“No existe mejor aliado para EU que la Unión Europea pues su gasto en Defensa es equiparable al de China y superior al de Rusia. Hoy en día, Estados Unidos no tiene demasiados aliados, debería apreciar los que tiene.”

Donald Tusk, Presidente del Consejo Europeo

Como cada dos años, los Jefes de Estado de los países miembros de la OTAN se reúnen en Bruselas para aprobar medidas clave para la seguridad internacional y la evaluación de los conflictos alrededor del mundo.

Sin embargo, esta próxima reunión se da en el marco de un mundo en el cual ya nada sorprende y en el que los organismos internacionales navegan contra corriente tratando de sobrevivir a un orden internacional carente de equilibrio y estabilidad.

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Las constantes amenazas de una guerra comercial orquestada por los Estados Unidos hacia por lo menos 35 países no favorece el ánimo previo a la reunión. Pareciera que antes de terminar la primera década del siglo XXI, Estados Unidos tendrá menos aliados (comerciales y militares) que el siglo pasado.

Y, esto, no es cosa menor. Durante el siglo XX, fueron la Primera y la Segunda Guerra Mundial, los eventos históricos que catapultaron a Estados Unidos como el gran hegemón Occidental y junto con esto, le sobrevino un amplio margen de ventaja para el liderazgo y las alianzas con los países de Europa Occidental.

Aunque parezca simplista, la construcción del liderazgo y fortalecimiento de EU durante la primera mitad del siglo XX se puede atribuir a que ninguna de las dos guerras mundiales ocurrió en su territorio, por lo que no tuvo que destinar recursos para su reconstrucción; por la misma razón, su proceso productivo no sufrió los embates de las guerras.

Sin un país que reconstruir pero una carrera contra el comunismo soviético que ganar, Estados Unidos se encargó de diseñar un entramado de organismos internacionales cuya membresía y permanencia estuviera determinada por la afinidad y lealtad al mundo democrático y capitalista que representaba.

La Alianza del Atlántico dio pie a la creación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en 1949, esto, garantizaba un sistema de defensa en coalición para Estados Unidos y sus aliados. Esta alianza militar intergubernamental, bajo el liderazgo de comandantes norteamericanos pero con fuerzas especiales aportadas por los países miembros, sumando entre los 29 de ellos un presupuesto para gasto militar superior al 76% del gasto militar mundial, intervino en momentos clave de la Guerra Fría e incluso, posterior a la desintegración de la Unión Soviética, las operaciones militares de la OTAN se hicieron presentes en países como Afganistán, Irak, la ex Yugoslavia, Siria y Ucrania.

A sesenta y nueve años de su creación, la OTAN (al igual que la ONU) se ve amenazada por el constante reclamo del presidente Trump, quien argumenta un trato injusto y señala los altos costos de inversión que son poco o nada redituables para los Estados miembros (especialmente para EU, obviamente) en términos de seguridad y pacificación.

La Cumbre 2018 de Jefes de Estado no sólo se anticipa complicada, podría ser el escenario en el que Estados Unidos anunciara la disminución de su participación en el organismo, a pesar de las misiones comprometidas en conflictos de alta intensidad como Siria, o bien, en temas de coyuntura global como lo son la ciberseguridad, las amenazas híbridas, la lucha antiterrorista y la seguridad con perspectiva de género.

Durante los próximos días, estará a debate el eventual incremento del gasto militar en el presupuesto de la Unión Europea, mismo que actualmente supone el 1.61% de su PIB; también se analizará el rol de la OTAN en la lucha contra el yihadismo y las consecuencias de esa abrir ese nuevo frente de batalla.

En materia de seguridad, Estados Unidos enfrenta la disyuntiva de mantener el sistema de alianzas que él mismo generó y procuró desde el final de la Segunda Guerra Mundial o, procurar su desarrollo, crecimiento económico y seguridad sin sus aliados de antaño.

Es claro que al menos en lo que refiere a Rusia y la OTAN, Estados Unidos encuentra en ese país un problema estratégico en tanto que la crisis en Ucrania se mantiene con la esperanza de una final anexión de Crimea. Los miembros de la OTAN esperan que Trump pueda negociar con Rusia durante su próximo encuentro en Finlandia la situación y liberación de los presos ucranianos. Para Trump sigue siendo más pertinente la discusión acerca de la pacificación en Siria y el respaldo ruso al gobierno de Al-Assad.

Pero sobre todo, la prioridad para Trump sigue siendo: hacer a América grande otra vez… a costa de lo que sea, de lo que venga o de quien sea.

 

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