En la primera parte de este texto, se mostró cómo la innovación, a través del emprendimiento, genera desigualdad. Sin embargo, a diferencia de otros agentes de desigualdad, el bienestar que el emprendimiento puede traer a la humanidad hace que no sea deseable obstaculizarlo. Por ello, se pueden mitigar sus efectos desigualitarios implementando acciones como las siguientes.

Incentivos a empresas que incrementen los estándares de bienestar de sus empleados

En las últimas décadas, el estancamiento de los estándares de bienestar de los empleados y la clase media ha sido un problema para muchas economías de gran potencial. Además, problemas asociados con el estado actual del trabajo —decisiones controvertidas de directivos, lugares de trabajo tóxicos, despidos masivos, inseguridad económica, afectación a la salud, conflictos familia-empleo— también han mermado los estándares de las personas.

Es por ello que conviene establecer políticas laborales e incentivos fiscales para aquellas empresas que tomen acciones para mejorar el bienestar de sus empleados. Entre ellas están que los empleadores:

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  • Cumplan sus obligaciones de seguridad social
  • Permitan que los empleados soliciten cambios de horario si así les conviniera
  • Proporcionen a sus empleados horarios más estables y predecibles, y que tengan desincentivos para realizar cambios abruptos
  • Ofrezcan oportunidades de horas extra de trabajo antes de abrir nuevas plazas
  • Faciliten a sus empleados capacitación y formación continua, especialmente para desarrollar habilidades requeridas en la Cuarta Revolución Industrial

Desarrollo de ecosistemas de innovación, así como del número y diversidad de emprendedores

Otro efecto que la situación económico-laboral descrita en el punto anterior pudo haber tenido a nivel nacional es la disminución del apetito por tomar riesgos y comenzar empresas.

Visto de forma positiva, en un discurso de 2014, Janet Yellen, entonces presidenta de la Fed, enfatizó que “un mayor dinamismo empresarial, podría estimular una mayor movilidad hacia arriba, al menos para los fundadores y sus empleados; la mejora de la movilidad para otros dependerá de la naturaleza de las nuevas empresas que se creen y de los productos y servicios que venden”. En lo que sería un ciclo deseable, la aceleración en la formación de empresas puede incrementar el ritmo de la productividad, del empleo y del crecimiento de los salarios reales.

En su influyente documento “Espíritu empresarial: productivo, improductivo y destructivo”, William J. Baumol argumentó que la proporción de emprendedores —ya sean productivos o improductivos— varía entre sociedades dependiendo de los pagos relativos o estructura de incentivos que la sociedad ofrece a tales actividades. Así, si las políticas de un gobierno y las dinámicas de una sociedad favorecen las plutocracias o los empresarios improductivos, éste será un patrón continuo que inclusive sus miembros más jóvenes tratarán de emular.

Así, los programas de emprendimiento deben estar enfocados a actividades como:

  • La creación de ecosistemas regionales dinámicos
  • Garantizar que los apoyos estén destinados a inversión primaria y que no haya intermediarios
  • Facilitar acceso a financiamiento de capital
  • Impulsar la integración de Pymes a cadenas de valor
  • Generar esquemas de apoyo muy flexibles
  • Estimular que las empresas implementen mejores prácticas, esquemas de gobernanza, y que se vuelvan más formales, legales y productivas

Ambiente amigable con los negocios, con garantía de Estado de derecho

Un mayor dinamismo empresarial también requiere que los gobiernos agilicen los procedimientos para establecer nuevas empresas, disminuyan la corrupción, y faciliten la disolución de una empresa que tomó riesgos en pro de la innovación y fracasó en el intento. Cabe recordar que, si un emprendedor innovador triunfa, creará empleo, pero si no lo hace, se enfrentará a una ruina económica a menos que tenga una red de seguridad.

En este sentido, también es muy relevante la construcción de instituciones y la garantía del Estado de derecho, no solo para protección de las inversiones, sino también para proteger a los trabajadores y favorecer procesos de participación ciudadana que tengan implicaciones en la economía y sus empleos.

Desarrollo de consumo y mercado internos

Un emprendedor puede ejecutar una idea brillantemente, pero puede no tener forma de comercializarla. Es por ello que se requieren eliminar las barreras de desarrollo e incrementar los canales de distribución, lo cual facilitará que el consumo interno genere riqueza y que el mercado interno incida en el crecimiento de la economía.

Ir más allá de la cobranza de impuestos a los deciles más altos

Si bien es continuo el debate sobre la conveniencia o no de incrementar la recaudación de los deciles más altos del ingreso, el tema es más complicado a nivel de la relación emprendimiento-desigualdad.

Por un lado, la recaudación tiene un tope de efectividad redistributiva, aunque países como México estén todavía lejos de él. Por el otro, aumentar los impuestos de los ricos grava indistintamente las ganancias tanto de las empresas innovadoras como de los capitales rentistas, pues únicamente se enfoca en las utilidades y no en la forma en que se generaron.

Se puede tomar en cuenta el esquema de Simcha Barkai, de la Universidad de Chicago, quien tabuló los ingresos de la industria separando sueldos, capital y utilidades. Al hacerlo, encontró que las utilidades han ido en aumento, sacrificando sueldos y capital.

En tal caso, se podría tomar en cuenta la inversión en estos tres rubros para el cálculo recaudatorio para que las empresas entreguen más valor a la sociedad. A partir de ello, se pueden establecer incentivos de emprendimiento, innovación y bienestar adecuados o crear fondos para abatir la desigualdad. El ciclo tiene potencial virtuoso, pues la innovación y la competitividad son claves para triunfar en la Cuarta Revolución Industrial.

 

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