Como personas, muchas veces nos describimos de cierta manera, de acuerdo a nuestros rasgos de personalidad. Por ejemplo, podemos catalogarnos como “perfeccionistas”, “necios” o “alegres”. Y a la hora de intentar cambiar, muchas veces traemos arraigados ciertos rasgos que, aunados al grado de resistencia al cambio que tengamos, nos hace difíciles modificar ciertos comportamientos o creencias.

Lo mismo sucede con las organizaciones. Haciendo una analogía con la personalidad del ser humano, las organizaciones cuentan con una cultura, compuesta por una serie de normas, creencias, rituales, códigos y valores que compartidos guían la actitud y el comportamiento de los colaboradores y conjugan la identidad de la misma. Es lo que mueve a la organización.

En la era actual es sumamente importante detenernos un instante y pensar qué tanto la cultura impulsa a nuestra organización hacia el éxito o, por el contrario, restringe la posibilidad de alcanzar los objetivos estratégicos.

Podemos tener toda una estrategia configurada para poder hacer realidad la visión estratégica, sin embargo, si nuestra cultura presenta elementos que impiden la consecución de los objetivos, o si dentro de nuestra cultura no existe confianza, en lugar de avanzar, puede obstaculizar el camino.

PUBLICIDAD

El cambio es una constante y muchas veces miramos hacia afuera para encontrar la fórmula que nos ayude a que nuestra organización sea más competitiva o más productiva. Tecnología nueva o maquinaria de punta quizá sí tengan un resultado positivo en los KPI´s de negocio. Sin embargo, muchas de las soluciones que implementemos por “moda” o como una “solución rápida” pueden no traer un éxito sostenido a lo largo del tiempo.

Es cuando miramos hacia adentro y analizamos los elementos de nuestra cultura en donde podemos encontrar las respuestas de cómo mejorar como organización y operacionalizar la visión estratégica.

Como parte de este ejercicio reflexivo es importante tomar en cuenta tres grandes componentes culturales:

  • ¿Cómo nos relacionamos?

El cómo se relacionan las personas tiene muchas implicaciones en la organización, ya que determina los comportamientos de los colaboradores. Por ejemplo, a nivel organizacional ¿qué tipo de comportamientos son reforzados o qué conductas son sancionadas? ¿Cuál es la forma en la que se relacionan los líderes con los colaboradores? ¿existe accesibilidad por parte de los líderes? ¿qué tipo de liderazgo predomina? ¿qué tanta comunicación existe entre la Alta Dirección, los mandos medios y el personal operativo?

Además de influir en el ambiente laboral, las relaciones interpersonales son la base para generar un ambiente que propicie la colaboración, la comunicación eficiente y el sentido de equipo, siendo es clave para que los procesos administrativos y operativos fluyan adecuadamente.

A nivel individual, la confianza que el colaborador tenga hacia sus líderes y sus compañeros de trabajo es la base para fomentar valores como la credibilidad, el respeto, la imparcialidad, el orgullo y el compañerismo. Un ambiente donde las personas confíen para quien trabajan, disfruten con sus compañeros, en un entorno de familia o equipo es la receta ideal para la creación de un excelente lugar de trabajo.

  • ¿Cómo trabajamos?

Además de las relaciones interpersonales, son determinantes para la operación y la alineación de la estrategia elementos que representan la vía para llevar a cabo los objetivos planteados.

Es decir, ¿Cuáles son aquellos procesos necesarios para que la operación sea un éxito? ¿qué estructura organizacional se necesita para soportarla? ¿existen políticas que regulen el comportamiento de las personas? ¿cómo son las instalaciones físicas donde las personas laboran día con día? ¿Cuáles son las reglas dentro y fuera de la organización?

Otro aspecto importante es la medición de los indicadores clave para nuestro negocio. Dicen que la información es poder, y en este caso se aplica, debido a que nos da la pauta para saber qué tanto nos estamos acercando a lo que deseamos como organización.

Todo ello representa la capacidad instalada con la que contamos. El analizar desde donde partimos para saber si podemos llegar hacia donde queremos, puede darnos la luz suficiente para poder iniciar un proceso de transformación cultural.

El cambio no es fácil, y menos cuando existen tantos elementos involucrados. Si bajo la perspectiva personal, realizar un autoanálisis puede llegar a ser un desafío, cuando se trata de una organización el reto puede ser altamente complejo si no se cuenta con una óptica fresca, estratégica y de largo plazo.

Antes de emprender el viaje de transformación cultural, es indispensable contar con la brújula que nos va a guiar en la travesía: una clara visión estratégica donde se tenga contemplados los objetivos y metas esperados a mediano y largo plazo, además de los comportamientos alineados a la filosofía organizacional.

Además, es clave realizar un diagnóstico del estado actual de los elementos organizacionales, incluyendo líderes y colaboradores. Es decir, ¿contamos con líderes y colaboradores capacitados para cubrir las expectativas y demandas que conllevan los objetivos planteados? Y, adicionalmente, como organización, ¿le ofrezco a las personas un ambiente lo suficientemente atractivo y retador para que puedan no solo alcanzar metas, sino excederlas? Bajo este enfoque, ¿se encuentran motivados y comprometidos para querer hacerlo?

Quizá sean demasiadas preguntas y contemos con muy pocas respuestas… aún. Lo mejor de todo proceso de cambio viene de descubrir nuestros errores, desaciertos, brechas y omisiones. Todo ello nos da la oportunidad de reinventarnos. La clave está en aprovechar este campo fértil y revelar todo lo que podemos lograr al volcar nuestra mirada a nosotros mismos como organización… mientras tenemos tiempo de hacerlo. Después de todo vivimos en un mundo donde el cambio no es opcional, sino determinante.

 

Contacto:

Correo: [email protected]

Twitter: @Jenn_amz1

Página web: greatplacetowork.com.mx

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

Gabriela Ramos, una sherpa en el ascenso a la equidad
Por

La mexicana realiza sus acompañamientos lejos de la cordillera del Himalaya. Como directora de la OCDE, considera que la...