Por Uriel Naum Ávila / Enviado España

El promedio de endeudamiento de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) es de 250% con respecto a su PIB, a esto se suman las reformas que estas naciones han llevado a cabo en las últimas dos décadas -sobre todo a raíz de la última crisis global de 2008-, lo que les resta capacidad de maniobra para intentar acciones diferentes ante una posible recesión, dijo Juan Yermo, subdirector de gabinete del secretario general de esa institución.

Desafortunadamente, las señales de la economía mundial no son del todo positivas, pues mientras a principios de año se estimaba un crecimiento cercano a 4% para 2018, hoy las expectativas son de apenas un 3%. Este dato no es nada positivo si se piensa en el futuro, dijo el subdirector, considerando que en 15 o 20 años más, la automatización, tan solo en los países de la OCDE, eliminará el 14% de los empleos actuales.

“Podríamos hablar de un desorden mundial, con diferentes elementos que no eran tan visibles, pero abonan a esto. Esto se suman problemas latentes, como las zonas de pobreza abandono que están incrementando en los países desarrollados; ahí se genera un circulo vicioso, ya que esos pueblos no generan personas preparadas y tampoco tienen la posibilidad tampoco de avanzar hacia un modelo de crecimiento más incluyente”, mencionó el directivo de la OCDE en el marco del Global Youth Leadership Forum (GYLF), que tiene lugar en Cantabria, España.

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Para Juan Yermo lo más preocupante es que el estancamiento económico, que se viene arrastrando desde hace una década, está derivando en una crisis social y geopolítica, que además de generar malestar en la población, está confrontando a países como Estados Unidos y China, que buscan proteger sus economías, y despertando nacionalismos peligrosos.

“El 1% de la población en el mundo concentra más de 50% de la riqueza global. Esto ha hecho que el código postal determine si la gente vive más o no; en barrios ricos las personas tienen una esperanza de vida de hasta 10 o 15 años más en comparación con las de barrios pobres. A esto estamos llegando”, comentó el jefe de gabinete de la OCDE.

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Bajo este contexto, el elemento que Juan Yermo ve como prioritario a replantear es el capital humano y, el segundo, el de la competencia.

“El mundo digital es completamente diferente, globalizado. Uno no puede poner reglas a nivel nacional, doméstico; es difícil. Hay empresas con intereses creados que no quieren ceder y los países anfitriones de esas empresas no están interesados en que esas organizaciones pierdan posicionamiento a nivel global”.

El directivo de la OCDE refirió que, hoy en día, las 10 empresas más importantes a nivel global en términos de capitalización bursátil son empresas digitales, “todas americanas o chinas”, creando con ello dos núcleos de riqueza en el mundo tecnológico, “y el tema está, básicamente, en cómo otros países conciben fortalecer sus sectores de alta tecnología. Ese es en realidad el gran reto del futuro, no qué pasa con las materias primas. La digital es la fuente de la riqueza futura”.

Como posibles salidas a lo que Juan Yermo llamó un ‘coctel molotov’ económico en gestación, planteó restablecer equilibrios en la competencia comercial entre países y entre grandes, medianas y pequeñas empresas (pymes), así como establecer compromisos políticos reales, cooperación y diálogo internacional en temas, por ejemplo, fiscales y contra la corrupción.

“La OCDE ha impulsado en ese sentido un proyecto de reforma de fiscalidad internacional y ha conseguido que 100 países lo firmen. Se trata de una lucha común contra la evasión fiscal para evitar que las empresas que obtienen beneficios en un país se los lleven a paraísos fiscales”.

Sobre las distorsiones que genera el comercio de ciertos productos, abonando a la tensión económica mundial, Juan Yermo dijo que también se trabaja desde su organización en ello.

“Un caso es el exceso de capacidad de industrias como la del acero. El G20 y la OCDE crearon un foro global para países productores de esta materia prima, logrando un proyecto para contar con información de montos de subsidios y ubicación de la producción, por ejemplo, logrando con esto tener más capacidad de gestión de esta problemática”.

La conclusión de todo esto para el directivo de la OCDE es que se debe repensar el modelo económico, una vez que ha quedado claro que “la desregulación del comercio tiene sus límites, y por lo tanto hay que mantener un ojo en lo global, permitir que nuevas empresas entren en los mercados, pero por otro lado, enfocarse en el crecimiento incluyente a nivel local”.

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