Parece que estamos encontrando fórmulas para enfrentar los grandes retos, llegar a un balance adecuado en que se procura el éxito personal y el de aquellos que están cerca de nosotros.

 

No hay la menor duda, el mundo está enfrentando grandes retos: los cambios tecnológicos, la interconexión acelerada… Los avances en la ciencia engrandecen al ser humano, sí, pero también hay grandes contrastes. El cambio climático, la pobreza, la iniquidad, la inseguridad, la falta de alimentos, el descuido del que hemos hecho víctima a nuestro planeta nos enfrentan a realidades muy duras. Algunos prefieren volver el rostro en otra dirección. Fijar la mirada en estos grandes problemas se ha convertido en uno de los retos más relevantes de nuestros tiempos. Angus Deaton, Premio Nobel de Economía 2015, fue galardonado por sus estudios sobre consumo, bienestar y pobreza. Thomas Picketty habla sobre desigualdad económica y distribución de la renta. Sin embargo, debemos recordar que la solución de estos graves problemas inicia en lo individual, y es por ello que el concepto de omnipreneurship llamó mi atención.

Cuando cada uno de nosotros, desde el plano personal, podemos tomar las riendas y decidir que podemos inspirarnos y alcanzar a otros; al hacer conciencia del dominio que tenemos para superar nuestras propias ambiciones y llevarlas a un plano más noble y superior, y a partir de ello logramos mejorar nuestro entorno y el de los demás, entonces caemos en la cuenta: somos capaces de generar una fuerza transformadora y generar significado. Al menos así lo ve Paul Pole, CEO de Unilever, al referirse al Método Omnipreneurship de Amr Al-Dabbagh, un exitoso empresario saudí.

No, no son teorías románticas, ni ecuaciones matemáticas que intentan confirmar hipótesis económicas. Omnipreneurship es un método puesto en marcha, con éxito, en las empresas del propio autor, adoptadas por la filosofía de Unilever y que forman parte de la propuesta educativa de la Universidad de Berkeley. Es una aproximación para imprimir significado a nuestro quehacer diario, lo mismo en forma personal que profesional. Es un procedimiento concreto para dar significado basado en un conjunto de principios que resulta sorprendentemente eficaz.

Ejecutivos, emprendedores y empresarios hemos estado muy centrados en la consecución de logros, en alcanzar objetivos, en llegar a las metas trazadas, en triunfar. En el camino hemos dejado algunos sueños, olvidado otros y relegado algunos valores. Muchos se encuentran empolvados o se abandonaron hace mucho tiempo, otros brillan tímidamente y quedan como una aspiración fantástica que vemos difícil de realizar. Algunos se encuentran agobiados porque a la mitad de la ruta se toparon con el espectro más temido: el fracaso, y se imaginan que es un estado permanente de vida, una trampa mortal de la que no podrán escapar. La buena noticia es que ni el éxito ni el fracaso son permanentes.

La visión de Amr Al-Dabbagh tiende líneas de acción en varias direcciones. Establece estrategias que diversifican la probabilidad de triunfar, abarcando diferentes sectores de la vida. La victoria no se alcanza únicamente en el terreno profesional o de negocios. Omnipreneurship es una visión integral que aplica para actividades empresariales, filantrópicas, servicio gubernamental, gente de fe, ámbito familiar, los que practican algún deporte, es decir, todo lo que un ser humano es, independientemente del modo que tenga de ganarse la vida. Así, de la misma forma en que la teoría de portafolios diversifica el riesgo, omnipreneurship diversifica las posibilidades de llegar a la meta y la vuelve más factible. Así, si algún ámbito de la vida no va bien, otros sí serán motivo de satisfacción y servirán de impulso para que ese sector que anda mal, se renueve y encuentre una forma de salir adelante.

Tal como Porter centró su método en el cliente y Osterwalder en la creación de valor, Al-Dabbagh lo centra en el significado. Omnipreneurship es un modelo que se sustenta en elegir tres principios rectores, cinco valores directores y 10 reglas básicas. Esta urdimbre forma una técnica integrada, orgánica y holística para abordar el trabajo y la vida. Cada quien deberá construir su propio sistema eligiendo cada uno de los elementos que le sean más cercanos, más congruentes y más realizables, teniendo en cuenta que lo que se busca es dar un significado.

Los principios elegidos por Al-Dabbagh para su propia gestión son:

  1. Dar: Ya que para él es ése el mejor vehículo para facilitar significado a cualquier actividad. Cada quien da aquello que le es accesible: tiempo, recursos, conocimiento, dinero. Dar es una forma resiliente de empatizar, de entender.
  2. Ganar: Es la manera de reunir el combustible y los recursos para desarrollarse. Ganar es la energía que impulsa hacia adelante. Se puede ganar dinero, conocimiento, reputación, respeto, sociedad, riqueza. Al ganar encendemos la pira que ilumina a nuestra comunidad y a nosotros mismos. Ganar es importante y es un elemento sin el cual no funciona el método.
  3. Apoyar: Se refiere a confiar en aquel designado para llevar la antorcha. Se trata de creer y permanecer fieles, pero también de compartir y de no desperdiciar. Es usar aquello que realmente necesitamos, sin caer en la tentación del derroche. Antes de despilfarrar, hay que compartir. Es cuidar y proteger la fuente que da riqueza, es decir, lo que nos es precioso, empezando por el planeta y nuestro entorno próximo, y de esta forma propiciar la mejora de todos al mismo tiempo.

Resulta muy interesante analizar el trinomio dar-ganar-apoyar y la propuesta de llegar a un balance adecuado en el que se procura el éxito personal y el de aquellos que están cerca de nosotros. Llama la atención que universidades como Berkeley y empresas como Unilever hayan adoptado este método como una forma de administrar y gestionar proyectos.

Es esperanzador ver cómo las preocupaciones de Picketty o de Deaton, en términos de distribución de riqueza, encuentran eco. Es alentador ver cómo un término como omnipreneurship puede fundir conceptos de solidaridad, ganancia y éxito. Parece que estamos encontrando fórmulas para enfrentar los grandes retos de la Humanidad.

Es verdad: para encender el cambio es preciso tomar las riendas en el plano personal, extendiendo la mirada al entorno.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

 

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