Las imágenes que inundan las redes sociales en las que se muestran los aberrantes bombardeos contra la población civil, detonan invariablemente preguntas como ¿por qué a pesar de los esfuerzos internacionales no se ha logrado pacificar la región y terminar con la crisis en Siria? ¿no es suficiente el sufrimiento de tantas madres que han perdido a sus hijos por nada?

Son estos mismos medios internacionales los que hoy levantan la voz en contra de la decisión de Trump de marcar nuevos límites en la región al echar a andar su propia versión de la “política del gran garrote”.

Es cierto que el Derecho Internacional, los Códigos de Guerra y la Declaración Universal de los Derechos Humanos condenan a todas luces el uso de armas químicas contra la población civil y más aún cuando es el propio gobierno local quien arremete contra sus civiles. En ese sentido, debe ser la Corte Internacional de Justicia quien condene el acto de lesa humanidad y no un país de la comunidad internacional.

Tampoco podemos olvidar que de acuerdo a los estatutos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), es Estados Unidos quien puede llamar a la creación de una coalición militar intermediadora de paz lo que técnicamente hace lícito el bombardeo reciente; sin embargo, el contexto internacional en el que se da la intervención de la coalición formada por EU, Francia y Gran Bretaña ha abierto la incertidumbre y el desánimo sobre la posibilidad de que Siria pueda finalmente alcanzar la anhelada pacificación.

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No podemos dejar de lado la sombra de la amenaza terrorista que yace sobre los países europeos. Buscar la contención del terrorismo global implica el desarrollo de estrategias integrales que ofrezcan elementos para la atención de asuntos coyunturales y no únicamente del manejo de crisis. La polarización y estigmatización de grupos e ideologías solo conlleva al fortalecimiento de la violencia y al debilitamiento de la agenda internacional y, por supuesto, obstaculiza la consecución de los objetivos para el desarrollo de una paz sustentable.

No solo preocupa la falta de certeza ante las posibles estrategias de prevención más que de contención para evitar futuros atentados; sino que, preocupa además que los liderazgos al interior de países como Estados Unidos, Rusia, Corea del Norte, Siria e Irak no hayan logrado un consenso respecto a la posición que habrá de tomarse en la comunidad internacional respecto a Daesh (nombre correcto que debemos usar al referirnos a la agrupación terrorista que comúnmente llamamos ISIS, formada por grupos guerrilleros y paramilitares sirios, iraquíes y miembros de Al Qaeda que buscan retomar el control y la potestad sobre la tierra que ocuparon hace por lo menos 400 años y que a principios del siglo XX les fue prometida pero jamás reintegrada) y su modo de operación en territorio sirio. El consenso quizás no está en seguir alimentando una “guerra contra el terrorismo”, ni en destinar recursos de aportación internacional para contener la expansión ideológica de Daesh, sino que el consenso debe estar en la generación de agendas conjuntas de trabajo que permitan el diseño e implementación de mecanismos de prevención y manejo de crisis que permitan garantizar la seguridad de los ciudadanos.

Mientras el tráfico de armamento, el control de energéticos y los intereses comerciales, sigan dominando las relaciones entre países, el equilibrio de poder seguirá dependiendo de las líneas de política exterior de uno o algunos países y seguiremos viviendo con amplia especulación acerca del inicio de una tercera guerra mundial o de momentos de terror como los vividos en Barcelona, Londres, París y por supuesto Nueva York.

Aunque parezca sencillo, la pacificación de Siria es hoy más compleja de lo que pareciera. Las causas que hoy abrazan el conflicto y lo toman como bandera de diferentes posturas es sumamente complejo. En una instancia, los gobiernos de mayoría Shiita como Irán, Irak y Líbano con bases del Hezbollah han apoyado las acciones permanentes del presidente al-Ásad argumentando la lícita defensa del Estado basado en el Islam. Por otro lado, se encuentran los países de mayoría Sunita como Catar, Arabia Saudita y Turquía, los cuales han reiterado el apoyo a los grupos rebeldes anti al-Ásad. Por si fuera poco, desde 2014, el grupo de coalición de EU ha bombardeado de manera regular los puntos y territorios ocupados por los grupos rebeldes sirios, lo que ha puesto literalmente a la población en un fuego cruzado. El componente de tensión que le agrega al conflicto la participación de Israel y Rusia cada uno jugando roles estratégicos a conveniencia hace de Siria un escenario complejo y por demás hostil en el que la vida se ha hecho literalmente imposible.

 

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