Una ocurrencia es una idea inesperada de llevar algo a cabo o pensamiento original y repentino sobre algo que hay que hacer. Es pasar de la acción a la reacción sin que haya de por medio un proceso de reflexión. No se trata de esas reacciones automáticas que buscan proteger ni son esos actos reflejos de defensa. Son esas babosadas que se disfrazan de buenas ideas que le brotan de la mente a alguien con la suficiente jerarquía como para no poderlos cuestionar y que se ejecutan por el único afán de obedecer. Por lo general, estas ocurrencias autoritarias suscitan una serie de reacciones negativas que lastiman con un radio de trescientos sesenta grados.

Las ocurrencias autoritarias no son ninguna novedad. Todos sabemos de qué se tratan y se ilustran magníficamente en el relato infantil “El traje nuevo del emperador”. El cuento de Hans Christian Andersen, también conocido como “El rey desnudo”, sostiene algo que es peligroso en el mundo profesional, es esa actitud de: no tiene por qué ser verdad lo que el jefe piensa que es verdad. ¡Sálvese quien pueda! Nadie se atreverá a contradecir o de hacerle ver al rey que está cometiendo un error. Así, en un ataque de ego, el superior cree que está haciendo algo glorioso, cuando en realidad se está precipitando al ridículo y al despeñadero.

¿Cuántas veces hemos visto esos golpes en el escritorio que consiguen intimidar al empleado? Pero, la verdad no es flexible. No se puede doblar a los antojos de nadie. Puede parecer que momentáneamente se acomodó a lo que con amenazas intimidantes se dijo, pero la realidad vuelve y golpea como un bumerang. La sacudida es peor mientras más fuerte ha sido el grado de desafío. El emperador del cuento salió a desfilar por las calles de su reino y se expuso totalmente desnudo frente a su pueblo. Claro, siempre hay un valiente o un inocente al que se le ocurre decir lo que verdaderamente está sucediendo y entonces, todo lo que se construyó sobre los lomos de la prepotencia se desmorona indefectiblemente.

Las ocurrencias autoritarias tienen características muy específicas que nos ayudan a diferenciarlas de los actos legítimos de autoridad. Son acciones injustas que buscan oprimir y que traen como consecuencia un costo que se tiene que pagar. Las empresas dirigidas por líderes cuya mente es fértil en ocurrencias autoritarias inhiben la iniciativa de sus colaboradores, trabajan con miedo, hay estrés y, además tienen un reflejo en resultados pobres y costos de operación elevados. Se trata de acciones torpes que se toman con tanta rapidez, desestimando cualquier tipo de análisis, sin tomar en cuenta parámetros de desempeño, eficiencia; sin entender ni prever las consecuencias de ciertas acciones.

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Curiosamente, este tipo de ocurrencias se disfrazan de buenas intenciones y de razones que se sustentan en verdades a medias y, dada la falta de análisis, traen consecuencias adversas. Trágicamente, las instituciones y organizaciones mundiales no han logrado abordar adecuadamente el autoritarismo. Así, pensamos que, para acabar con la obesidad en el país, la solución es prohibir la venta de refrescos sin analizar los efectos que traería golpear a una industria que, según la Secretaría de Economía, representa el 1.2% del PIB nacional, 2.8% del PIB manufacturero y que es un sector que canaliza inversión extranjera directa al país. O, creemos que para erradicar la diabetes hay que cerrar la industria de la panificación.

Las ocurrencias autocráticas son claras en las expectativas de lo que debe llevarse a cabo, sobre qué y cómo se deben hacer las cosas, pero no toman en cuenta los efectos que pueden causar. Están fuertemente orientadas a la demarcación y el control de los empleados en un grupo de trabajo. Son unidireccionales. Los superiores toman decisiones y los subordinados acatan órdenes sin poder mostrar su opinión. El líder centraliza toda la autoridad y no está abierto a escuchar.

Desde luego, las ocurrencias autocráticas traen una serie de desventajas que son consecuencia de la aplicación de ideas irreflexivas. El líder autoritario no tiene en cuenta la opinión de las partes relacionadas, pues para el jefe los que piensen distinto a él son simplemente individuos que deben acatar sus órdenes. Muchos colaboradores pueden sentirse despreciados e infravalorados, llegando a tomar la decisión de dejar la empresa.

Por esta sensación de infravaloración, las personas rinden menos con este tipo de liderazgo que tiene un mayor impacto negativo sobre el estrés y el bienestar de los y no es nada recomendado para las empresas cuyo capital intelectual es la creatividad. Una de las perversidades de este tipo de ocurrencias, es que, para sostenerse, necesitan de lealtades que suprimen la inteligencia. Son subordinados dispuestos a decir que sí, siempre y en todo lugar. Esto descoloca al líder y lo deja desprevenido, por lo que cuando el efecto de la verdad lo alcanza, generalmente el golpe recibido es de espectro letal.

Según datos del Instituto de Formación Avanzada, ocho de cada diez empleados no confían en su supervisor directo. El 90% de los trabajadores que se someten a ocurrencias autoritarias descalifican a su jefe cuando no lo tienen en frente y sacan las manos y se lavan las manos señalando al superior como único responsable de los desaguisados por venir. Las ocurrencias autoritarias contribuyen a resquebrajar el ambiente laboral, creando una cultura empresarial basada en el miedo a ser castigado, lo que incrementa la inseguridad y la desmotivación de los trabajadores. Lo más preocupante es que este nivel de inconsciencia en el que operan estos equipos directivos determina el nivel evolutivo que la organización y que sus empleados pueden alcanzar. Son fuente de frustración y son la causa de tantas personas que hoy sufren condiciones de burn out.

Como consecuencia directa, las empresas padecen una pérdida progresiva de sus profesionales con más talento, manteniendo en sus filas a trabajadores de cuerpo presente, pero de mente ausente. De ahí que quienes los padecen no se sienten comprometidos con una empresa que los tiene trabajando muy por debajo de sus posibilidades y capacidades. Con alarma, veo como esas ocurrencias autoritarias empiezan a aflorar en algunos niveles ejecutivos altos y en ciertos rangos de autoridades gubernamentales. Reflejos patéticos de este emperador que puede salir desnudo a desfilar por las calles por haberse rodeado de consejeros que nada más supieron decirle que sí a cualquier barbaridad que le pasara por la mente.

Conocemos las terribles consecuencias del autoritarismo y vemos con preocupación que muchas personas con jerarquía quieren caer en la tentación de estas prácticas. Pero entonces, ¿por qué se siguen tolerando estas ocurrencias? Por una mezcla entre herencia e inercia. Estos jefes son un producto de la cultura organizacional donde fueron educados o, mejor dicho, condicionados. Muchos esconden su desconocimiento del tema, su incapacidad de resolución, su falta de pericia detrás de ocurrencias autoritarias. La verdadera autoridad no puede imponerse, sino que es un reconocimiento que se consigue al ganarse el respeto y la confianza de los colaboradores con un trato más humano y cercano. Las ocurrencias salen caras y eso, a la larga, no le gusta a nadie. Es hora de migrar a un liderazgo más humano.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

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