Por Jonathan Heath*

Finalmente tenemos todos los datos para cerrar 2017, mediante los cuales podemos entender cómo está la economía al iniciar el año y vislumbrar las perspectivas, por lo menos para la primera mitad del año. Ya conocíamos que la actividad económica creció 2.3% en 2018 (corregido por efectos de calendario). Por el lado de la producción, el crecimiento fue resultado de un avance en las actividades primarias de 3.3% y de las terciarias de 3.2%, mientras que las secundarias registraron un retroceso de -0.4%. La caída de las actividades secundarias, más acentuada que en 2013 cuando la economía solo creció 1.6%, fue mediante disminuciones en la minería (-9.8%), los “utilities” (-0.1%) y la construcción (-1.1%), mientras que las industrias manufactureras lograron un avance de 3.4%.

Sin embargo, lo que faltaba conocer era el comportamiento del PIB por el lado del gasto, lo que el Inegi difundió apenas hacia finales de marzo de este año. Los componentes del gasto son consumo (privado y de gobierno), inversión (pública y privada) y exportaciones netas y mediante su desglose podemos entender mejor la conducta de la economía. Esta información es de la más rezagada que produce el Inegi, ya que se publicó 80 días (57 días hábiles) después de haber concluido el año.

Básicamente, hubo dos componentes que crecieron (consumo privado y exportaciones), mientras que hubo una caída en la inversión fija bruta. Las exportaciones fueron el componente de mayor crecimiento al aumentar 3.9%, incluso por encima de la tasa de 3.5% registrado en 2016. El consumo privado creció 3.3%, no muy diferente a la tasa de 3.4% observada en el año anterior. Posiblemente su comportamiento fue la sorpresa del año, ya que la mayoría de los analistas anticipaban una desaceleración significativa en su crecimiento ante la merma en el poder adquisitivo causado por el incremento en la inflación. No obstante, en su desglose entre bienes de origen nacional, servicios y bienes de origen importado, notamos que el mayor crecimiento provino de los de origen importado (en especial, gasolina) que no es parte del PIB. De hecho, en los dos componentes con impacto en el PIB (bienes de origen nacional y servicios), sí hubo una desaceleración notoria.

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En cambio, el consumo de gobierno prácticamente no mostró variación con respecto al año anterior (su crecimiento fue 0.1%), mientras que tanto la inversión pública como la privada registraron tasas negativas (-6.6 y -0.6%, respectivamente). El gasto público, (que sería la suma del consumo de gobierno y la inversión pública) disminuyó -1.4%, ante el esfuerzo de consolidación fiscal del gobierno federal. La caída en la inversión privada fue víctima a la incertidumbre que se presentó ante la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos y la subsecuente renegociación del TLCAN. También influyeron los incrementos en las tasas de interés, producto de la aplicación de una política monetaria más restrictiva.

Otra característica de 2017 fue que la expansión de la oferta agregada (de 3.5%) fue significativamente mayor a la del PIB (de 2.3%), ante un aumento de 7.0% en las importaciones. La diferencia entre ambos fue la mayor que se ha registrado en el sexenio. Parte de la explicación radica en el incremento de las importaciones de gasolina, mientras que otra parte proviene de la apreciación del peso en el año, que permitió a los consumidores recomponer su canasta de bienes ante la descomposición de la depreciación de los años anteriores.

Ante este comportamiento del gasto, ¿qué podemos esperar para 2018? Fundamentalmente, en la primera mitad del año anticipamos una mejoría en las exportaciones, una trayectoria similar en el consumo privado, tasas negativas para la inversión y un incremento transitorio en el consumo de gobierno. Las exportaciones deben crecer significativamente ante el tipo de cambio real favorable y una mejoría notable en la producción manufacturera de Estados Unidos (donde nace la demanda por nuestras exportaciones). El consumo de los hogares debe sostenerse ante la caída paulatina en la inflación. La inversión mantendrá su comportamiento negativo dado que permanecen las incertidumbres que lo frenaron en el 2016, mientras que el proceso electoral inyecta todavía más inquietudes. El consumo de gobierno aumentará en la primera mitad del año como respuesta al proceso electoral.

¿Y en la segunda mitad del año? Dependerá del desenlace de las negociaciones del TLCAN y de los resultados de las elecciones. Lo único que sí podemos anticipar es una caída en el gasto público, ya que el gobierno ya no dispondrá de mayores recursos.

*Asesor Económico de American Chamber of Commerce of Mexico.

 

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