La matanza en Marjory Stoneman Douglas High School en Parkland, Florida, ha inundado las redes sociales y sigue dando nota a los medios de noticias alrededor del mundo.

La tragedia que ha conmocionado a los Estados Unidos ha sido la más dramática en la larga historia de tiroteos perpetrados contra inocentes con armas de asalto y realizada por la mayor amenaza que tiene EU: el terrorismo interno, ese que realizan sus propios ciudadanos contra sus semejantes con armas de alto calibre lícitamente adquiridas en las manos y con mentes aturdidas y distorsionadas que el sistema de salud no ha alcanzado a detectar y mucho menos a atender.

Una y otra vez la sociedad civil ha pedido que no se politice el asunto, que se respete el duelo que viven las familias de los caídos la semana pasada en la escuela preparatoria. Sin embargo, el tema es tan controversial que difícilmente puede no politizarse.

Es una realidad que en Estados Unidos no se puede eliminar el derecho a la posesión de armas pues ha estado concedido a los ciudadanos desde el primer borrador de su Constitución. El derecho a la posesión de armas se otorga a los ciudadanos norteamericanos como parte del derecho ciudadano inalienable a la defensa de su persona y sus posesiones. De ahí entonces que el tema medular no sea la prohibición, sino la regulación del tipo de armas que se venden de manera legal.

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Las armas de asalto de uso militar están a la venta abierta y lícita para cualquier ciudadano norteamericano, lo mismo que las municiones en cantidad y tipo. Hoy hay más de 30 millones de armas con permiso de posesión y portación en manos de ciudadanos norteamericanos, y al año se registran más de ocho mil homicidios en la Unión Americana por arma de fuego.

Durante el pasado Black Friday (día posterior al Día de Acción de Gracias, en el que se hacen rebajas y ventas masivas en los centros comerciales) se registró el mayor número de armas vendidas en los últimos años.

Las ganancias que anualmente se registran por comercio de armamento en los Estados Unidos son incontables. A pesar de la reducción del gasto militar a nivel federal, a nivel local no se ha logrado reducir el consumo e inversión en armamento.

Por supuesto que el tema de la regulación supone un lugar fundamental en la agenda política norteamericana. Lo que no se ha puesto en la mesa, es el tema de salud pública. El fondo del asunto es quizá el número de psicopatías no diagnosticadas, las adicciones no tratadas y el estrés colectivo que constantemente vive la población norteamericana.

La Cámara Alta del Congreso norteamericano no ha logrado hasta ahora gestionar la posibilidad de revisar nuevamente lo que llaman el arms control aunque no se refiere al control de armamento en manos de los ciudadanos pues primero se tendría que hacer un cambio constitucional, lo cual para el sistema político norteamericano es impensable. Si a eso agregamos el clima político de hoy, la polarización de su sociedad y el abuso en el uso de redes sociales resulta más complejo pensar que la agenda nacional pueda tomar el tema del control de armas como prioritario.

Por el contrario, la inclusión de un abierto debate en los Congresos locales y la revisión de la Segunda Enmienda Constitucional a nivel federal tendría como objetivo regular el tipo de armamento que se puede comerciar y la posibilidad de incorporar ciertos controles de compra.

Sin embargo, nada más hay que ver el rechazo del Congreso local que en Florida rechazó por mayoría la petición hecha por padres de familia y alumnos sobrevivientes para que se prohíba la comercialización y posesión de armas de asalto (como el rifle AR15 utilizado en varios de los tiroteos más trágicos en las últimas fechas), para entender la complejidad y controversia que genera el tema.

Nuevamente dejando de lado el tema de las municiones y el tema de salud pública, tristemente sabemos que el tiroteo en Florida es tan sólo el número 18 en lo que va del año y ya se suma a la larga lista de tragedias ocurridas como consecuencia de las acciones que desestiman tanto los riesgos como el impacto de una pobre regulación en la materia. El papel de las redes sociales y la falta de regulación, también en esa materia debido al debate acerca de la libertad de expresión, pone de manifiesto que Estados Unidos tiene al enemigo en casa, y pocos están dispuestos a combatirlo.

 

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