Estimado lector, ¿recuerdas cómo era tu empresa familiar cuando la iniciaste? Muchas compañías de este tipo nacen como pequeños negocios, con poco personal, que poco a poco van creciendo; en esta primera etapa, encuentran las condiciones propicias para hacerlo, pues todos los miembros de la familia que trabajan en el negocio ponen todo su empeño y ahínco en el desarrollo de la compañía. Están 100% comprometidos con las metas planteadas y comparten una visión a largo plazo y una gran lealtad hacia la empresa.

Sin embargo, en mi experiencia como consultor de este tipo de empresas me ha tocado ser testigo de que, al pasar el tiempo y conforme la empresa va aumentando de tamaño, su administración se complica gracias a temas como la participación de cada miembro de la familia en la distribución de ocupaciones y ganancias, el control del patrimonio de la compañía, las luchas de poder, e incluso temas increíblemente complejos como la sucesión en la dirección general.

¿Qué sigue al llegar a este punto? Las empresas familiares tienen dos opciones: contratar a personas ajenas a la familia, pero con un gran currículo, o capacitar a los miembros de la familia para que puedan seguir administrando la compañía.

Diferenciemos

¿Qué distingue a una compañía familiar de una que ya no lo es? Ambos sistemas tienen sus ventajas y puntos en contra, pero ¿alguna es mejor que otra? Te comparto una lista de características de cada una para que tú mismo decidas si el futuro de tu empresa familiar deberá seguir en manos de la familia o si convendrá abrirle las puertas a terceros.

No pierdas el valor

Ya sea que decidas continuar siendo una empresa familiar o no, existe una característica que nunca debes permitir que se pierda: los valores. Una de las mayores ventajas de una empresa familiar es que su sistema de valores se encuentra bien integrado, ya que generalmente éstos son los mismos que rigen la vida de la familia misma; por lo tanto, una compañía de este tipo tiende a dar una imagen de unidad e integridad ante todos, incluyendo sus empleados, los clientes y proveedores, ¡incluso hasta la competencia!

Si tu empresa familiar cuenta con una serie de principios claramente establecidos, que sirven como parámetro para sus acciones y son la base de las relaciones y decisiones futuras de la compañía, no permitas que un cambio de estrategia los manche o los transgreda. Mantén fuertes los valores vividos (aquellos intrínsecos al seno familiar) y suma valores adoptados para los momentos de cambio (con los que podrás ser más flexible), pero no permitas que la empresa pierda el rumbo.

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Entre estos valores, es vital que consideres éste: el de tu familia extendida, entendiendo a ésta como la suma de tus familiares que participan en la empresa familiar y de empleados no familiares que se han integrado a sus filas al paso del tiempo. No importa su nivel de parentesco, tu empresa es responsable de ellos y, sin importar que atraviese por momentos difíciles, debe procurar que éstos alcancen su potencial.

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