Juan Manuel Fernández / Corresponsal

PANAJACHEL, Guatemala. Para esconderse del estrés, es el lugar ideal. Con un lago volcánico catalogado como “el mejor del mundo”, y rodeado por ocho pueblos mayas pintados con las culturas quiché y kaqchikel, Panajachel es uno de los principales focos turísticos de Guatemala.

Sin embargo, para ocultarse de la ley, quizá no sea el mejor sitio. El municipio del departamento de Sololá apenas sobrepasa los 15,000 habitantes y se puede recorrer completo en un día, ya sea en camioneta o en lancha.

Su vereda principal es la calle Santander, llena de artesanías indígenas que van desde huipiles y manteles hechos a mano, hasta bolsos, hamacas y cuadros, cuyos ingresos por ventas representan el sustento de las familias de Sololá y sus alrededores.

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Irónicamente, el nombre de Panajachel inundó las páginas de los medios internacionales el Sábado Santo del 2017, no por su belleza indiscutible, sino por la captura del exgobernador de Veracruz (México), Javier Duarte de Ochoa.

Con un nombre falso, el político perseguido por la justicia de su país logró filtrarse en uno de los pueblos más pintorescos del occidente guatemalteco.

Duarte cambió las reuniones de asuntos municipales, y aquéllas donde atendía a sus ex colegas del Partido Revolucionario Institucional (PRI), por la fauna de un lugar rico en coyotes, venados, gatos de monte, osos colmeneros, zorrillos y comadrejas.

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Riviera de Atitlán.

Una joya centroamericana

En Sololá es difícil que alguien te reconozca. Allí la regla es sonreír al turista y ofrecerle algún collar o pulsera confeccionado con los colores que engalanan al departamento. Mucho menos si la época es Semana Santa.

En esos días son comunes las procesiones de las cinco cofradías presentes en el poblado: San Buena Ventura, San Nicolás, la del Santísimo, la de la Santa Cruz y la de San Francisco de Asís.

Quienes hablan castellano son minoría, porque en Panajachel aproximadamente 60% de los residentes habla idiomas mayas, y solo 36% habla el castellano.

Panajachel está entre los municipios más pacíficos de Guatemala, con récords de cero homicidios en 24 meses, según datos a agosto de 2016 de la Policía Nacional Civil (PNC).

Como parte de esa armonía, todo el municipio de “Pana”, como le llaman los connacionales, es área protegida por pertenecer a la Cuenca del Lago de Atitlán. También es una joya rodeada de misticismo gracias a Samabaj, la famosa ciudad sumergida en el lago hace miles de años producto de inundaciones.

No solo se trata de uno de los pueblos más desarrollados del altiplano, sino que es paraíso de inmigrantes de países como Estados Unidos, Suiza, Chile, México o Italia, muchos de los cuales, según investigaciones de la Universidad de San Carlos, convirtieron una visita turística de paso en la decisión de hacer una vida ahí.

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Vida de lujo

La belleza del lago se aprecia desde la Calle Santander, cuando recién se llega al lugar, o desde las orillas de pueblos como San Pedro La Laguna o Santa Catarina Palopó.

Pero qué mejor vista al Atitlán que desde el quinto piso de una de las torres de apartamentos que destacan en el paradisíaco paisaje del lugar.

Duarte se hospedaba en uno de los apartamentos del lujoso Hotel La Riviera de Atitlán. Dicho resort no es posible encontrarlo en las páginas más célebres de búsqueda de hoteles en la red. Tampoco se puede reservar desde el portal web del propio hotel.

La única forma de obtener información es llamando a la recepción del hotel, donde nos indicaron que el precio para rentar un apartamento equipado con sala, comedor, y cocina, además de los dormitorios –tal como el que ostentaba Duarte–, es de 335 dólares la noche.

Es decir, que una semana de estadía a Duarte le pudo haber costado 2,345 dólares para alojarse con su esposa y sus tres hijos. Desde allí, el exgobernador también pudo disfrutar de servicios élite como el helipuerto, un tour en kayak o la playa privada.

Quizás también disfrutó del ceviche, de las tortillas negras o del café recién hecho con olor a altiplano. Pero es muy probable que los volcanes Tolimán, Atitlán y San Pedro, amos de la explanada acuática, voltearan la vista cuando entre los linderos de su tesoro natural, se capturara a este prófugo de la justicia.

 

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