Durante los días más críticos del desabasto de combustibles en algunas ciudades del país, el Gobierno federal emitió comunicados y un spot donde explicaba que enfrentaba el robo de combustibles con medios de transporte más seguros para combatir el robo y la distribución ilegal, pero también por el rescate de la soberanía.

A esta última idea me quiero referir. La soberanía deriva de la voz latina super omnia que significa sobre todo o poder supremo; también se asocia con la independencia. El presidente Andrés Manuel López Obrador ha insistido en que México requiere soberanía energética.

Decir que se pretende la soberanía energética y que se logrará, sería exagerado en las actuales condiciones de la balanza comercial de hidrocarburos, combustibles y petroquímicos. Tan sólo para el caso de los combustibles automotrices, es decir gasolinas y diésel, la labor sería titánica. Sería necesario dejar de importar las gasolinas y eso, ni a largo plazo se vislumbra.

Lo positivo es que ya se inició con el combate al robo porque las tomas clandestinas son un descarado negocio en ascenso. En Puebla, de enero a octubre de 2018 se reportaron 1,815 tomas; en Hidalgo, 1,726; en Guanajuato, 1,547 y en Veracruz 1,338, de acuerdo con cifras de Pemex.

Esperaremos los indicadores en un par de meses más para constatar que efectivamente la estrategia de Pemex y la Secretaría de Energía surtió efecto para reducir y/o eliminar o por lo menos detectar a los buscadores ilegales de combustible.

Con este panorama y considerando que la producción de petróleo sigue en picada, ¿Cómo alcanzar la soberanía energética?

En el pasado sexenio el volumen de petróleo crudo producido pasó de 2.5 a 1.8 millones de barriles diarios. Las seis refinerías que tiene el país tienen una capacidad de refinar 1.5 millones de barriles al día, pero apenas operan.

Y cuando digo que apenas operan no se trata de una simple crítica. En 2012 el sistema de refinación en México producía 418 mil 130 barriles diarios de gasolina, al tercer trimestre de 2018 el volumen apenas alcanzó los 192 mil 415 barriles al día, lo que equivale a un desplome de 54%, de acuerdo con el Sistema de Información Energética.

Las seis refinerías redujeron su producción, pero el caso más patético fue el de la planta Madero, ubicada al sur de Tamaulipas, donde la producción de gasolinas pasó de 114 mil barriles en 2012 a cero barriles a septiembre del año pasado. Los pretextos, muchos: incendios, accidentes, ineficiencias operativas, pero ante todo una premeditada y voluntaria estrategia para dejar morir las refinerías, porque según las administraciones pasadas, son un mal negocio.

Curioso que sean un mal negocio en México y que sean rentables en Estados Unidos, por ejemplo, de donde proviene un alto porcentaje de la gasolina que adquirimos. En 2012 importábamos 408 mil barriles de gasolina y al tercer trimestre del año pasado el volumen casi alcanzó los 600 mil barriles.

No estaban equivocados quienes aseguraban que la reforma energética debilitaría a Pemex. Al menos en lo que a refinación se refiere, eso ocurrió. Ahora el gobierno morenista inició con el combate al robo de combustible, pero eso no ayudará a garantizar la seguridad energética y tampoco se alcanzará el objetivo con los 71 mil 906 millones de pesos que se autorizaron para refinación, ya que de ese monto 51 mil 923 millones de pesos serán destinados para la construcción de la nueva refinería en Dos Bocas, Tabasco.

Para el mantenimiento de las refinerías se destinarían 10 mil 532 millones de pesos de los cuales para Salamanca corresponderían 2 mil 43 millones; Madero, mil 599 millones; Salina Cruz, mil 57 millones; Tula, 2 mil 124 millones; Minatitlán, mil 736 millones y Cadereyta, mil 970 millones de pesos, así como un presupuesto similar para mantenimiento correctivo de plantas y equipos de proceso y servicios auxiliares.

El nivel de deterioro que presentan las refinerías que tienen entre 40 y más de 100 años, es tan pronunciado que ese presupuesto no alcanzará para lograr el 100% de la capacidad de producción que pretende el gobierno federal, pero sería un avance si al menos se logran contener o disminuir las importaciones de gasolina, que a octubre de 2018 superaron los mil 689.8 millones de dólares. La soberanía energética tendrá que esperar.

 

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