Cuando Antonio Sánchez leyó por primera vez el guión de Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia), no entendió lo que tenía ante sus ojos. El proyecto de Alejandro González Iñárritu era la clase de locura narrativa que, mezclada solo con el sonido de una batería, podría resultar en algo “completamente desastroso”.

A cuatro años del estreno de la película ganadora de cuatro premios de la Academia, el baterista mexicano vuelve a la CDMX para revisitar el parteaguas de su carrera, esta vez en el Auditorio Nacional y con un sonido mucho más cultivado.

Con Hollywood de por medio, el proyecto de “El Negro” fue la catapulta del jazzista a la cultura popular y a otras esferas a las que Sánchez jamás imaginó que llegaría. “Pasé de ser un baterista de jazz, a ser el baterista de Birdman”, mencionó durante su conferencia de prensa.

Y aunque Sánchez mantiene una íntima relación con el largometraje del galardonado director, no está en sus planes convertirse en un instrumentista a merced de la industria del cine y la televisión, aseguró en entrevista con Forbes Life.

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“La música que hago como independiente me trata bien y me trata mal. Es una relación curiosa que todo artista tiene con su trabajo, amas hacerlo y también quieres arrancarte los pelos. Pero con el cine y la televisión, estás al servicio de algo que no eres tú”, afirma.

Ahora, con tres discos como solista y uno más en camino, Sánchez aprovecha cada oportunidad para redescubrir su voz como artista. El eclecticismo de la música en México y la influencia temprana de los gustos de su madre —desde Los Beatles hasta Pérez Prado— son fundamentales para entender su identidad como músico, aseguró el baterista.

“Me di cuenta de que lo que soy como mexicano es una mezcla de todo. Soy el rock que nos llega de Estados Unidos, de España, el bueno y el malo; también el pop y todo lo que viene de Cuba y Centroamérica.”

Además de la fuerte influencia de los grandes del jazz con quienes ha compartido escenario -como Pat Matheny y Chick Corea- su característico sonido es un híbrido que constantemente se nutre de lo que pasa a su alrededor.

“Últimamente me alimento obsesivamente de las noticias. De Trump y su ‘fascismo’, de las voces de los migrantes y del significado que han cobrado las fronteras”, finalizó.

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