La tableta más grande en la historia de Apple quiere extender su alcance productivo con un teclado y un stylus, pero la crítica tiene opiniones encontradas.

 

Por Parmy Olson

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Cuando Apple lanzó su primer iPad en 2010, muchos se burlaban de que no era más que un iPhone gigante. Hay ecos de ese sentimiento hoy por el nuevo iPad Pro. Diseñado por la empresa en respuesta al declive sostenido en las ventas de sus tablets, Apple quiere que sea el ‘laptop killer’. Pero la primera ola de comentarios sugieren que, por ahora, es ante todo un iPad gigante con características atractivas.

Si bien no hay duda de que hay potencial para que la tableta de 12.9 pulgadas reemplace algún día a una MacBook o una laptop Dell portátil con su teclado magnético Smart Connector, las limitaciones de sus puertos, su extraña falta de un soporte para usarse verticalmente y mejores funciones para administrar archivos sugieren que al dispositivo aún le faltan algunas generaciones para llegar allí.

Después de presentar el iPad Pro en su evento de septiembre, en San Francisco, la tablet de mayor tamaño en la historia de Apple salió a la venta el miércoles, con un precio de salida de 800 dólares (16,499 pesos en México). Para obtener la experiencia Pro completa, también hay un Apple Pencil de 100 dólares y un Smart Keyboard de 170.

El Pro tiene ventajas y defectos cuando se enfrenta a su doppelganger de Microsoft, la Surface Pro. Con su teclado, el iPad Pro cuesta alrededor de 40 dólares más, pero también anota mucho mejor que la Surface cuando se trata de la vida de la batería. El iPad logró reproducr Netflix sin parar durante 8 horas y 15 minutos antes de que muriera su batería, mientras que el Surface logró hacerlo sólo durante 5 horas y 45 minutos, según Joanna Stern, del Wall Street Journal.

Es cierto, las comparaciones pueden caer en la vieja batalla entre Mac vs PC, en la que el iPad Pro es mucho más adecuado para los tipos creativos y cualquier persona que aprecie una experiencia digital más inmersiva –con su lápiz y la amplia gama de aplicaciones–, mientras que los puntos fuertes de la Surface Pro se enfocan más en las tareas prácticas de hacer un trabajo específico.

“Es un lienzo diseñado para tus grandes ideas”, así describe Apple al iPad Pro en su sitio web.

Por su parte, Microsoft vende su Surface Pro 3 con la idea: “Trabaja en cualquier lugar”. El marketing por sí solo dice mucho.

Las especificaciones aumentan la diferencia entre ambos equipos. La Surface Pro ofrece más capacidad de almacenamiento, hasta 1 terabyte con SSD en comparación con los 128 GB de almacenamiento máximo de la iPad Pro. El iPad Pro tampoco ofrece el tipo de productividad que se puede obtener de un sistema operativo de escritorio.

Apple tendría que ofrecer una opción de calidad con su nuevo teclado desmontable si realmente quiere que el iPad Pro sea un reemplazo de las computadoras portátiles, pero incluso ahí tendría problemas. El veterano periodista de negocios de The Verge, Walt Mossberg, se dijo decepcionado con el teclado opcional. Apple debería haber hecho más para adaptar el teclado a iOS, y no sólo pensarlo para que tuviera lo que ya puedes encontrar en una MacBook.

“Es en esencia un teclado simple para Mac, con teclas como “Command’ que significan algo sólo en Mac OS X, pero ni una sola tecla de acceso directo a una función del iPad, como Home o Búsqueda”, dijo. “Tampoco está retroiluminado, y permite colocar la pantalla en un solo ángulo.”

“A los diseñadores gráficos les va a encantar, pero me quedo con mi iPad Air”, resumió. Que Mossberg compare a la Pro con un iPad más pequeña y no con una MacBook sugiere que Apple tiene algunos retos en el camino para hacer que su tableta más grande sea considerada de verdad por la gente como una alternativa a una computadora portátil.

Y existe otro inconveniente: el teclado del iPad Pro carece de un trackpad, para seleccionar texto o una aplicación o cualquier objeto en la pantalla, así que tienes que despegar las manos del teclado y tocar la tableta. Esto, según Nicole Nguyen, de Buzzfeed, derivó en una “tensión del brazo”, un probable contendiente al First World Problem del año.

Pero el problema es real, ella insiste, y la obligó a usar el lápiz de Apple para tocar la pantalla y ahorrarse los centímetros que separan el teclado de la pantalla: “Estaba cansada de levantar mi muñeca.”

“Escribo palabras para ganarme la vida y por lo tanto, me encantan los teclados”, añadió. “Desafortunadamente, el uso prolongado del teclado de iPad me hace querer meter la mano en un cubo con hielo.”

Sam Grobart, de Bloomberg, lo resumió mejor. En lugar de ser un dispositivo que podría compararse a una computadora, el iPad Pro es una tableta con funciones raras. Una tableta en espíritu con un puñado de funciones adicionales que le ayudan a estirar un poco su uso a tareas productivas, sólo que no llega tan lejos como una laptop, y quizá lo haga tanto como una Surface Pro 4.

 

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