Lo malo para ella y los banqueros centrales, es que la historia nos enseña que la deflación es un monstruo tan inevitable como invencible.

 

El mes pasado le informamos que las bóvedas de oro en Londres, de acuerdo con un reporte de Ken Hoffman, titular del área de Investigación en Minería y Metales de Bloomberg Industries, se encontraban “virtualmente vacías” ante el embarque masivo de lingotes hacia el lejano Oriente, en particular, hacia China.

Así las cosas, un nuevo reporte del portal FastMarkets.com fechado este miércoles, da cuenta también de una “intermitente escasez” de barras de 400 onzas de oro, de las conocidas como “Good Delivery”.

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A causa de ello, esas barras que cumplen con los estándares de peso, tamaño, forma y pureza que establece la London Bullion Market Association (Asociación del Mercado de Lingotes de Londres), según el reporte han experimentado una elevación en los “premios” (sobreprecio) que los vendedores demandan para su entrega física, que llegan a ser tan altos como 50 centavos de dólar por onza.

Esta “escasez” puede deberse a diversos factores como el ya comentado embarque a China, pero también a la mayor demanda de solicitudes de entrega, ya no solo en papel o certificados, por parte de consumidores de todo el orbe.

Bernard Dahdah, analista encargado del área de investigación en metales preciosos de Natixis, citado por FastMarkets, dijo que “una parte del problema es que grandes cantidades de estos lingotes que provienen de (las ventas de) ETFs, han sido movidas a nuevos procesos de refinación para convertirlas en barras más pequeñas de tres nueves, y por lo tanto, no están ya disponibles para el mercado londinense”.

Como quiera, las voces que advierten sobre esta “fuga” de oro del sistema central con sede en Londres, no dejan de multiplicarse.

Esto está relacionado de forma directa con lo que aquí le comentamos la semana pasada en el artículo “Se dispara la backwardation del oro”.

La backwardation, fenómeno del mercado que se presenta cuando el precio al contado o “spot”, es más elevado que el de los contratos de futuros de oro más cercanos, es otra forma de entender el alza en los “premios” (sobreprecios).

Ahora, no podemos entender esa backwardation o “escasez” de oro como una condición momentánea o de corto plazo. No. El camino para llegar a ella ha sido lento, largo pero consistente, de modo que aunque por momentos se pierda y luego regrese a ella en un continuo vaivén, la tendencia es hacia la backwardation permanente.

Que haya backwardation permanente quiere decir que el oro está saliendo de la circulación poco a poco.

Cada día manos más fuertes, es decir, de inversores que lo adquieren como una protección y no para especular, lo retiran del mercado hacia arcas privadas, en muchos casos, alejados del sistema bancario occidental.

In pectore, esos inversionistas saben que cada día el riesgo de incumplimiento de pago, es decir, de que les entreguen sus barras en forma material, aumenta conforme se siguen inflando burbujas en los mercados de deuda, de divisas y bursátiles, además de un peligro creciente de expropiación, sobre todo, en los Estados Unidos.

Quien no lo crea, debería recordar que no sería la primera vez que ocurre.

La tendencia es tan fuerte, que llegará el día en que esas manos fuertes se nieguen, por la incertidumbre del momento, a entregar sus tesoros a ningún precio, y el intercambio directo o trueque, comenzará a ser preferido. Deflación pura en la que, ante el colapso de todo, solo lo que posea un valor real será aceptado.

El miedo a la deflación es tal, que ya hasta la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, este miércoles en medio de un discurso muy optimista sobre la economía mundial –en el que vaticinó “siete años de bonanza”, declaró que “Si la inflación es el genio, entonces la deflación es el ogro al que debemos combatir decididamente“. Su temor, es evidente.

Lo malo para ella y los banqueros centrales, es que la historia nos enseña que la deflación es un monstruo tan inevitable como invencible, por lo que el “dinero bueno”, en vez de escucharlos, seguirá dirigiéndose a los refugios más seguros.

Hace bien. El tiempo se acaba.

 

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