La desigualdad es un tema que ha estado en el centro de la discusión en los últimos años, dada su presencia en varias economías en un contexto de paupérrimo crecimiento global. En medio de dicho debate, de la coyuntura de las exigencias para México de la Cuarta Revolución Industrial, así como de la discusión del Presupuesto de Egresos 2019, vale la pena dedicar tiempo a la relación entre el emprendimiento y la desigualdad.

En primer término, hay que identificar que la inequidad no es la causa, sino la consecuencia de diferentes procesos económicos, políticos y sociales. Algunos de ellos son:

  • Estancamiento del poder adquisitivo del salario mínimo
  • Mala asignación de recursos presupuestales gubernamentales
  • Abolición de regulación positiva para el mercado o la competencia por el cabildeo de grupos privados
  • Outsourcing, tanto a nivel nacional como internacional
  • Disminución del poder de los trabajadores, especialmente a través de sindicatos blancos y de contratos que les dan pocos derechos
  • Estudios universitarios —aunque cada vez menos— que generan valor económico para el graduado, quien generalmente gana más dinero que los no graduados
  • Cambio tecnológico y automatización, especialmente cuando devalúa el salario de los trabajadores de oficio y favorece el de los profesionistas
  • Fusiones de empresas que derivan en el despido de gran cantidad de empleados
  • El crecimiento especulativo del mercado de valores, pues, aunque llega a premiar la innovación, también puede incentivar que se destinen recursos de forma desmedida de la fuerza de trabajo al capital
  • Las condiciones de desarrollo, pues una serie de pequeños privilegios que haya tenido una persona en su entorno familiar y hasta en su país, pueden hacer una gran diferencia conforme pasen los años

En segundo término, es fundamental observar que dichos procesos tienen diferentes atribuciones, y no todos son moralmente malos o equivalentes, como a veces se quiere ver. De hecho, en conceptos del Nobel Sir Angus Deaton, continuamente se confunde la desigualdad con la injusticia, por lo que, para abordar el rápido aumento de la desigualdad, es clave abordar los procesos injustos.

La generación de desigualdad “deseable”

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De acuerdo con el también profesor de la Universidad de Princeton, “si alguien piensa en alguna innovación que nos beneficie a todos, y el mercado funciona correctamente, obtiene una gran recompensa por eso… y eso crea desigualdad. Así, algunas de las mayores desigualdades en el mundo provienen de los mayores éxitos, desde la Revolución Industrial hace 250 años, hasta la innovación y los nuevos inventos de hoy en día”.

Entonces, si un innovador inventa algo que sea revolucionario para gran cantidad de personas y aumenta su patrimonio neto, es un reflejo de progreso en general. Por tanto, a pesar de que el fenómeno pueda ser un agente de desigualdad, no es una gran idea atacar el origen de dicho éxito.

Algunas de esas innovaciones pueden incluir la bombilla eléctrica —que influyeron en que Thomas Alva Edison fundara la General Electric Company—, el transistor —de Bell Laboratories— y hasta Facebook, con sus miles de millones de usuarios.

Ellos muestran que los emprendedores y empresarios, caracterizados por su capacidad de innovación y de tomar tanto riesgos como decisiones, son cruciales para el crecimiento y desarrollo económico y conducen a mayores ingresos en su conjunto —a pesar de la desigualdad que también crean en el camino—.

Pero no todos los emprendedores y empresarios tienen estas características. De acuerdo con Peter Thiel, uno de los ideólogos de Silicon Valley,

“Cuando pensamos en el futuro, esperamos uno de progreso. Ese progreso puede tomar una de dos formas. El progreso horizontal o extenso significa copiar cosas que funcionan […] Dicho progreso es fácil de imaginar porque ya sabemos cómo se ve. El progreso vertical o intensivo significa hacer cosas nuevas […] Ese progreso es más difícil de imaginar porque requiere algo que nadie más haya hecho. Si tomas una máquina de escribir y construyes 100, has progresado horizontalmente. Si tienes una máquina de escribir y construyes un procesador de texto, has hecho un progreso vertical.”

Entre los emprendedores o empresarios basados en el progreso horizontal, existe una clase que tiene un impacto negativo en la igualdad: los llamados capitales rentistas, quienes se adjudican dinero que no corresponde proporcionalmente al valor entregado a la sociedad.

Entre sus prácticas habituales se encuentran la poca reinversión de utilidades, la búsqueda de favoritismo con el gobierno, el interés en usar los litigios como un arma de extorsión, el cobro de comisiones por uso de conexiones personales, y el interés por usar el talento para robar cosas en lugar de hacer cosas —ralentizando el crecimiento económico y transfiriendo recursos de abajo hacia arriba—.

En un caso intermedio, vale recordar a Microsoft bajo la dirección de Steve Ballmer (periodo 2000-2014), quien cayó en una trampa en la que la generación de beneficios ralentizó la innovación que necesitaba la empresa. “Mientras Ballmer enfocaba los recursos clave en una nueva versión de Windows para defender la línea de productos principal de Microsoft, perdió oportunidades como redes sociales, motores de búsqueda y teléfonos celulares. […] En sus inicios, Microsoft tomó más riesgos que un pirata; luego se arriesgaron menos que una compañía de seguros.”

En conclusión, es necesario reenfocar las preguntas que nos hacemos alrededor de la desigualdad, a efecto de establecer los incentivos correctos para la socialización de los beneficios de la innovación, así como actuar con audacia para contrarrestar el avance de la inequidad, identificando claramente sus causas.

Por otro lado, los actores del sistema económico, comenzando por el gobierno, deben repensar sus prioridades e implementar políticas, instrumentos y presupuestos que favorezcan el emprendimiento que crea valor, no el que parasitariamente lo acapara. En la segunda parte de este texto, enunciaré acciones específicas para lograrlo.

 

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