El 23 de enero México hizo publica su postura ante la autoproclamación de Juan Guaidó, líder de la Asamblea Nacional de Venezuela, como presidente interino de la república: “México no participará en el desconocimiento del gobierno de un país con el que mantiene relaciones diplomáticas”. La respuesta, se interpretó como que México seguía reconociendo a Nicolás Maduro como su interlocutor al frente del Ejecutivo venezolano.

El juramento del cargo de Guaidó fue tachado de golpe de Estado por parte del régimen chavista, mientras que los opositores alegaron estar cumpliendo con la Constitución ante la usurpación del poder que perpetró Maduro en las elecciones de 2018.

La reacción del gobierno de México fue la puesta en práctica de una de sus principales aportaciones al Derecho Internacional desde los años 30: la Doctrina Estrada o cómo el país debe actuar ante la destitución de regímenes o gobiernos por métodos no constitucionales.

Ante la recién crisis de Venezuela, México decidió no intervenir. Pero ¿cómo ha reaccionado ante otros movimientos más recientes considerados golpes de Estado?

 

1. Anexión de Crimea y Sebastopol por parte de Rusia 2013

La anexión tuvo lugar luego de una serie de manifestaciones y disturbios de carácter europeísta que ocurrieron en la capital de Ucrania, en 2013, y que terminaron derrocando al presidente electo prorruso Víktor Yanukóvich.

La revuelta se conoció como Euromaidán y representó el enfrentamiento entre eurófilos y rusófilos. Estos últimos consideraron la expulsión de Yanukóvich como un golpe de Estado.

Las regiones de Crimea y Sebastopol, de mayoría rusoparlante y disconformes con los hechos de Kiev, decidieron anexionarse a la Federación Rusa por mayoría absoluta, tras la celebración de un referéndum en 2014.

Ucraina no reconoció la adhesión y sigue considerando los territorios como la República Autónoma de Crimea y la ciudad especial de Sebastopol.

México aprobó la resolución no vinculante de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que declaró el referéndum inválido y se confirmó la integridad territorial de Ucrania de acuerdo con sus fronteras internacionalmente reconocidas.

“De las formas más seguras de no equivocarse en materia de política exterior es estar alineado con las Naciones Unidas”, explica el profesor de Historia de la Universidad Iberoamericana, José N. Iturriaga.

Foto: Cortesía Nessa Gnatoush.

2. Golpe de Estado en Honduras 2009

El gobierno de Felipe Calderón condenó el golpe de Estado contra el entonces presidente de Honduras, Manuel Zelaya, que tuvo lugar el 28 de junio de 2009.

La destitución por la fuerza del mandatario se produjo luego de que éste convocara un referéndum para modificar la Carta Magna.

La consulta se consideró como una farsa por el resto de los poderes del Estado: el Congreso, el poder Judicial y sectores del Ejército, porque le acusaban de querer modificar el marco legal para perpetuarse en el poder.

México adoptó una “posición muy enérgica” en la búsqueda de una solución pacífica y dialogada a la crisis, según escribió el experto en relaciones internacionales Juan Pablo Soriano, para el Center for International Affairs de Barcelona (CIDOB).

Calderón pidió el restablecimiento del gobierno destituido y consideró ilegítimo el gobierno transicional que se estableció en el país, encabezado por Roberto Michelletti.

Según Soriano, la intención del entonces presidente de México era condenar el alzamiento militar, pero mantener su rol de interlocutor y estabilizador de la región.

“En 2009 México estaba con un gobierno de derecha y un gobierno inmerso completamente en la política de EU, muy común en la derecha”, afirma Iturriaga, para explicar por qué México se apartó de la Doctrina Estrada.

Luego del golpe, México retiró al embajador de Honduras del país. Restableció las relaciones diplomáticas con el Estado centroamericano en agosto de 2010. Este fue el primer paso para reconocer la legitimidad del vencedor de las elecciones celebradas después del golpe militar, Porfirio Lobo.

Foto: Cortesía Ricardo Stuckert.

3. Dictadura de Pinochet (1973)

El gobierno de Luis Echeverría rompió relaciones con la Junta Militar de Augusto Pinochet tras el golpe de Estado de septiembre de 1973, que derrocó al gobierno del presidente Salvador Allende.

Durante los años posteriores, México se convirtió en destino de unos 700 refugiados políticos de ese país. Las relaciones bilaterales fueron restablecidas tras la caída del régimen fascista, en marzo de 1990.

“Las autoridades mexicanas refrendaron su tradicional política de asilo y protección a perseguidos por razones ideológicas”, escribe la doctora Claudia Fedora Rojas, de la Universidad de Pelaya Ancha, Chile, en un artículo titulado “Los anfitriones del exilio chileno en México, 1973-1993”.

“Lo de Pinochet fue un golpe de Estado y el paso de los años mostraron qué tipo de dictador criminal fue. Cuando es un golpe es muy diferente a cuando es una sucesión electoral en un país”, añade el experto en Historia de la Ibero, para marcar diferencias entre el caso de Chile y el que estos días vive Venezuela.

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