Por Norbert Monfort*

Acostumbrados a la inmediatez de los tiempos de hoy, cada vez que pensamos en conceptos como cambio, transformación digital o innovación, lo hacemos en términos de eventos flash, es decir, pretendemos que ciertas cosas ocurran en instantes, de un día para el otro, porque muchas veces así es como vivimos.

Siguiendo esta lógica, nos resulta difícil entender que, la mayoría de las veces, una gestión de cambio o una mentalidad innovadora sólo pueden ser logradas con un proceso continuo, con sus pasos, sus reglas y, sobre todo, que lleva tiempo.

Una de las series de Netflix más aclamadas de los últimos tiempos es “Vikings”, basada en los relatos semilegendarios de Ragnar Lothbrok, uno de los héroes más famosos de la cultura nórdica.

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Resulta una experiencia visual impresionante observar cómo este campesino de las tierras escandinavas se convierte en un estandarte de su pueblo y se lanza a la conquista de Northumbria, en Inglaterra, para luego adentrarse en la Europa continental.

La serie retrata a Ragnar como un líder, sin lugar a dudas. Pero, ¿cómo logra una sola persona dar a los vikingos un lugar grande en la historia? ¿Cómo hizo para llevar a su gente, por los misteriosos mares, a lugares tan peligrosos como desconocidos?

Este vuelco no se dio de un día para otro. La serie no es la historia de un rey llamado Ragnar que ordenó, desde su cómoda posición, atacar Inglaterra y formar un imperio vikingo.

Todo lo contrario: el primer capítulo nos cuenta la historia de un campesino cualquiera que, como todos, debe acudir a la guerra siempre que el conde Haraldson lo requiera. Y este conde se maneja siempre de la misma manera: las campañas militares de verano —de cuyos saqueos vive la economía vikinga— se organizan hacia el este, hacia el mar Báltico.

Pero Ragnar no es como el resto de sus compañeros. Está cansado de repetir todos los años la misma estrategia; sabe que el botín en aquellas tierras es cada vez más escaso y teme por el futuro que se avecina. Siente la urgencia de un cambio, pero ¿qué puede hacer él solo? La personalidad de Ragnar oscila siempre entre la rebeldía y la curiosidad: ha escuchado que, hacia el oeste, donde nadie ha osado aventurarse, esperan unas tierras ricas y fértiles para ser aprovechadas.

En lugar de enfrentarse abiertamente a Haraldson, Ragnar confía a su hermano Rollo, y a otros compañeros como él, la idea de un viaje. Les contagia su ambición con una pasión adictiva. Poco a poco, lo empiezan a seguir.

Ragnar, de mentalidad innovadora, le pide a su amigo Floki construir un barco de características especiales, capaz de sortear largas travesías. Y, ante el peligro de la niebla, consigue una extraña piedra solar para orientarse aun sin la ayuda del sol. A todos los que dudan, Ragnar les refuerza con la certeza de que todo cambio conlleva riesgo, pero que en ese riesgo se puede alcanzar la gloria.

¿Cómo terminan las aventuras de Ragnar? Hay muchas temporadas para averiguarlo. Pero si prestamos atención, podemos observar una curiosa metodología: lo primero que hace Ragnar es crear una sensación de urgencia a partir de la situación inicial. Luego, dada su condición baja en la jerarquía vikinga, forma una coalición ganadora para tener más autoridad sobre el conde Haraldson. Y, por último, crea una visión y la comunica a sus seguidores: conquistar lo desconocido, las tierras de occidente que nadie se atreve a explorar.

Estos son los cuatro primeros pasos que el conferencista en liderazgo, John Kotter, formuló para que toda organización ponga en marcha un verdadero proceso de cambio. En la figura de Ragnar, que comienza de “abajo”, residen características como la rebeldía y la visión de cambiar, en un momento clave de la historia de esta civilización, lo cual lo llevará a estar “arriba”. Este primer viaje de los vikingos cambió su historia: “No pierdas el tiempo mirando atrás”, dice Ragnar, “ya que no viajamos para ese lado”. ¿Nosotros podemos decir lo mismo?

 

*Norbert Monfort es CEO de Monfort Ambient Management y prodesor del ESADE

Contacto:
Twitter: @monfortnorbert

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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