El mundo del coaching atraviesa una crisis. A simple vista puede parecer que se trata de una crisis que ocurre al nivel del negocio, pero que en el fondo tiene que ver con un problema ético que repercute en la industria a todos los niveles.

Este problema moral es al mismo tiempo el causante de que la industria tenga un problema de reputación y de relaciones públicas en el que la mayor parte de los coaches nuevos en la “escena” son juzgados duramente por la audiencia, igualmente si están bien preparados y tienen talento o si no tienen las tablas necesarias.

Justos pagan por pecadores en este contexto en el que es tan difícil reconocer a un profesional legítimo de la mayoría que con toda facilidad después de un curso de una tarde se atribuye la etiqueta de “coach certificado”.

La pregunta es ¿Cómo distinguir a aquellos coaches que verdaderamente están preparados para hacer la diferencia en la vida de las personas de los que no?

La respuesta es de hecho muy sencilla y se puede resumir en una palabra: integridad.

Dicho de otro modo, hay dos tipos de coaches. Los coaches íntegros y los coaches que no son íntegros.

Pero ¿Qué es la integridad?

En términos de coaching, integridad es consistencia perfectible, pero con tendencia a lo absoluto entre el mensaje, las emociones, las acciones y el propósito del coach.

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El coach íntegro es aquel que practica día con día, observa su propósito, lo alinea a sus emociones, alinea sus palabras a su forma de ver la vida y hace su mejor esfuerzo por llevar a las acciones los valores que comunica a sus coachees.

El coach sin integridad en cambio es aquel profesional de la comunicación que se preocupa más por facilitar que por transmitir una filosofía de vida. Es aquel coach que es elocuente, carismático, energético y que domina el arte de la comunicación, pero en el fondo y en privado, sus acciones no reflejan esta filosofía de vida.

El primero es una gente de cambio. El otro es un facilitador y un repetidor de los métodos y propósitos de otros.

Lo que distingue al coach sin integridad y el coach íntegro es la vocación de servicio y el hecho de asumirse o no como una autoridad moral para su comunidad.

La consecuencia más importante de que el coach no se perciba a sí mismo como una autoridad moral y se conforme con simplemente facilitar dinámicas personales o grupales, es que en el fondo su comunicación no será honesta, sus historias no harán sentido y su mensaje no trascender más allá del salón.

Entonces, si eres de los pocos coaches que son consistentes entre sus valores y sus acciones y vives según tu palabra, felicidades. Pero si eres coach y hasta este momento te has conformado con facilitar, pero quieres empezar a ser íntegro, la buena noticia es que nunca es tarde. Esto es lo que tienes que hacer:

Lo primero es asimilar que no eres perfecto. Ser una autoridad no significa no cometer errores.

Después, elige una cualidad y cultívala hasta dominarla mientras la comunicas. Después la siguiente y después la siguiente.

Finalmente mide tu crecimiento personal y conviértelo en una historia inspiradora que puedas usar para ilustrar el crecimiento que cualquiera de tus coachees puede tener.

 

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