Casi a nadie le enseñaron cómo ser líder. En el mejor de los casos, algunas personas tuvieron la fortuna de contar con modelos impecables de liderazgo donde pudieron aprender habilidades de comunicación y gestión asertivas.

Sin embargo, muchos de nosotros (incluyéndome a mí), en nuestras primeras experiencias como líderes, no tuvimos a una de estas figuras con las que aprendiéramos acerca de procesos como comunicación, manejo de equipos de trabajo, gestión de emociones, entre otras.

En medio de muchos de los fenómenos que intervienen en las organizaciones, existen dos temas que tienen grandes repercusiones en los equipos de trabajo: la incertidumbre y la falta de claridad.

Tal vez coincidas conmigo en que ambos pueden causar estragos en una persona o en un equipo de trabajo, y que, a pesar de que podemos adquirir los conocimientos y habilidades para gestionarlos, en el día a día son temas que generan un reto para cualquier persona.

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Es como si fuéramos agregando continuamente “piedras” a un costal que, inevitablemente se llenará y se desbordará. En este caso, las “piedras” pueden ser todas estas situaciones donde no compartimos la información completa a nuestros equipos de trabajo, donde no resolvemos oportunamente malentendidos en la comunicación o donde no somos consistentes en los mensajes o trato hacia cada miembro del equipo.

Las consecuencias a nivel individual y organizacional pueden ser muy graves y pueden repercutir en la estabilidad de los equipos de trabajo. Los efectos en los colaboradores pueden pasar desde la confusión, temor, ansiedad, pérdida de enfoque, ambigüedad, conflicto de roles y ruidos en la comunicación, hasta provocar conflictos interpersonales o con otras áreas de trabajo impactando en la productividad y el desempeño.

La claridad da certidumbre y la transparencia en la comunicación aporta un sentido de seguridad y calma a las personas. Coadyuva a crear entornos propicios para que la gente pueda dar lo mejor de sí mismas y desempeñar mejor su trabajo, al sentir respaldo para poder ser ellos mismos, asumir riesgos y cometer errores. Esto, por consiguiente, da soporte para crear una mejor experiencia de trabajo y una cultura ética y justa.

Por otro lado, es uno de los pilares para crear confianza en las organizaciones y representa un elemento esencial para generar credibilidad en los líderes. Mientras más honren su palabra y demuestren consistencia, transparencia y congruencia, las personas los considerarán con mayor capacidad para gestionar equipos y liderar personas.

De acuerdo con un estudio de Ambiente Laboral llevado a cabo en 2017 aplicado a más de 200,000 colaboradores, se revela que aquellas organizaciones consideradas como excelentes lugares de trabajo demuestran tener mejores niveles de credibilidad que las organizaciones en donde los niveles de confianza son menores.

En las organizaciones cuyas culturas son de Alta Confianza, 82% de sus colaboradores coinciden en que sus líderes presentan una visión clara de hacia dónde va la organización y como lograrlo, 72% consideran que sus jefes cumplen sus promesas, 73% opinan que las palabras de los jefes coinciden con sus acciones y 85% percibe que su gestión se caracteriza por la honestidad y la ética.

En cambio, las organizaciones en donde la percepción de confianza es menor, dichos indicadores presentan en promedio, una favorabilidad del 60%, demostrando que ser claros, transparentes y congruentes conlleva a un ambiente laboral sano.

Ante este panorama es importante tomar en cuenta algunos puntos importantes, para que organizaciones y líderes contribuyan a elevar la credibilidad en sus equipos de trabajo:

  • Mantener una comunicación transparente y abierta, aún en momentos de crisis, da el mensaje a los colaboradores que pueden confiar en ellos y genera reciprocidad para con los líderes.
  • Apagar fuegos de manera asertiva y oportuna evita que los conflictos se conviertan en situaciones inmanejables que lastimen las relaciones entre las personas.
  • La consistencia y el trato justo aporta un sentido de imparcialidad entre líderes y colaboradores, fortaleciendo la cohesión en el equipo de trabajo.
  • La claridad en la estructura organizacional, así como en los roles, funciones, posiciones y tareas, aporta seguridad y certidumbre en las personas, lo que da poco espacio para la confusión y la percepción de favoritismo.
  • Mantener espacios formales e informales para fomentar la retroalimentación continua fortalece el vínculo entre líderes y colaboradores, y abre los canales de comunicación y apelación.

Ser líder puede no ser fácil. Es una evolución constante y un aprendizaje que nunca termina, independientemente si dirigimos a un equipo de trabajo de un importante corporativo, a dos o tres personas dentro de una Pyme o a un número importante de personas en una obra arquitectónica.

Todos somos seres humanos a los que nos puede invadir la inseguridad o temor al comunicarnos con los demás, al vivir situaciones que pueden dejarnos vulnerables y a lidiar con emociones que fácilmente pueden afectar nuestra gestión en la organización.

Lo que importa, a final de cuentas, es lo que podemos seguir aprendiendo para que podamos convertirnos en esos líderes que puedan dejar un legado a sus equipos de trabajo, ya sea con aciertos o desaciertos. En tener la inteligencia para tomar lo mejor de los conflictos y evolucionar como personas.

Después de todo, llevarnos a ser mejores personas crea mejores negocios y un mejor mundo.

 

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