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Guillermo Rosales, director general adjunto de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores (AMDA), tomó el micrófono y, en una conferencia de prensa realizada el pasado 8 de julio, reconoció: “Tenemos una crisis en el mercado interno automotor. Llevamos 25 meses a la baja; no se puede negar: está en crisis. Si alguien opina distinto, lo respeto, pero los datos están ahí”.

Las causas de este ambiente están relacionadas con el clima de incertidumbre económica que atraviesa el país, pues el índice de confianza del consumidor cayó 6.3% en junio, el tipo de cambio se mantiene por arriba de 19 unidades por dólar y el crecimiento económico se situó en una tasa de 0.0% durante mayo. A esto hay que agregar la competencia que representa la entrada de autos importados, entre otros factores.

El panorama no es nada alentador. La AMDA estima que las ventas de automóviles cerrarán 2019 con una caída de aproximadamente 7%, con cerca de 1.3 millones de vehículos vendidos, contra los 1.42 millones de 2018. Sin embargo, hay que dejar claro que las circunstancias son distintas para cada una de las compañías.

Freno de motor

Para el mes de junio de 2019, la producción de vehículos siguió a la baja. Una de las principales causas fue la desaceleración de la demanda en Estados Unidos, pues 78.5% de la producción nacional se destina a ese mercado.

“Hay que prender las alarmas, porque debemos reactivar el mercado interno”, manifestó, en julio, Eduardo Solís, presidente ejecutivo de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA).

Un problema, varios orígenes

La caída en las ventas nacionales refleja un clima de incertidumbre económica, pero también problemas en el mercado que deben atenderse, como la entrada de vehículos importados usados, procedentes de Estados Unidos, opina Rosales. Actualmente, representan 12% del mercado de autos en el país (más de 100,000 vehículos al año).

De acuerdo con el directivo, se han detectado al menos 10 empresas en Estados Unidos que cuentan con permisos del Servicio de Atención Tributaria (SAT) para apoyar la importación de vehículos usados; sin embargo, 80% de los autos que ingresan con este esquema, lo hace con facturas que alteran de manera fraudulenta, a la baja, el valor de los automóviles.

Para el gremio automotor, el problema se agudiza por los programas de regularización locales para estos vehículos, emprendidos en los estados fronterizos, como el caso de Baja California.

“Urge un posicionamiento claro del presidente [Andrés Manuel] López Obrador, en el que diga que no va a haber regularización de brocha gorda”.

Un futuro sin crecimiento

La AMIA y la AMDA coinciden en que, para tener condiciones propicias para el crecimiento en ventas, la política pública puede generar incentivos como la deducibilidad de los intereses en los créditos automotrices y la mejora en materia legal para que sea más fácil recuperar un auto cuando hay morosidad. “En Estados Unidos, una persona que deja de pagar un auto, lo puede perder en 24 horas; aquí, recuperar un auto que no se paga puede tardar meses”, señala Eduardo Solís, de la AMIA.

En otra propuesta para revertir la mala racha de la industria, la AMDA añade que las ventas pueden crecer si aumenta el crédito, pero depende de que haya buenas tasas de interés.

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A esto hay que añadir un tema crucial. “Quienes adquieren vehículos de menor precio están endeudados hoy”, dice Rosales, de la AMDA. Eso reduce el número de solicitantes de las automotrices.

El directivo explica que todavía no hay una fecha estimada para salir de la crisis, pues, aun cuando la inflación se contenga y se recupere terreno en materia de poder adquisitivo, la expectativa no contempla un alza en las ventas, ni siquiera durante 2020 o en los próximos dos o tres años.

Rosales expone que este fenómeno se dará porque la comparación contra los años pasados será baja, por lo que será preciso combatir la incertidumbre entre los consumidores para que las ventas aumenten.

“Lo que estamos esperando es que [la venta de autos] deje de caer y que haya una estabilización. Que estemos dos o tres años en una línea plana”, puntualiza.

“Si bien [el presidente López Obrador] es apoyado mayoritariamente por una gran parte de la población, a un conjunto de consumidores les genera incertidumbre y perspectivas de mayor riesgo, que los lleva a postergar decisiones importantes, como la adquisición de un vehículo a través de un compromiso crediticio”, dice.

Carretera dispareja

Independientemente de la lectura de las asociaciones, desde sus trincheras, cada una de las marcas de autos cuenta con sus propias estimaciones de recuperación y su percepción de la crisis.

Las más afectadas son aquellas que tienen mayor participación del mercado o aquellas cuya estrategia está orientada a la venta de autos de menor costo.

En México, cuatro compañías concentran más de 50% del mercado de vehículos ligeros: Nissan (20.6%), GM (15.6%), Volkswagen (10.7%) y Toyota (7.7%). Y, si se suma a Kia y Honda, alcanzan 73% del total de vehículos vendidos en lo que va de 2019 (más de 450,000).

A excepción de Kia, las otras cinco empresas de automóviles presentan caídas en las ventas; sin embargo, solamente en el caso de Nissan, la baja es superior a 1% (3.3%).

De acuerdo con Rosales, esto se relaciona con el tipo de autos, pues las marcas que más venden también tienen una participación fuerte en los vehículos de más bajo costo, justo el segmento que menos facilidades tiene actualmente para adquirir un auto.

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Gerardo Carmona, director de marketing de Peugeot, explica que el panorama no luce tan sombrío para algunas de las compañías cuya participación de mercado es menor y se enfocan en un consumidor de mayores ingresos. Adicionalmente, argumenta que la baja de ventas a un ritmo de 1.3 millones de autos al año, no resulta tan alarmante.

El directivo dice que, de pronto, los autos sedan, que se utilizan más comúnmente para Uber, crecieron mucho en 2015 y 2016. “Lo que vemos ahora es un regreso a la estabilidad de mercado de entre 1.3 y 1.4 millones vendidos por año”.

“No es que tengamos una perspectiva muy optimista [para Peugeot], pero crecemos a una tendencia positiva por razones distintas a la caída del mercado”, agrega Carmona.

La empresa prevé lanzar nuevos modelos tipo SUV, además de la llegada de su primer modelo híbrido en 2020 o 2021. Aunque los autos híbridos todavía representan menos de 2% del total del mercado, son un segmento al que muchas automotrices voltean a ver.

“La gente es más prudente en su compra y siente que tal vez no es el mejor momento. Nosotros tenemos un portafolios fuerte y un plan súper claro para 2021. En 2019, vamos arriba de la expectativa, y 2020 será un año extraño porque vamos a lanzar más vehículos nuevos y, aun cuando el mercado está estancado, estamos seguros de que la tendencia será mejor”, afirma.

Durante el evento de despedida de la producción del modelo Beetle, Steffen Reiche, ceo de Volkswagen en México, dio a conocer que nuestro país se ve como un mercado atractivo para los modelos SUV, por lo que la marca ya trabaja en la producción de su modelo Tarek, en la planta ubicada en Puebla, el cual podría salir a la venta en 2021.

“Esperamos que este año se mantenga nuestra participación del mercado. Es nuestra meta. El mercado va a seguir bajando; eso depende de la economía, que no es optimista. Ésta es una de las razones por las que la venta no aumentará para el sector en general, pero esperamos que nuestras ventas se mantengan”, indicó.

Durante el festejo del cuarto aniversario de KIA en el país, en julio de 2019, Horacio Chávez, director general de la compañía en México, dijo que ellos se mantienen con la meta de vender 100,000 vehículos al año y, desde su perspectiva, el mercado podría arrojar mejores señales en el transcurso de 2020.

La postura de las marcas refleja que, en el panorama de negocios individual, la llamada crisis todavía no se refleja en los planes a futuro, al menos no de quienes no apuntan al segmento de menores ingresos o de quienes tienen una participación minoritaria en el mercado, pues todavía confían en que sus estrategias de ventas se ejecuten con buenos resultados entre los consumidores con mayor solvencia económica.

A pesar del bache, al mes de junio de este año, en el país se encuentran instaladas 23 plantas productivas de vehículos ligeros, motores y transmisiones, y se espera que antes de que termine el año se sume una más, de Toyota, en Guanajuato. Esto es una señal de que, aunque la venta de autos ha disminuido, las automotrices están listas para aumentar la velocidad tan pronto como el mercado recupere algo de confianza.

 

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