Por Ricardo Perret*

No puedo cargar más con este enojo, tristeza y decepción hacia Enrique Peña Nieto, el presidente de todos los mexicanos y las mexicanas. El perdón sana, tanto al que lo emite como al que lo recibe, mientras que el odio y la ira enferman más a quien lo siente. Por eso, si sigo guardando estos sentimientos negativos hacia ti, seguro te obstaculizaré aún más tu tarea de conducir a este país que tanto necesita de buenos líderes.

Yo creo que la forma más baja de mantener atada una persona a uno es culpándola… así que yo decido liberarte. Sí, me tardé y me costó esbozar estas palabras, pero, al hacerlo, siento un profundo alivio interno, mi cabeza deja de doler, mi respiración deja de agitarse, mis latidos vuelven a la normalidad y mi mente puede pensar mejor.

Te perdono por no cumplir tantas y tantas promesas de campaña.

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Te perdono por engañarnos diciéndonos que las tarifas eléctricas y la gasolina no subirían con la reforma eléctrica, cuando sí lo hicieron, y mucho.

Te perdono por dejar morir dolorosamente a Pemex y entregar los yacimientos a otros.

Te perdono por tantos tratos en lo oscuro que tienes con tus “socios”, que golpean las finanzas nacionales, pero para tu beneficio, el de tu partido y el de tus amigos.

Te perdono por involucrar a tu mujer en una transacción a todas luces opaca: la de la Casa Blanca.

Te perdono por motivar a tus amigos gobernadores a pagarte la campaña presidencial y ahora tener que protegerlos ante brutales actos de corrupción.

Te perdono por desmantelar la PGR y limitarla a ser una oficina para investigar a tus enemigos como una manera de amedrentarlos.

Te perdono por no defender los derechos de los pueblos indígenas a lo largo y ancho de todo el país.

Te perdono por cancelar tantas y tantas obras en muchos estados para poder concentrar el presupuesto sólo en un puñado de estados gobernados por amigos tuyos, como el Estado de México.

Te perdono porque, a pesar de la cancelación de obras, la deuda interna ha aumentado en 2 billones de pesos, inconstitucionalmente, puesto que este dinero no se ha invertido en obra sustentable como lo establece la Carta Magna.

Te perdono por no promover una reforma política para eliminar el fuero, las pensiones vitalicias a los presidentes, o para darle fuerza al referéndum y matizar el excesivo poder de los partidos.

Te perdono por frenar y contaminar el proceso para la creación del Sistema Nacional Anticorrupción.

Cuánto daño has hecho, Peña Nieto; pero, aun así, te perdono, aunque las encuestas de popularidad no lo hagan y te ubiquen como el presidente con menor aceptación en la historia.

Te perdono por olvidarte de los campesinos, de los ganaderos, de los pescadores, de los enfermos y los niños humildes que tanto apoyo necesitan con buena alimentación, salud, seguridad y educación.

Te perdono por haber metido pies y manos en las elecciones del Estado de México.

Te perdono por pensar que la sociedad mexicana es ingenua e inconsciente, y que no nos damos cuenta de lo que haces. Esta sociedad ha despertado y sabemos bien lo que has hecho. Ya no son los tiempos en que tus padrinos políticos gobernaban.

Te perdono, y qué difícil es hacerlo, siendo tan reciente el espionaje a activistas y comunicadores.

Te perdono porque la ira me enferma. No te perdono porque me hayas pedido perdón a mí o al pueblo mexicano, o porque vea que enderezas el camino; lo hago porque lo necesito, por mi salud y mi felicidad.

Te queda un año y medio de gobierno. Si yo fuera tú, realmente buscaría la forma de obtener el perdón de más mexicanos(as) a través de acciones contundentemente positivas, nacidas de la ética y la responsabilidad.

En ocasiones, el ser humano se convierte en lo que otros le dicen que es, y si millones de voces nos dicen que somos corruptos, entonces nos la creemos. Ya no quiero contagiarte con mi mala vibra porque, si sigue siendo así, yo mismo seré responsable de tener un presidente poco bueno.

Por ello, te perdono, Enrique Peña Nieto, y te mando mis mejores vibras: eres bueno, eres bueno, eres bueno…

 

Contacto:

Correo: rperret@centrodetransformacion.org

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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