Por Eduardo R. Pacheco Villagrán*

Mientras que el mundo se enfrenta a una creciente urbanización y las principales poblaciones continúan convirtiéndose en un imán para el talento y en un motor de crecimiento económico de los países; las ciudades experimentan desafíos sociales persistentes como la movilidad, la inseguridad, el desempleo, la necesidad de eficiencia energética o el aumento de la población; lo cual detona la necesidad inaplazable de integrar más inteligencia, conectividad y tecnología, no tanto para liderar el crecimiento y evolución social, sino simplemente, para no colapsar.

Lo anterior ha detonado el concepto que ahora conocemos como Ciudad Inteligente, que tiene como objetivo primordial mejorar la experiencia de los ciudadanos, principalmente utilizando la tecnología.

Desde nuestra visión, existen tres componentes angulares para la evolución de las ciudades inteligentes:

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  1. Integración tecnológica: La tecnología ha sido incorporada a las ciudades durante muchos años; sin embargo, el ritmo con el que se lleva a cabo esta adopción aumenta rápidamente debido a que, a través de la digitalización, se descubren nuevas formas de resolver estos grandes retos.

Un ejemplo puede ser el sistema de alumbrado de Ámsterdam que ajusta la iluminación en función de la situación o necesidad del lugar; o algunas ciudades como Tokio que por medio de tecnología NFC (Near Field Communication) en medios de transporte público como el metro, o en superficies comerciales, posibilitan realizar el pago de productos o servicios con el teléfono móvil.

  1. Datos y más datos: La información es el alma de las soluciones inteligentes. A través de ella, se puede capitalizar cualquier inversión en tecnología, ya que permiten conocer de manera hiper-personalizada a los ciudadanos. El desafío está en encontrar la forma de procesarlos oportunamente y aplicarlos en soluciones reales.

En México, varias instituciones públicas como el IMSS o el Registro Civil, están implementando cada vez más componentes tecnológicos para conocer mejor a los usuarios, y con base en este conocimiento, facilitarles la vida al agilizar trámites o procesos que solían ser muy complejos.

  1. Personas inteligentes: La transformación de una ciudad tradicional a una inteligente, no sucede sola. El éxito depende de la calidad de las decisiones que se tomen y la forma en que se ejecuten. ¿Qué se necesita para tener éxito? ¿Cómo sabes qué hacer y qué no? ¿Qué se puede aprender de las ciudades que ya están adoptando este tipo de enfoque? La inteligencia ha sido hasta ahora, una virtud característica humana, las personas debemos ser capaces de transmitir esta virtud a los entornos que habitamos.

Para ello, la colaboración entre iniciativa privada y sector público debe ser total, ya que fungen como un complemento capaz de hacer realidad proyectos gigantescos para poblaciones enteras. El reto radica en coordinar estos esfuerzos de manera armónica, pero ágil.

Es fundamental comprender que la necesidad de evolucionar cada vez más hacia ciudades inteligentes, es crítica; de no hacerlo, estaríamos en riesgo de un colapso generalizado. La buena noticia es que, aún estamos a tiempo; aunque no por mucho más.

Es momento de ser inteligentes.

*Socio Líder de Estrategia y Operaciones en Consultoría, Deloitte México.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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