Para quienes no aplica el dictamen fiscal, lo mejor es que se aseguren que sus obligaciones fiscales se están cumpliendo estrictamente, pues no hacerlo podrían costarles mucho dinero.

 

Por Jorge Jiménez Lizardi

Durante casi 70 años y hasta fines de 2013, los Contadores fueron los “ojos” de Hacienda para verificar e informar que, por un lado, las empresas cumplieran adecuadamente con sus obligaciones fiscales, así como para éstas tener la tranquilidad de estar al corriente con las autoridades. Hoy, como consecuencia del uso de herramientas informáticas implementadas por las autoridades fiscales, empezando por la factura electrónica y, en general, por la emisión de comprobantes fiscales digitales (CFDI) y la tan discutida “contabilidad electrónica”, se ha decidido que ya no es necesario el dictamen fiscal, al menos como se consideraba hasta el final del año 2013, enfocándose únicamente en forma voluntaria hacia contribuyentes con facturación y activos superiores a 100 y 79 millones de pesos, respectivamente, o más de 300 trabajadores en promedio, todo esto por el año 2013. Pero aunque estrictamente el dictamen fiscal no ha desaparecido, sí ha sido acotado, por lo que me permito mencionar algunas reflexiones adicionales:

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  • ¿Cuáles serán las garantías ante el SAT de todos aquellos contribuyentes que no caen en los supuestos anteriores?
  • ¿Quedan en total estado de riesgo, ya que nadie revisará o supervisará el cumplimiento de sus obligaciones fiscales?
  • Las personas encargadas de calcular sus impuestos y cumplir con todas las obligaciones fiscales, ¿están preparadas para hacer frente a las facultades de comprobación de las autoridades fiscales?

Ahora, para quienes no aplica el dictamen fiscal será recomendable que se aseguren que sus obligaciones fiscales se están cumpliendo estrictamente y eviten riesgos innecesarios que podrían costar mucho dinero, por lo que siempre los “ojos” y la capacidad externos serán la mejor opción para este apoyo.

 

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