Por Oscar González Escárcega

Este viernes 16 de enero se celebra el año nuevo chino; con ello, el año del gallo concluye e inicia el año del perro de tierra, que de acuerdo con el horóscopo de la nación asiática, es propicio para hacer negocios, “pero de ninguna manera proyectos utópicos o fuera de las capacidades de los participantes”.

Especialistas en comercio coinciden en que es viable la previsión señalada en el horóscopo chino para el país asiático (el Banco Mundial estima un crecimiento de 6.8% en 2018 para este país), pero ven complicado que México se beneficie de ello, pues más allá de tradiciones y creencias milenarias, comentan, se requiere que nuestro país tome en serio su relación con China para aprovechar el boom de su economía y competir con este país en mejores condiciones.

“La relación México–China formalmente está bien, pero en términos reales está muy tensa a falta de una estrategia a corto, mediano y largo plazos por la falta de profesionales dedicados a China, tanto en el sector público como en el privado; inclusive en el sector académico han sido muchos los retos que se han acumulado en los últimos 10 años y que no se han solucionado”, dijo a Forbes Enrique Dussel Peters, coordinador del Centro de Estudios China–México de la UNAM.

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Para Enrique Dussel, las oportunidades de inversión están altamente desaprovechadas. México por ejemplo, sólo captó de China entre los años 2000 y 2016 poco más de 3,000 millones de dólares (mdd) de Inversión Extranjera Directa (IED), mientras que Brasil, nación perteneciente a los BRIC, captó casi 55,000 mdd.

“Los partidos políticos, las instituciones públicas y privadas del país necesitan invertir mucho más en conocimiento sobre China. ¿Qué partido político tiene un posicionamiento sobre China? Yo no lo conozco. Mientras no tengamos a personas e instituciones que trabajen 26 horas diarias sobre China vamos a seguir en una relación ‘formal y adecuada’, pero sin que se concrete una asociación estratégica-integral como se buscó en 2013. Les podríamos vender casi cualquier cosa, pero incluso el tequila requiere un enorme esfuerzo de posicionamiento”, aseguró Dussel.

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Un segundo factor que ha impedido aprovechar la relación México–China, a consideración de los expertos, ha sido la falta de un verdadero modelo industrial mexicano, que lleve a México a ser más que un país de paso de bienes intermedios entre Estados Unidos y China.

“Hay una estimación del componente de valor agregado de bienes intermedios y bienes finales producidos en México y exportados a Estados Unidos desde que inició del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN); ésta nos dice que 50% de los bienes importados por México desde China se utilizan para ser reexportados a Estados Unidos”, explicó a Forbes Simón Levy, socio fundador de Agendasia.

Levy alertó sobre las inversiones chinas que han salido de México y que no regresan debido a que los procesos productivos han mejorado mucho en el país asiático, por ejemplo en el área logística, en temas de transacción y de manera particular en la integración de China con otras naciones del sureste asiático.

“México, en cambio, ha perdido posiciones importantes en su capacidad exportadora, de integración y de generación de valor agregado para transformar el modelo maquilador y crear una verdadera plataforma de un modelo industrial mexicano”, aseguró Levy.

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En 2016, Feng Xiaoming, representante en jefe del Consejo Chino para la Promoción del Comercio Internacional en México, comentó a Forbes que la escasez de mano de obra calificada en México, impulsaron a empresas como Huawei a trasladar áreas estratégicas a países como Panamá.

“En el caso específico de Huawei, el problema consiste en que esta empresa requiere de profesionistas muy especializados que necesitan traer de China, porque en México no existen los suficientes”, dijo Xiaoming en su momento.

Para Simón Levy, México desperdició la oportunidad para pasar de ser un país manufacturero y maquilador, a ser un país que ofreciera verdadero valor agregado con inversión en talento y capital humano, resultando en una pérdida de competitividad. Él lo llama, “pasar de la manufactura a la mente-factura”, para competir de tú a tú con China y, en algunos aspectos, ser un aliado del dragón.

 

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