | Forbes México

“La tradición de las culturas mesoamericanas alrededor del cempasúchil la asociaron principalmente al uso ceremonial religioso en las celebraciones del Xantolo para Día de Muertos, ya que consideraban que sus flores representaban al sol y servían para iluminar el camino de las almas en su peregrinar hacia el inframundo. Así, nuestros campesinos mantuvieron la tradición de cultivar pequeñas parcelas y huertos familiares para proveer de flores a sus familiares difuntos”, indica la Sader. Sin embargo, hoy esa producción se hace en gran medida con semilla extranjera.

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Las flores de cempasúchil y macetas que cada octubre y noviembre tapizan avenidas como Paseo de la Reforma, adornan ofrendas y panteones, oficinas y supermercados, son cultivadas con la especie conocida como Marigold, explica a Forbes México Javier de la Rosa, pequeño productor de la zona chinampera de Tláhuac, alcaldía ubicada al suroriente de la Ciudad de México. “Tenemos entendido que se creó en China y en India, es una variedad asiática y está desplazando a la variedad nativa. Esta flor no da ningún tipo de semilla”.  

Javier es la tercera generación de su familia que cultiva flor de cempasúchil con el método de la chinampa. “Nos hemos dado cuenta de que de 2010 o 2013 a la fecha, se ha masificado la venta de cempasúchil tipo Marigold, que solamente es de uso ornamental, después se tira a la basura. En Tláhuac, la gente que siembra cempasúchil ha dejado de lado el cultivo con semilla tradicional por este tipo de cultivo y se debe principalmente a las necesidades del mercado: la gente busca la variedad de maceta para su casa o su oficina en Día de Muertos”.

Los productores de Tláhuac y Xochimilco optan por este tipo de semilla no solo por la demanda del mercado, precisa Javier, también porque en los programas de apoyo al campo que implementan las autoridades se les piden facturas que comprueben la compra de semillas. “Es mucho más fácil facturar una semilla importada que es de una empresa, porque el señor de la chinampa no te va a dar factura por la semilla que saca todos los años. Incluso el gobierno incentiva el cempasúchil de maceta, yo creo que más que nada por desconocimiento”.

Ante el auge de la semilla extranjera industrializada para la producción del cempasúchil en México, Javier de la Rosa ha impulsado un consumo consciente. “Nosotros tenemos la propuesta de que, al no poder cambiar las necesidades del mercado, la gente consuma otra especie de cempasúchil que su nombre científico es Tagetes patula, es hermana del cempasúchil. Le llaman clemolito y es una flor que sí se ha estado modificando naturalmente para que también cada vez salga con más pétalos, totalmente natural y que no sea nociva”.

Flor de cempasúchil clemolito. Foto: Cortesía Javier de la Rosa

El doctor en Ciencias Biomédicas por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), José Luis Sánchez Millán, precisa que las plantas de cempasúchil de maceta son hembras, esto quiere decir que no producen semilla, y si la producen, pueden no ser viables para su germinación.

El ataque del Dragón rojo

México no solamente está importando parte de la semilla con la que cultiva la flor de cempasúchil ornamental para la temporada de Día de Muertos. En realidad, su desplazamiento por parte de otros países, principalmente China, empezó antes. De 1960 a 1990 empresas mexicanas con liderazgo internacional controlaban la agroindustria de los carotenoides de la flor de cempasúchil en México. Los carotenoides son un pigmento natural que se extrae de la flor y se usa en la industria avícola, farmacéutica y de cosméticos, principalmente.

La piel de los pollos no es amarilla, como tampoco lo es la yema de huevo. Éstas se pintan con pigmentos extraídos del cempasúchil como la luteína y zeaxantina. El doctor Sánchez Millán explica a Forbes México que para obtener los pigmentos, se deshidrata la inflorescencia (flores) de cempasúchil, se macera y se obtiene harina, a la que se le extrae el pigmento con un disolvente orgánico. “Lo que se obtiene es una oleorresina, que tiene una alta concentración de carotenoides”.

De acuerdo con el investigador de la UNAM, actualmente el valor de mercado del pigmento que se obtiene a partir del cempasúchil está entre 25 y 26 centavos de dólar por gramo. Estimaciones del también investigador de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán indican que México importa aproximadamente 100 millones de gramos de pigmento al año (90% procede de China). A un costo de 26 centavos de dólar por gramo, estaríamos hablando de una inversión de 26 millones de dólares que México destina a importar un producto derivado de una flor de la que es centro nativo en el mundo.

Un reporte de junio de 2018 de la consultora BBC Research, señala que en 2017 el mercado mundial de carotenoides alcanzó un valor de 1.5 mil millones de dólares y para 2022 se espera que incremente a los 2 mil millones de dólares. Visionarios como son, resalta el doctor Sánchez Millán, los chinos detectaron la oportunidad económica de esta agroindustria y en los primeros años del siglo XXI empezaron a despuntar. “Los chinos le han metido mano (a las variedades de cempasúchil) en términos de fitomejoramiento para producir flores más densas y con más cantidad de pigmento”.

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En cinco años pasan de (tener flores con) 20 a flores con 26 gramos (de pigmento). En términos de la genética clásica eso no se logra en tan poco tiempo, se requiere de más. Lo más probable es que le metieron mano desde el punto de vista de la modificación genética. En muy poco tiempo obtuvieron variedades de alta concentración”, señala. En 2008, él y un equipo de investigadores encontraron una variedad de cempasúchil en Huauchinango, Puebla con 18 gramos de concentración de pigmento, pero en México esta agroindustria decayó desde finales de los años 90 y hoy solo produce con fines ornamentales para Día de Muertos, y con semilla extranjera en muchos casos.

¿Por qué China desplazó a México como un productor industrial de cempasúchil? Se le pregunta a la Sader. La respuesta: empresas mexicanas que de 1960 a 1990 controlaron la agroindustria del cempasúchil (como Bioquimex, Alcosa, Prodemex) “empezaron a trasladar su esquema productivo a países como China, Perú e India, considerando la ventaja comparativa que representaba en ese momento la mano obra más barata y abundante en esos países”. Hasta hoy la pizca de la flor de cempasúchil se realiza de manera manual, lo que incrementa sus costos de producción.

“El conocimiento generado por los productores mexicanos durante muchos años sobre el manejo del cultivo y variedades de uso tradicional, fue la base para el establecimiento de grandes extensiones de plantaciones de cempasúchil (Marigold en inglés) en China, las cuales eran cosechadas manualmente por la abundante y barata mano de obra de ese país. Como complemento al desarrollo de mejores variedades rendidoras y ricas en pigmentos, en ese país se llevó a cabo el mejoramiento de procesos agroindustriales para la extracción de luteína y zeaxantina”, agrega.

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Flor de cempasúchil tipo Marigold. 14 de octubre 2021. Foto: © Andrea Gama Del Valle | Forbes México

Sánchez Millán recuerda que “a finales de los 90 y principios de los 2000, varias de estas empresas mexicanas, por una serie de razones, entre otras por la falta de investigación y desarrollo de variedades y de costos de producción (mano de obra), se van a sembrar a China. En ese entonces la mano de obra china era muchísimo más barata que en México”. El resultado de la historia: la producción de cempasúchil para la industria de los carotenoides se vino a pique en México, despuntó en China y México se hizo importador, pese a que gran parte del mercado de está aquí.

Hoy México sólo produce flores de cempasúchil con fines ornamentales (para uso en Día de Muertos). Si bien de 2015 a 2020, según informó la Sader a Forbes México, “la producción de cempasúchil se ha incrementado 7.5%, al pasar de 17 mil 163 toneladas a 18 mil 464 toneladas”, ha dominado en los últimos años el uso de semilla extranjera o industrializada, como la conocen los propios productores de Xochimilco, quienes adquieran las semillas a Grupo Akiko, “fundada en la Ciudad de México en 1990 por la ingeniera Akiko Ma. Eugenia Lee Basurto, representando 2 compañías holandesas dedicadas a la venta de bulbos y plántulas para la producción de diversos cultivos en maceta”, según describe la empresa en su sitio de internet.

Fuente: SADER

Recuperar lo nuestro

Es notorio el cariño que el doctor Sánchez Millán tiene por la flor de cempasúchil. Incluso ha estado en China y ha visto la flor de muertos en manos de los chinos: “al ver mi cempasúchil en manos de los extranjeros, yo que soy mexicano todo el año, fue un choque de emociones muy fuerte”, confiesa. El investigador de la UNAM ha trabajado para generar variedades de cempasúchil con más y mejores aptitudes para la agroindustria de los carotenoides. Las flores ornamentales, dice, no funcionan para reactivar la agroindustria de los carotenoides que México perdió. Sin embargo, confía en que el país recupere su lugar.

Es optimista: ingresó un proyecto ante el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) para producir, entre cinco y siete años, híbridos con alto rendimiento para la agroindustria de los carotenoides; también ha sugerido crear un Sistema-Producto para el cempasúchil, así como lo hay para el maíz, melón o aguacate, entre otros productos. “¿Qué es esto? Conformar una cadena de valor donde están integrados los productores de la materia prima, las empresas que lo transforman y el mercado, los compradores”.

Pero también es realista: “se ha hecho muy poco en México desde el 2000. Yo tuve una experiencia con un funcionario de muy alto nivel del sector primario. Después de que estuvimos una hora platicando este asunto, me dice ‘no sabía que el cempasúchil fuera tan importante’. Se me cayó la quijada. Me sentí que se me abría un hoyo en el piso: si estoy con la cabeza del sector y me dicen eso, a dónde vamos”. Cuenta también que una institución pública, de la cual se reserva el nombre, piensa en “crear un laboratorio de muy alto nivel especializado en pigmentos”, pero, acota, “es un pequeño eslabón de toda una cadena de valor”.

El doctor José Luis Sánchez Millán, de la UNAM, trabaja en mejoramiento de cempasúchil. Foto: Cortesía

¿México tiene el potencial de retomar la producción de cempasúchil con fines industriales? Se pregunta a Sader, y responde: “México posee todas las condiciones climáticas, agroecológicas y la experiencia técnica para retomar la siembra de cempasúchil con fines agroindustriales, como lo demostró por muchos años en el pasado.  El reto ahora es producir cempasúchil de manera continua en el año, no solo para industria de los suplementos alimenticios para peces y ganado; sino (también) para múltiples usos como el culinario y en buenas prácticas de nutrición, que es un área que se ha estado detonando gradualmente, para que sea consumida como alimento en diferentes platillos. Para productos medicinales y de la salud, así como cosméticos y otros muchos usos”.

¿Qué se ha hecho al respecto? Se le vuelve a cuestionar. “Se ha conformado el Comité Sectorial de Recursos Genéticos para la Alimentación y la Agricultura (CSRGAA), por acuerdo publicado en el Diario Oficial de la Federación por el titular de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo rural en 2021,  en el que se incluye al Subcomité de Recursos Genéticos Agrícolas, que integra la red cempoalxóchitl, cuya misión es la colecta, conservación y  aprovechamiento sustentable del cempasúchil nativo de México, proyecto que cuenta con  la existencia de un banco de germoplasma de 2,000 muestras de semilla colectadas en la mayor parte de los estados del país donde crecen silvestres las diferentes especie del género Tagetes”, indica.

Y añade: “se realizan trabajos de mejoramiento genético en algunas instituciones de investigación y educativas, con la participación de agricultores locales para rescatar, conservar y mejorar sus variedades locales, como una opción para mejorar sus ingresos económicos mediante la generación de nuevas variedades adaptadas a sus regiones. Se cuenta con cinco variedades de cempasúchil con título de obtentor y 30 variedades inscritas en el Catálogo Nacional de Variedades Vegetales del Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas (SNICS)”.

El investigador Sánchez Millán opina al respecto: “en México hay material criollo que con un poco de fitomejoramiento podemos estar al nivel de las variedades chinas. Aquí tenemos también la ventaja de que hay algunas regiones del país en donde por lo menos se pueden generar dos cosechas al año (…) Nosotros tendremos que entrar al mercado (de los carotenoides), si pudiéramos entrar al vendiendo oleorresina a 20 centavos de dólar el gramo, le aseguro que nos voltean a ver. Eso, créanme, no es tan difícil de hacer”.

Cempasúchil, parte de la identidad y cultura nacional. Foto: Andrea Gama Del Valle | Forbes México

Mientras tanto, una empresa china que produce cempasúchil para la industria de los carotenoides y vende pigmento a empresas avícolas mexicanas ya está en México. Se trata de Guangzhou Leader Bio-Tecnology, que produce seis mil hectáreas de cempasúchil en China. Su matriz está en la región de Guanjzhou y desde 2016 tiene un centro de distribución en Celaya, Guanajuato, donde se asienta una de las mayores empresas de la industria avícola: Bachoco. Los chinos ya pintan los pollos y los huevos de empresas mexicanas… y en su propio territorio.

El mercado está en nuestra casa. Tanto el uso industrial como el ornamental, a diferencia de otros proyectos de desarrollo e investigación, no hay que buscarles mercado, nacen con mercado. En el momento en el que alguna empresa mexicana llegue a Celaya con un tráiler con 100 tanques de oleorresina (de cempasúchil) a 20 centavos de dólar, (las empresas de la industria avícola) se la arrebatan a ese productor”, dice el doctor Sánchez Millán.

El cempasúchil para nosotros en México es fuente de ingresos, fue una agroindustria muy importante, pero también es parte de nuestra cultura, es algo que tenemos muy arraigado, no es exótico para nosotros, es algo que traemos en la sangre y es una pena que por falta de visión, y otras cosas, no se tengan los apoyos necesarios para tener nuestra agroindustria del cempasúchil”, lamenta.

Javier de la Rosa, productor local de Tláhuac, se suma a la reflexión: “esto representa la pérdida de nuestra identidad, de nuestra cultura, de nuestra biodiversidad. El cempasúchil es una de las flores más representativas de México, y es nativa de América, ni siquiera es asiática. En México se estuvo modificando naturalmente durante tal vez miles de años y logramos una flor muy bonita que ahora prácticamente nos las están robando”.

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