Tras declarar desierta la licitación para la nueva refinería en Tabasco, el gobierno del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, decidió que la empresa estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Secretaría de Energía (Sener) se encarguen de dirigir la construcción de la obra.

El mandatario reveló que las propuestas de las empresas invitadas a la licitación excedieron el presupuesto o el tiempo establecidos por su administración: 8,000 millones de dólares para entregarla en los siguientes tres años.

“Los técnicos del Instituto Mexicano del Petróleo están creando nuevas tecnologías que ponen al servicio de empresas, incluso que se utilizan en empresas petroleras del mundo. Sí tenemos capacidad”, destacó el político tabasqueño durante su conferencia matutina del 9 de mayo, tras anunciar la decisión.

Pero apenas en marzo de este año, el presidente consideraba que particularmente las compañías mexicanas carecían de experiencia para poder construir el proyecto energético más importante del sexenio.

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Ante la pregunta de qué opinaría el expresidente Lázaro Cárdenas, quien nacionalizó la industria petrolera mexicana en marzo de 1938, de que la construcción de la séptima refinería mexicana estaría en manos de empresas extranjeras, López Obrador respondió que él estaría de acuerdo, pues el interés es el fin, no el medio, es decir, darle valor agregado al petróleo mexicano y producir las gasolinas en México, no comprarlas, como ocurre actualmente.

“Para eso necesitamos de la planta, de la refinería. Y para decirlo menos fuerte, no hay la experiencia suficiente en las empresas mexicanas”, declaró el mandatario mexicano durante su conferencia del 22 de marzo de 2019.

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Las características de la refinería que Technip, KBR y los consorcios Bechtel-Techint y WorleyParsons-Jacobs propusieron construir en condiciones distintas a las establecidas contemplaban el procesamiento de 340,000 barriles de crudo diarios, 17 plantas de proceso y 93 tanques y esferas, que generarían 23,000 empleos directos y 112,000 indirectos.

Para edificarla la secretaria de Energía, Rocío Nahle, convocó al personal de proyectos de Petróleos Mexicanos, del Instituto Mexicano del Petróleo, de la Procura Internacional de Pemex, de la  propia Sener y de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

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“La estrategia de ejecución se diseñó y se ajustó de tal manera que permita optimizar el plazo para cubrir la meta de tres años de construcción y reducir el costo del proyecto, capitalizando hasta un 40% de ahorro sobre los estimados; y esto de los estimados, son estimados de costos que presentaron las diferentes empresas a las que se les invitó”, detalló la encargada de la política energética.

Expertos del sector desestimaron las probabilidades de éxito para Pemex y Sener, al tiempo que advirtieron que la calificación crediticia de la empresa estaba en riesgo ante la estrategia, y propusieron que el gobierno se enfoque en rehabilitar las seis refinerías existentes, analizar la compra de una refinería existente en Estados Unidos, incluso construir una refinería modular de menor capacidad.

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