Si hay un universo en el que la mentira se impone a la verdad es el de las redes sociales, como lo demuestra un estudio sobre la distribución de noticias en Twitter, independientemente de que sean ciertas o falsas.

Un grupo de académicos del Laboratorio de Medios (Media Lab), del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), analizó más de 4.5 millones de tuits y retuits publicados en un lapso de 11 años y su principal hallazgo es que los usuarios tienden a diseminar la información falsa o inexacta con mayor velocidad que las historias verdaderas.

Entre 2006, año en que se emitió el primer tuit, y 2017, un año en el que el concepto fake news fue la “palabra del año” para los principales diccionarios de lengua inglesa, en el mundo se registró una enorme avalancha de noticias falsas y rumores esparcidos en las redes sociales.

El equipo del Laboratorio de Medios del MIT analizó la manera en que los rumores se distribuyen por parte de los usuarios en Twitter. Su muestra consistió en 126 mil tuits con lo que ellos etiquetaron como “rumores”.

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Para entender cómo se difunden las noticias falsas, dice el sumario del estudio publicado en la revista Science del mes de marzo, los investigadores analizaron la manera en que los 126 mil rumores se originaron y luego se diseminaron por tuits y retuits de más de 3 millones de usuarios. El hallazgo es que las noticias falsas alcanzaron a más gente más rápido que las verdaderas.

El equipo denomina al fenómeno de la difusión de noticias desde su primer generador de un tuit a sus retuits como “cascada”. En consecuencia, dicen: “El 1% principal de las cascadas de noticias falsas se difundió a entre mil y 100 mil personas; en tanto que las verdaderas en raras ocasiones alcanzaron más de mil personas”.

Los investigadores tuvieron a la mano unas 2 mil 400 historias verificadas o desmentidas por organizaciones de verificación de datos.

Asimismo, refieren que los alcances de los rumores y la falsedad fue más expedito que los datos ciertos.

El fenómeno de las fake news, si bien no es nuevo, tomó especial relieve a partir de las elecciones de noviembre de 2016 en Estados Unidos, cuando se achacó a diversos operativos en Rusia y otras naciones del este de Europa una actividad incesante para influir en el ánimo de los electores de EU y manipular su decisión a la hora de votar.

De acuerdo con los académicos del MIT, independientemente de si hubo votantes que se dejaran influir por las fake news, el fenómeno de su difusión se debió sobre todo a las “reacciones emocionales” de la audiencia de las redes sociales.

 

 

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