Es un hecho, las relaciones con los jefes están cargadas de complejidad. Incluso, si tenemos un superior que es una extraordinaria persona, las interacciones son complicadas por el simple hecho de que existe un escalón jerárquico distinto.  Evidentemente, las situaciones se complican si nuestro líder es una persona que se arrincona y se pone a temblar en las esquinas cada que tiene que salir a defender la posición del equipo. Hay veces que quien manda carece de valor y en vez de proteger y salvaguardar a su gente, la deja caer al desfiladero, haciéndolos sentir como el Tonto Coyote de la caricatura del Correcaminos.

El tema no es menor ya que un líder temeroso puede afectar el desempeño de su equipo en su conjunto y el desarrollo de los integrantes en lo personal. La actitud timorata de un superior tiene impactos de amplio espectro en el terreno laboral, va desde la desmotivación que desacelera el crecimiento hasta el cuestionamiento entre lo correcto o no. Entonces, ¿para qué denunciar una mala práctica si no voy a contar con el apoyo necesario?, ¿qué caso tiene plantear un proyecto de innovación si no se tiene el soporte del superior? Así, la degradación de la iniciativa impacta directamente lo mismo a grandes corporaciones que a planes de emprendimiento o proyectos de inversión.

Indudablemente, una persona que no sabe dar la cara para sí mismo, mostrará grandes dificultades para hacerlo por los demás. ¿Qué hacer? Calma, la situación no es tan mala como parece y si la sabemos manejar adecuadamente, se puede convertir en una ventana de oportunidad que nos lleve a situaciones favorables. No obstante, si no lo abordamos bien, el escenario puede llevarnos a derroteros poco prometedores. Antes que pensar en saltarnos al jefe, darle la vuelta o renunciar, hay alternativas. En primer lugar, tenemos que identificar este rasgo de personalidad. Aquí algunas formas para sobrevivir a un jefe cobarde.

  • Si el jefe es cobarde porque es un mal comunicador. Se trata de una persona capaz, inteligente y que sabe hacer las tareas; conoce sus funciones y las desempeña adecuadamente pero no es bueno para transmitir las ideas y le molesta hablar en público, si este es el caso, proponer que alguien más haga las presentaciones puede representar para él un alivio y para quien tome esa función será una oportunidad de crecimiento.
  • Si el jefe es cobarde porque ve a sus superiores como una figura de poder incuestionable. En esta condición, es pertinente recordarle que una relación laboral es un intercambio, no un favor. Si tu jefe tiene actitudes negativas al defender el punto de vista del equipo, o lleva acciones que te incomodan, el primer paso siempre debe ser el diálogo.
  • Si el jefe es cobarde porque es un saboteador. Es el caso de una persona que no le interesa reconocer el trabajo de su equipo, menosprecia los esfuerzos de los demás, pero toma el crédito cuando las cosas salen bien. Si hay un problema encontrará de inmediato a algún miembro de su equipo para culpar. Para quienes tienen jefes se adjudican el crédito del equipo a título personal, es importante llevar un control y registro de las actividades que se desempeñan en forma personal y de los proyectos en los cuales han participado. Cualquier oportunidad para puntualizar el desempeño individual ante otros superiores debe aprovecharse. Pero, debe hacerse con mucho cuidado y en forma estratégica para no causar un efecto contraproducente.
  • Si el jefe es cobarde porque no sabe exigir. Podemos acercarnos con alternativas, dejando claro que se comprenden las necesidades del negocio. Hacer equipo con el jefe y ayudarlo a mostrar una visión que lo lleve a demostrar las ventajas y fortalezas de sus planteamientos.
  • Si el jefe es cobarde porque no sabe cómo hacer las cosas. Esta es una de las situaciones más difíciles, pues la cobardía en este caso es sinónimo de incapacidad y los niveles de intolerancia y frustración se pueden destapar y crecer. Ante todo, hay que ser profesionales y evita reacciones estén cargadas de emocionalidad, se trata de poner en claro qué actitudes te parecen inaceptables y proponer soluciones.

Lo más importante, antes de salir huyendo, es entender que se puede hacer mucho más que sólo quejarse. Un profesional sabe que ofrecer soluciones y proponer maneras más eficaces de realizar tareas es mucho más positivo que sólo manifestar inconformidad. El problema de que el jefe sea cobarde, además de lo evidente, es que, como el pez que se muerde la cola a causa de su propio miedo suele, además, negar taxativamente su actitud espantadiza. El que no reconoce su participación en el problema, jamás se entera de que puede ser el origen del mismo.

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Además, dicha cobardía tiende también a enmascararse en terminología oscura, así como en procedimientos que resultan muy precisos, exagerados, o muy vagos y en la exageración y la ambigüedad se esconde la incapacidad de salir al frente y dar la cara. Con esas actitudes, llegamos a olvidar que hay razones por las que esa persona está en una posición jerárquica superior, así que, en vez de quejarnos por las esquinas, parlotear por los pasillos y lamentarnos por la suerte de tener un jefe que tiembla frente a los problemas, lo mejor es tener una estrategia de acción que permita zanjar esa debilidad y ayude al equipo de trabajo.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

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