Los meses que van de septiembre a marzo son ideales para propiciar el encuentro con este fenómeno natural que encabeza la lista de deseos de millones de personas y que se aprecia mejor en la ciudad de Whitehorse, capital del territorio canadiense de Yukón.

Fotos: Destination Canada

La mejor forma de observar auroras boreales es reservando una cabina privada fuera de la ciudad, considerando el tiempo suficiente para vestir la ropa de invierno que permita sortear las bajas temperaturas -que rebasan con facilidad los -20 °C- y para escuchar algunas historias de la ciudad en voz del guía a cargo del recorrido. Entre ellas, la de la fiebre del oro, que a finales del siglo XIX atrajo a estas tierras a buscadores de fortunas procedentes de todo el continente.

Después, el encuentro con la escurridiza aurora boreal podrá darse en cuestión de horas, en el mejor de los casos, o de días, si las condiciones meteorológicas lo motivan. Por ello, es recomendable procurar una estancia en el destino de al menos tres noches para lograr cazar esa cortina multicolor que ondea en las alturas con destellos verdes, amarillos, azules y rosados.

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Una visita al Northen Lights Centre debe formar parte de tu itinerario. Este centro de investigación científica posee un espacio con sonido envolvente y pantallas interactivas que explica a detalle la presencia de las auras boreales y resuelve algunas dudas recurrentes sobre un fenómeno, que de acuerdo con sus especialistas, se explica como el resultado de una colisión entre partículas gaseosas en la atmósfera de la tierra y otras procedentes de la atmósfera solar.

Para arribar a la tierra de las auroras boreales en Canadá tendrás que llegar a Vancouver y después hacer una conexión a Whitehorse, en Yukón. Será un viaje que nunca olvidarás.

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