Ante un hecho disruptivo, como los que se han estado viviendo en el mundo en los últimos días, la capacidad para responder rápido y bien se convierte en un imperativo necesario para salvar vidas. También, para allegar ayuda lo más pronto posible y para resolver problemas. Las compañías que resuelven en forma ágil son aquellas que le allanan el camino a sus ejecutivos y a los integrantes de sus equipos de trabajo. Evidentemente, esto no se hace de la noche a la mañana, se logra con planeación y capacitación.

Prepararse para el caso de una eventualidad no es vivir en el pesimismo, buscando riesgos donde no los hay. Todo lo contrario, es vislumbrar en el futuro escenarios que, aunque siempre esperamos que sean poco probables de suceder, en caso de que pasen, saber cómo reaccionar. La agilidad es muy útil en caso de un siniestro, pero también lo es en la cotidianidad de la vida de los negocios. Por eso mismo, hay que prepararse.

La versatilidad que tiene la competencia para cambiar, los movimientos oscilatorios de la demanda de productos, las preferencias del consumidor, el avance de la tecnología nos ha entrenado para tener los ojos abiertos y las antenas listas para tener una capacidad de respuesta rápida que nos permita configurar estrategias, generar procesos, reunir gente, utilizar tecnología que nos ayuden a reaccionar en forma acertada para proteger y reaccionar generando valor.

Una reacción torpe genera desperdicios de recursos que debieran ser aprovechados. Una respuesta tardía puede causar tensión innecesaria. Un comentario inapropiado puede generar problemas adicionales. Por ejemplo, la actitud del presidente de los Estados Unidos frente a la crisis que se está padeciendo en Puerto Rico por el huracán María, nos hace evidente que, más que estabilizar sirvió para lo contrario.

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La agilidad de respuesta es esa capacidad que se tiene para entender la situación que se presenta y actuar, organizando y coordinando para generar valor. Además, es un atributo que se forma a partir de control, estabilidad y conocimiento del entorno, por lo tanto, genera confianza. Por supuesto, la agilidad empresarial es un tema que debe ser implementado en las compañías que busquen tener permanencia en el mercado.

La capacidad para adaptarse a un cambio violento y sorpresivo, entendiendo las repercusiones y aprovechando lo que se tiene a mano para responder no es exclusiva de grandes corporativos ni de ejecutivos con gran experiencia. Tiene que ver con esa habilidad para interpretar y operar. Por ejemplo, el proyecto Tejiendo tapetitos, fue una implementación gloriosa de la agilidad de respuesta como única opción.

Me enteré del proyecto por el centro de acopio que se sitúa en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se trata de una respuesta expedita que genera doble valor: se alivia la necesidad de las víctimas del sismo del 19 de septiembre y se recicla un material contaminante. La organización de este proyecto se hizo en tres días, según me lo reportan. Siguió los pasos para tener una respuesta ágil virtuosa:

  1. Frente a un hecho disruptivo, hubo análisis de las necesidades. Hay gente que necesita un tapete para poner en el suelo de los albergues.
  2. Se analiza el problema, se generan posibles alternativas. ¿Cómo podemos ayudar en forma rápida y efectiva para aliviar la necesidad?
  3. De las posibles alternativas se elige la que es más accesible en términos de factibilidad y costo de producción. Decidieron utilizar bolsas de plástico como material para tejer tapetes. El plástico es contaminante y reciclarlo es una buena idea. También es un material térmico que aporta una buena solución al problema.
  4. Se genera un proceso de fabricación con instrucciones que sean accesibles para los participantes. Se filmaron videos explicativos en los que se daba cuenta paso por paso como tejer, que gancho utilizar, como reutilizar las bolsas.
  5. Se hace uso de los avances tecnológicos para conseguir mejores resultados. Los organizadores de Tejiendo tapetitos se montaron en redes sociales y el proyecto se viralizó.

Los centros de acopio y de producción de Tejiendo tapetitos para los damnificaos del sismo se reprodujeron rápidamente, no sólo en la Ciudad de México, sino que de repente ya había en Morelos, Puebla, Chiapas, Guerrero y en diferentes partes del territorio nacional.

Seguramente, Lorena Rayo, creadora de esta iniciativa, no se imaginó jamás que su proyecto se iba a difundir y que iba a cobrar semejante magnitud. Podría apostar que no se sentó a reflexionar en los cinco pasos que acabo de describir, pero tuvo la asertividad de interpretar una realidad disruptiva, entender el problema y generar una solución. Por supuesto, otro gran juicio a la hora de prefigurar Tejiendo tapetitos para los damnificados del sismo fue la facilidad con la que todos podían sumarse a la idea: unos donando bolsas y otros tejiendo.

La iniciativa jugo las reglas del ganar-ganar por todos lados. Ganan los que donan las bolsas: se deshacen de un producto contaminante y hacen una buena acción. Ganan los que tejen produciendo un enser útil que aliviará la condición de alguien y también hacen una buena acción.

Evidentemente, después de los eventos naturales que hemos vivido en estas últimas semanas, la aspiración a generar respuestas ágiles ha crecido, no nada más en las personas y en la sociedad civil, también en las empresas, en emprendimientos, en corporaciones y en gobiernos de toda índole y tamaño. La agilidad de respuesta potencia de un golpe la estabilidad y el dinamismo. Según una encuesta hecha por la firma McKinsey sobre dinamismo y agilidad de reacción, los resultados fueron los siguientes: un 23% de la muestra están atrapados en políticas dilatorias y en movimientos cotidianos. No prevén ni planean respuestas rápidas. Un 27% son estructuras rígidas y burocráticas. Los proyectos de emprendimiento son 28% y se preocupan por tener respuestas frente al entorno. Sólo el 22% probó ser capaz de responder en forma ágil.

La agilidad de respuesta se conforma por una estrategia, un proceso bien definido, una estructura flexible, un equipo de trabajo entrenado, tecnología que potencie la capacidad para dar soluciones. Sin embargo, el camino que nos lleva a la agilidad depende del punto de arranque. Necesitamos estar preparados y para ello, necesitamos prever. Reflexionar si estamos atrapados por la cotidianidad, se nos asfixia la burocracia o si tenemos una estructura flexible es empezar dando pasos adecuados.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

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