Versátil y creativo son adjetivos que parecen moneda de cambio en Alfonso Cuarón, integrante de una de las generaciones más prolíficas de mexicanos. Esto es lo que se debe de saber para conocer a profundidad a este genio del cine nacional. 

  • Parecería que el director de Gravity (2013) no llegará más lejos. Sin embargo, tras ocho filmes y 15 años de sólida carrera, la expectativa vuelve a aparecer. Con un incesante motor creativo en marcha, Cuarón prepara su próxima aventura tranquilo, como quien se encuentra cierto de que el éxito y el clamor unánime hacia su obra es la consecuencia y no el destino en sí.
  • Pese a que su más reciente película fue galardonada en distintas premiaciones en los dos años anteriores, el genio creativo de Cuarón se dejó ver para algunos pocos desde los años de escuela, con el ahora ya mítico cortometraje que presentó como tesis profesional, Cuarteto para el fin del tiempo (1982).
  • Su carrera se afianzó con un trabajo por encargo (confiesa no haber leído nunca previamente Harry Potter y el prisionero de Azkaban de 2004). Pero la suerte no es casualidad y el esfuerzo siempre le ha rendido frutos, ya sea con su primera película, Sólo con tu pareja (1991) o con portentos memorables como Children of Men (2008), basada en la novela de P.D. James, la cual tampoco leyó sino meses antes de terminar el proyecto.
  • Se ha tomado con mesura el éxito y el reconocimiento. Todo ha sido paulatino, aunque no menos sorprendente. Más allá de los premios Oscar o de haber sido catalogado como uno de los cinco latinoamericanos más influyentes según la revista Time, ha analizado la actualidad en México posicionándose como una voz crítica contra el gobierno dentro de la comunidad artística.
  • Resulta increíble —aunque edificante— que un chico tímido y solitario que iba al cine a escondidas sea uno de los directores de mayor renombre. Hoy difícilmente puede estar fuera del mapa de la farándula, ya sea como productor de comedias o director de series (Believe). El éxito es un tema regular, pero Cuarón sigue pensando que su segundo largometraje internacional, Great Expectations (1998), es un mal trabajo.

 

 

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